Opinión | El cronista de la capital
José Manuel Ledesma Alonso
Parque Marítimo César Manrique
César Manrique diseñó el centro de ocio y baño de Los Llanos, inaugurado en 1995, tres años después del fallecimiento del artista

Instalaciones del Parque Marítimo, en el municipio de Santa Cruz de Tenerife. / t
En el tramo del litoral santacrucero que hasta finales del siglo XX estuvo marginado del desarrollo urbano, al encontrarse en esta zona el lazareto, el matadero, las perreras, el vertedero de residuos y la refinería, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife llevó a cabo una importante operación de saneamiento construyendo el Parque Marítimo como zona recreativa y de ocio y el Palmetum, un jardín botánico dedicado a la palmera, instalaciones rodeadas de construcciones de gran valor histórico, como la Casa de la Pólvora y el Castillo de San Juan Bautista.
El proyecto del Parque Marítimo, es la última obra diseñada por el artista lanzaroteño César Manrique y llevada a cabo por los arquitectos Alfredo Amigó Bethencourt y José Luis Olcina Alemany, al fallecer su creador en 1992. Inaugurado en 1995 con 22.000 metros cuadrados de superficie, esta emblemática obra la forman un lago de agua de mar y tres piscinas de agua salada, todo decorado con elementos naturales como rocas volcánicas, palmeras y plantas ornamentales, junto a diversas cascadas de agua.
A la piscina principal, de 6.500 metros cuadrados, se accede por las rampas o por las escaleras, aunque también dispone de grúa y silla anfibia. La piscina de cascada, próxima al Palmetum, tiene 3.000 metros cuadrados de lámina de agua de mar, cuyo llenado se realiza mediante dos cascadas de 25 metros de altura. En medio de la piscina hay un islote de piedra volcánica. La piscina infantil, de uso exclusivo para niños y de los adultos que les acompañan, mide 340 metros cuadrados. También cuenta con una pequeña playa, la que en su día se denominó de Regla.

Una de las piscinas del Parque Marítimo César Manrique, con el Auditorio de fondo. / Carsten W. Lauritsen
El solárium que rodea las piscinas, de más de 17.000 metros cuadrados, contiene vegetación tropical, salpicada de pérgolas y bancos que hacen más grata la estancia a los que buscan sombra y frescor. En el centro se levanta un kiosco octogonal, blanco con cúpula verde en la que destaca una veleta de color naranja realizada según el dibujo que César plasmó en una servilleta tomando un café.
El resto de sus instalaciones, todas adaptadas a la movilidad reducida, lo constituyen los vestuarios, áreas de solárium, restaurantes, terrazas, gimnasio, ludoteca, jacuzzi de aguas termales, zonas de entretenimiento para niños e instalaciones deportivas. El vestíbulo que conduce a los vestuarios y a las tiendas, decorado con un mural confeccionado con mosaicos de vivas tonalidades, delimitado por piedras negras, corresponde a un boceto monocromo de la fauna atlántica realizado por César Manrique.
Los vestuarios se están divididos en zonas de aseos, lavabos, duchas y dependencias para cambiarse de ropa. Los servicios para personas con movilidad reducidas están adaptados con iluminación automática, grifos de encendido por detección de movimiento, barandillas de sujeción, etc.
La restauración ofrece un menú a la carta, buffet, hamburguesas, bocadillos etc., dispone de salón de eventos, equipado con cocina, barras de servicio, aire acondicionado, iluminación ambiente por zonas y vistas opcionales a las piscinas y solárium.
En el ‘parkin’, situado en la explanada del Parque Marítimo, se han dispuesto 180 plazas de aparcamiento con sombra, cuyos techos fueron aprovechados para colocar placas solares que proporcionan energía a los semáforos, al alumbrado de las avenidas Marítima y Francisco La Roche y a los 12 cargadores que se han instalado para los coches eléctricos.

Panorámica del Parque Marítimo de Santa Cruz con las piscinas llenas de gente. / MARÍA PISACA
En la piscina central del Parque Marítimo se levanta una escultura de César Manrique, denominada ‘Juguete del viento’, instalada sobre un peñasco de lavas volcánicas, ubicado entre el borde de la piscina y la orilla del mar, lugar donde el viento sopla con fuerza haciendo que sus piezas se vuelvan etéreas y establezcan un complicado y curioso movimiento rotatorio con infinidad de combinaciones.
La interpretación e ingeniería de esta obra póstuma de César Manrique, que simula los molinos de viento que el artista conoció de pequeño en su tierra natal (Lanzarote), estuvo a cargo de los arquitectos Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina.
La pieza, de acero corten, está formada por un tubo de seis metros de altura, cimentado fuertemente a la base de sustentación que se encuentra dentro de un pequeño estanque, anclada a un prisma cuadrangular de 1,80 m. de altura. En la parte superior del tubo se acoplan, alternativamente, 20 aspas en forma de cruz, situadas a sotavento y a barlovento, que al ser impulsadas por el viento rotan con movimientos opuestos, produciendo infinidad de combinaciones.
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