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Opinión

Dos clientes

Un momento de la declaración como testigo del expresidente Mariano Rajoy.

Un momento de la declaración como testigo del expresidente Mariano Rajoy. / EFE

La ley del embudo es la iniciativa legislativa más usada en España. Los socialistas que proclamaron la aplastante evidencia de que M. Rajoy era Mariano Rajoy -tampoco había que ser un lumbreras- y que al estar anotado en una libreta de Bárcenas era culpable de haber cobrado un sobresueldo en dinero negro sostienen ahora vehementes que los apuntes en la libreta de Leire Díez, con su famoso P.S., son solo notas que carecen de todo valor probatorio. Los conservadores que se indignaron porque el denunciante del caso Gürtel, José Luis Peñas, no cumpliera los más de cinco años de cárcel a que fue condenado, porque la Audiencia Nacional le suspendió la pena -por colaborar con la Justicia- aplauden hoy con las orejas porque al golfete de Aldama le haya pasado lo mismo. Aunque la misa es la misma, cada uno va a su propia iglesia.

Sánchez se ha movido, como los caballos de ajedrez, en solo tres casillas. La primera: todo eran bulos y fango: ¡Vaya inventada! La segunda, cuando empezaron a actuar los juzgados, esto es una conspiración de jueces y guardias civiles. La tercera y última: no sé nada de esa persona de la que usted me habla. Ya no está en el partido. El presidente no se enteraba de lo que hacían sus ministros del Gobierno. El secretario general no sabía lo que hacían en el partido. En el mejor de los casos Sánchez es un lelo muy mal informado.

El mejor titular tras la durísima sentencia de Ábalos y Koldo se lo escuché a un espontáneo: «A Choclán le acaban de salir dos nuevos clientes». Resume el panorama. Leire Díez y Julio Martínez, enfrentados a la posibilidad de penas demoledoras, saben desde hoy que si empiezan a cantar pueden salir de la jaula con las plumas intactas. Mensaje entregado.

Los socialistas, en todo este tiempo reciente, han intentado poner una vela a dios y otra al diablo. Por un lado han denunciado los «comportamientos individuales de farsantes, oportunistas y resentidos», que han usado las siglas del partido para fines lucrativos u oscuros intereses personales, aludiendo a Leire Díez, entre otras hierbas. El problema es que no han actuado legalmente contra ellos. Porque no hay peor astilla que la del mismo palo. Pero ahora el Tribunal Supremo le ha pegado un golpe al tablero con un demoledor incentivo para quienes delaten a sus cómplices. Y a ver qué va a pasar.

Todos los partidos que sostienen al agonizante desgobierno de España saben que de convocar elecciones el pueblo votaría mayoritariamente a la derecha. Pero resistir solo empeora esa realidad. Y así ocurre que la izquierda se desespera ante la evidencia de que su situación es hoy peor que la de ayer, pero mejor que la de mañana.

El problema es que la apisonadora judicial sigue caminando. Dentro de poco saldrá la sentencia del hermano de Pedro Sánchez. Los casos de Leire Díez y Santos Cerdán involucran de lleno al partido. Y la imputación de Zapatero, que ha causado ya un daño demoledor a la imagen socialista, con las famosas joyas, seguirá avanzando y promete sorpresas con información de cómo algunos se aprovecharon del expolio de la riqueza de Venezuela. Esto no va de resistir. Va de preguntarse ¿resistir para qué? Cada revelación y cada nuevo escándalo son un clavo más en un ataúd que ya divisan hasta los más ciegos.

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