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Opinión | El recorte

El vídeo de la moto

De vez en cuando, una imagen nos recuerda por qué ocurren las cosas. El vídeo de dos policías venezolanos transportando un electrodoméstico robado es la mejor crónica del fracaso de un modelo de sociedad y de un régimen corrupto hasta la médula.

Parte de la población que vivió los terremotos de Venezuela se dedicó al saqueo, como ya ocurrió en La Guaira cuando el desastre de 1999 y como pasó en el llamado «caracazo» a finales de los años ochenta. Un pueblo saqueado que saquea. La vida es circular.

Los asaltos no fueron a tiendas de alimentación, en busca de agua y comida. O mejor dicho, no solo. El botín que se buscaba en medio del caos eran televisores, aires acondicionados, neveras y aparatos electrónicos, entre los que también figuraban piezas de repuesto para vehículos. Mientras una gran parte de la gente escarbaba entre las ruinas con sus propias manos para buscar a los supervivientes atrapados bajo los escombros, otros mostraron claramente por qué no todos somos iguales.

Y como telón de fondo: el vacío. Un gobierno designado, de cartón piedra, superviviente de la dictadura, que no cuenta con recursos ni estructuras para responder a la crisis. Porque la actividad extractiva a la que se dedicó el chavismo durante décadas, con enorme éxito, no fue sacar personas de entre las ruinas de la pobreza sino extraer el dinero del país para garantizar la riqueza de una clase dirigente y de los militares.

Los dos policías en moto que transportan un electrodoméstico representan muy adecuadamente el símbolo de un Estado corrupto. No son distintos de los gobernantes que han sacado oro en valijas o miles de millones en viajes oficiales. De los que se han comprado lujosos pisos en países extranjeros, preparando su futura retirada.

Venezuela, que era uno de los países más ricos de Sudamérica, no pasó del sueño a la pesadilla de la noche a la mañana. Fue un lento proceso de degradación de una vida pública protagonizada por dos grandes bloques representados por la derecha de COPEI y el socialismo de Acción Democrática. Embebidos en sus luchas por el poder, enfrentados de manera cerril y dedicados a la corrupción a todos los niveles institucionales, provocaron la degradación de la sociedad venezolana. El robo de recursos públicos se convirtió en parte del paisaje hasta el punto de que al famoso político socialista, Carlos Andrés Pérez, se le defendía diciendo que robaba, pero que también dejaba robar a los demás. El no va más de los elogios.

Cuando el pueblo vive cada vez peor y la política deja de ser útil excepto a sí misma se forma un caldo de cultivo favorable a la llegada de una figura salvadora. Y siempre hay un iluminado disponible. Unos son espadones y otros simplemente brillantes oportunistas. La historia está plagada de ellos. En Venezuela surgió Chávez y su revolución bolivariana. Llegó al poder por métodos legítimos y una vez allí se propuso eternizarse en el cargo. Con el apoyo de los militares se hizo con el control judicial y después eliminó el legislativo, exterminó a la oposición y convirtió Venezuela en una dictadura que es la estación a la que terminan arribando todos los procesos de «salvación nacional».

Y de aquellas lluvias estos lodos. Un país arruinado por una deuda que no puede pagar, con recursos naturales que no puede explotar, con un gobierno títere colocado por una superpotencia vecina, con servicios públicos tercermundistas, sin medicinas e invadido por la miseria. La izquierda burgesa europea, con la misma ceguera histórica que practicó con el comunismo soviético, se negó tercamente a ver la realidad. Siguió elogiando el régimen bolivariano que perseguía a opositores, cerraba medios de comunicación y encarcelaba disidentes. Para esa izquierda caviar todos los males de Cuba y de Venezuela devenían de «el bloqueo» norteamericano. La frase publicitaria que ha servido durante décadas para justificar el hundimiento social y económico de dos sociedades con gobiernos totalitarios, bananeros e incompetentes.

Estados Unidos conquistará Venezuela como país satélite y sin necesidad de acciones militares. El desastre natural le ofrece la oportunidad de introducirse en la reconstrucción de una nueva sociedad hecha sobre las ruinas del terremoto bolivariano.

Rescatar la Alemania comunista, tras la caída del muro de Berlín, supuso décadas de esfuerzo económico para sanar las cicatrices de miseria social dejadas comunismo. Solo que ese esfuerzo histórico se hizo con el sudor y el dinero de los propios alemanes, para recrear su vieja y gran nación. En el Caribe, Delcy Rodríguez y Díaz Canel se llevarán en una moto a los dos países, saqueados de entre sus propias ruinas, para entregárselos a Trump.

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