Opinión | NOTAS DEL MÓVIL
Figuritas de sombras al ritmo de una canción

Globos flotando / Agencias
Hoy es el cumpleaños de mi hermana. Hoy, como si se tratase de fiestas patronales, celebro a la persona cuya principal función, consciente o inconscientemente, ha sido traer sentido a todo. Una función que en la incertidumbre de crecer, de los dolores de huesos de la preadolescencia y los dolores de cabeza de la adultez, se vuelve imperativa. Casi, me atrevería a decir, de vida o muerte.
No voy a aprovechar la plataforma para elaborar detalladamente en la increíble fortuna que ha sido poder crecer con una igual, una mano derecha, una mejor amiga desde que tengo memoria. Pero sí quiero aprovechar la ocasión para hablar de un tema que urge hoy en día.
Dar el paso a vivir el mundo desde la responsabilidad, casi obligatoria, de uno mismo es cansino. Crecemos abrazados y acompañados de vivencias que solo podemos ver a través de gafas color rosa los días de malestar. Días que, cuando llegan, no les cuesta mucho convencernos de que nada vale realmente la pena y estamos destinados a la extinción.
Es por eso, y sé que hablo desde el privilegio, que la vida es más fácil gracias a mi hermana. En general, la vida es más fácil gracias a esas personas que nos hacen ver más allá de los calendarios, las rutinas ajustadas, y las responsabilidades adultas. Y que nos permiten volver, así sea un ratito, a correr entre árboles, con las rodillas raspadas y la conquista de un mundo mágico en mente.
Hoy en día más que nunca, necesitamos propiciar aquello que nos trae de vuelta, que nos pone los pies en el suelo y nos da una palmadita en la espalda diciendo: lo haces bien, respira profundo. En mi caso, mi hermana me recuerda que debo descansar, que está orgullosa de los pasos que he dado y que en ella siempre puedo encontrar los brazos abiertos. Pero esa figura puede dibujarse de mil maneras distintas dependiendo de cada caso. Para algunos será su mascota, para otros un hobbie y habrá quien encuentre esa reafirmación en sí mismo. Lo esencial es que la encontremos.
Lo esencial es que dejemos de lado las meta-realidades y busquemos conectar con aquello que nos permite ver los árboles fuera de la ventana, disfrutar de un sabor nuevo de helado y sentir el sudor frío en la espalda después de correr muy rápido. La pausa, el respirar hondo, se ha vuelto la meta para muchos en los tiempos que corren. Tiempos que corren, de hecho, muy rápido, con prisas, con el corazón acelerado y un dolor en el pecho.
Es por eso que, con toda la suerte de este mundo, hoy paro para celebrar a quién ha sido siempre mi pausa. Porque no todo es tablas de excel y scrolling infinito. A veces hay que saber volver a tener las rodillas raspadas. Hay que saber jugar a tener poderes de sirena en la piscina. Hay que saber hacer figuritas de sombras al ritmo de una canción.
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