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Opinión | Notas del Móvil

Santa Cruz de Tenerife

LinkedIn es el nuevo Tinder de la gente que hace muchas cosas

LinkedIn

LinkedIn / Shutterstock

El otro día escuché a alguien decir que, independientemente de tener un trabajo estable, nunca deja de revisar LinkedIn. Como si el open to work se volviera un estado constante de la condición humana, o de la condición de ser joven en un momento donde la proyección a futuro es escasa. Estamos tan sedientos de algo a lo que aferrarnos y que nos mantenga aquí, que hemos caído en la trampita más boba y eficiente de este sistema de hiperproducción.

Hemos capitalizado el bienestar, el amor, la salud mental, la espiritualidad, el deporte, los hobbies, y tantas otras cosas que era inevitable que capitalizar la idea de trabajo diese un paso más. LinkedIn es el nuevo Tinder de la gente que hace muchas cosas. De los que aprovecharon la cuarentena para «mejorarse a sí mismos». De los que miden la proteína y van por su segundo máster.

Para muchos el trabajo es la nueva religión, y en verdad lo ha sido por mucho tiempo. Actualizar el perfil laboral, elegir una nueva plantilla de Canva para el currículum, hacerse un cursito online de cómo aplicar la IA a tu área, produce la misma satisfacción, el mismo fervor en la sangre, que conseguir entradas para ir a ver la misa del papa. Ambas realidades se sostienen en la mentira de que hacer cosas te va a garantizar una zona de confort, una estabilidad, un norte. Y, honestamente, qué envidia cochina.

Muy probablemente la persona a la que escuché decir aquella frase estuviera enfocando su discurso hacia la idea de que es joven y no tiene por qué estar satisfecha con su situación laboral actual y que su búsqueda era respuesta de aspirar siempre a algo mejor. Y estoy de acuerdo. Pero me llama la atención la presión que sentimos a estar constantemente en movimiento.

Las maratones se han popularizado, no solo por el apogeo de la tendencia fit-conservadurista-sectaria por el que estamos pasando, sino también porque sirve de excusa para andar a la velocidad a la que corre nuestra cabeza todo el tiempo. Es un exorcismo del peso que tenemos sobre nuestros hombros, la vocecita en nuestra cabeza que dice: eres joven, emprende, no, estudia, no, trabaja, no, hazte influencer, hazte un máster, otra carrera, un curso, busca una relación, no, quédate soltero, pero tengo miedo de estar solo, pero hay tantas opciones, ve al gimnasio, tienes que ponerte bueno, come proteína, no, tienes que comer más fibra, hay que beber dos litros de agua, ponle electrolitos, ¿qué es eso?, da igual pónselo… Y así un sinfín de pensamientos que, honestamente, nos tienen desquiciados.

Así que actualizamos el LinkedIn antes de entrar a la oficina. Damos like a que alguien con quien fuimos al instituto va por su tercer máster, y sabemos también, por Instagram, que tiene un novio, un trabajo que paga bien, y un piso. Las tres marías. Ves tu perfil, el circulito verde que pone open to work, y la disposición de tener una relación abierta propia del amor posmoderno. n

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