Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El recorte

Entre Trump y Murphy

El juez sobre la reunión entre Escrivá y Zapatero

PI STUDIO | FOTO: José Luís Roca

¿A quién no le ha pasado? Cualquiera se puede olvidar, en el trajín de esta azarosa vida, de quién le regaló un millón de euros en joyas. Zapatero, por ejemplo. Cuando las encontraron, perdidas en el fondo de una caja fuerte, su fiel secretaria dijo que eran de una herencia familiar. Su portavoz declaró, más tarde, que no tenían gran valor y que el propietario le había dicho que «no» eran un regalo de Arabia Saudí. Y hasta se dijo que eran regalos a Sonsoles, la mujer del político. Media docena de versiones. Y todas falsas. Por eso hace bien el interesado en callarse como un muerto. Más vale estar callado y parecer culpable que hablar y confirmarlo.

Zapatero no tiene amnesia sobre las joyas. No pudo decir el origen porque primero tenía que generarlo. Que «alguien» –vete a saber– le pidiera a otro «alguien importante» que certifique que su país le hizo estos obsequios al final del reinado de Recaredo, con lo que cualquier delito, de cualquier tipo, estaría prescrito, fané y descangallado. Que la mejor salida que han encontrado sea decir que se quedó unas alhajas millonarias justo cuando estaba aprobando los recortes del Estado del Bienestar y España se abismaba en su mayor crisis económica demuestra cómo está el patio.

La declaración del expresidente ante la Audiencia Nacional, esta semana, ha sido una decepción. Cero explicaciones. Como los daños en su imagen pública parecen irreversibles y su bonhomía yace criando malvas, optó por seguir el manual del perfecto imputado, negarlo todo y esperar a verlas venir. Se negó a contestar a preguntas de la Fiscalía e incurrió en un par de contradicciones. No convenció al juez de su inocencia. Y al día siguiente tuvo la amarga noticia de que sus dos hijas y su secretaria particular habían sido imputadas por el mismo magistrado ante el que había declarado. El expresidente aseguró que hacía valiosísimos informes verbales o escritos a bolígrafo de geopolítica global y que solo por eso le pagaban una millonada. Eso puede dar risa floja, pero no es ilegal en el mundo privado. El problema es cuando hay dinero público de por medio. Y el juez, a día de hoy, sostiene que existe trazabilidad entre parte de los 53 millones que salieron del erario público para el rescate de Plus Ultra y un dinero que ingresó Zapatero. Y por ahí lo tiene cogido por las pelotas. Porque si se prueba es posible que se le caiga hasta el pelo de sus famosas cejas.

Pero hay más. Sobre Zapatero recaen indicios del cobro de comisiones por mediar en negocios internacionales donde se habrían blanqueado cifras multimillonarias. Y es por ahí por donde han saltado las alarmas en Moncloa, que ha entrado en fase de delirio. Como las ven venir y la manoseada teoría de la «conspiración» de jueces y policías contra el Gobierno no ha tenido el menor éxito de venta al público, se han pasado a otra teoría aún más demencial. La ministra de Ciencia, Diana Morant, ha escrutado en las profundidades del universo de su vasta inteligencia para apuntar a Donald Trump como el origen del ataque contra Zapatero para «dañar» la imagen misma de Pedro Sánchez.

Un excelente y odioso enemigo, pero una lastimosa teoría, porque la clonación del móvil al empresario Rodolfo Reyes –que contiene indicios contra Zapatero– se realizó durante el mandato del demócrata Joe Biden, en 2021. Y porque el inicio de la causa lo provocaron dos comisiones rogatorias de Suiza y Francia, al sospechar blanqueo de capitales tras el rescate de Plus Ultra. Lo que preocupa al sanchismo es que este caso puede empeorar. Que las joyas son el chocolate del loro. La Audiencia Nacional está esperando informes internacionales que podrían situar a Venezuela, y a quienes se movieron con el Gobierno bolivariano, en el epicentro de una gigantesca trama de corrupción y blanqueo. Mientras el pueblo venezolano se ahogaba en la miseria, sus dirigentes movían miles de millones en comisiones a través de mediadores de confianza. Dinero conseguido con la venta de petróleo o de oro, sin descartar el narcotráfico, colocado fuera del país. Una línea de negocio tan repugnante que incluyó la venta de ayuda humanitaria enviada –sin que nunca llegara– a los que se morían de hambre.

No es Trump. Es la Ley de Murphy. La tostada siempre cae del lado de las joyas. Y a PSánchez, antes de entregar el poder a quienes tanto odia, ya solo le queda encender el barril de pólvora de la República. Antes de entregar la dama, romper el tablero. Porque ¿qué es esto sino un juego de trileros?

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents