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Opinión

La tiranía de la mayoría

Hugo Chávez

Hugo Chávez

Hugo Chávez comenzó el camino a los infiernos en Venezuela intentando retorcer la ley para permanecer eternamente en el cargo. Empezó en 2001 con una Ley Habilitante que le daba poderes extraordinarios para aprobar normas sin pasar por el Parlamento y siguió en 2007 cuando intentó reformar las normas para permitir su reelección indefinida. Todo muy democrático.

Alberto Núñez Feijóo repite hoy la famosa frase de Expediente X, «la verdad está ahí fuera». Cree que la conocida como Ley de Nietos, que permite nacionalizar a los descendientes de españoles que tuvieron que salir obligadamente de este país. Denuncia que se trata de «ingeniería electoral» y que pretende sumar a más de dos millones de votantes que no residen en el país. Es posible que Feijóo vea fantasmas donde solo hay un reconocimiento que salda deudas con la historia, pero es normal que a la oposición le preocupe que se estén sumando electores en el Censo de Residentes Ausentes (CERA) en orden de dieciséis mil diarios.

La polarización que vive España convierte medidas que en otro tiempo se habrían tomado con el consenso de las grandes fuerzas políticas en una imposición de hechos consumados. Es un hecho difícilmente discutible que este Gobierno ha tomado la mala costumbre de gobernar por decreto, a pesar de que a veces ni siquiera puede convalidarlos en el Congreso. Pero es que se ha instalado una nueva doctrina: la mayoría en el ejercicio del poder legitima la toma de decisiones sin necesidad de que exista debate o acuerdo previo. Estas son lentejas, o las tomas o las dejas.

La cotidiana expresión de esta realidad dibuja un panorama inquietante. La inquebrantable creencia de la izquierda de estar moralmente por encima del resto de las ideologías hace que este tipo de normas se impongan con la convicción de que son «buenas por naturaleza». Y que el que no las comparte es, simplemente, porque es perverso. Pero las costumbres se suelen convertir, con el paso del tiempo, en normas. Cuando en este país exista una mayoría de derechas, si se cumplen los presagios de las encuestas, habrá una nueva legitimidad. Y la pregunta que cabe hacerse es si las nuevas decisiones que se tomen, otra vez sin consenso ni diálogo, siguiendo el dictado de que la razón es la mitad más uno de los votos, van a ser impugnadas por quienes hoy la practican.

Feijóo ha dicho claramente que una de las propuestas que baraja el PP es aprobar una reforma de la Ley Electoral para establecer un «plus de mayoría». Una serie de escaños que se llevaría el partido más votado, para potenciar mayorías que permitan gobernar sin estar sometidos a pactos imposibles o difíciles. Algunos incluso plantean, si se consigue una mayoría suficiente, reformar el sistema electoral y establecer una «nota de corte» para poder entrar en el reparto de escaños al Congreso: un determinado porcentaje sobre el total de voto emitido a nivel nacional, que hoy es provincial. No será fácil, pero no es imposible. Y es coherente con el mensaje de quienes quieren acabar con el poder de unos territorios que, a su juicio, terminan poniendo a todos los gobiernos de rodillas.

Si llega ese momento verán que tener la mayoría no siempre da la razón. Pero algunos lo entenderán demasiado tarde.

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