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Opinión | El recorte

Grandes temas de hoy

Monumento a Franco situado en la avenida de Anaga, en el municipio de Santa Cruz de Tenerife.

Monumento a Franco situado en la avenida de Anaga, en el municipio de Santa Cruz de Tenerife. / t

Franco tuvo suerte. Pudo mantener una dictadura durante cuarenta años porque no tuvo enfrente a la enorme cantidad de demócratas que hoy nos distinguen con su participación en la vida pública. Ejemplares luchadores por la libertad que se dan de hostias con la memoria y escupen en el recuerdo de un fantasma.

En la cruzada nacional por el borrado del recuerdo franquista, ahora toca la escultura del ángel que lleva a lomos a un tipo que le va clavando una espada entre los omoplatos. Como es un homenaje a Franco se ha hecho una cuestión irrenunciable quitarla de la vía pública. A mí jamás me ha recordado al dictador. También es verdad que no hace falta porque, al contrario que estos luchadores de hoy, los de mi generación le padecimos. A él, a su violenta policía y a su casposo régimen ‘de orden’.

No me gusta especialmente la escultura de Ávalos, pero siempre he creído que las manifestaciones artísticas, sean de la época que sean, se merecen un respeto. Solo tengo dos razones de peso a favor de que secuestren de una puñetera vez la escultura: que es lo que siempre ha querido mi amigo Juan Carlos Castañeda y que así dejarán de darme la tabarra con el maldito general golpista. Cuando la palmó lo celebramos a lo grande pensando que era el olvido para siempre. ¡Qué equivocados estábamos!

Nadie ha dicho lo que van a poner en el hueco. No cabe un campo de fútbol. Porque otra noticia de desapariciones en la tercera fase es que a Santa Cruz le podrían volar de delante de las narices el Heliodoro. El alcalde Bermúdez se ha despertado de su apacible siesta de esta legislatura con un cabreo monumental. Tanto que ha anunciado que si a su partido se le ocurre apoyar ese disparate está dispuesto a declarar el Ayuntamiento de Santa Cruz república independiente. Nada más hacer estas declaraciones recibió una solidaria llamada de Casimiro Curbelo ofreciéndole todo su apoyo. Sería la segunda de Canarias.

Mientras nos ocupamos de los inacabables escándalos de corrupción del Sanchismo; de la ley de nietos, bisnietos, tataranietos y personas que una vez saludaron por la calle a un español exiliado; de la regularización de medio millón de residentes ilegales que al final resultaron ser un millón doscientos mil; del diputado comunista, acérrimo enemigo de la ultraderecha machista y ultrapatrialcal, condenado a nueve años por tener relaciones con una niña de doce a la que pegó la sífilis; de la escultura del ángel de piedra que va a salir volando a no se sabe dónde y de quién va a ser candidato y a qué… se nos va la vida. Y no hay tiempo de hablar de los impuestos que nos están comiendo por las patas; de la inflación, generada por políticas monetarias irresponsables, que nos empobrecen; de que todo el mundo habla y promete pero nadie construye viviendas o de que este país sigue endeudándose y gastando dinero por encima del pastizal que nos sacan metiéndonos las zarpas en el bolsillo.

La política española se ha convertido en un sistema endogámico. Todo lo que ocurre solo guarda relación con la lucha de poderes y la supervivencia de ese gigantesco mercado de trabajo que generan esa empresa de colocaciones que es la partitocracia reinante. El pueblo lo paga y, al parecer, lo disfruta. Pues que viva el pueblo.

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