Opinión | El recorte
Despega como puedas

El Rey Felipe VI y el Papa León XIV durante la celebración de la ceremonia oficial de despedida al Papa León XIV, a 12 de junio de 2026, en San Cristóbal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias (España). Este acto institucional en el Aeropuerto Internacional de Tenerife Norte-Los Rodeos, desarrollado ante las máximas autoridades políticas y eclesiásticas antes de su partida en avión hacia Roma a las 15:00 horas, pone fin a su histórico y multitudinario viaje apostólico de dos semanas por territorio español. 12 JUNIO 2026;REY;PAPA;VISITA PAPAL;FALCON;AVIÓN; Casa de S.M. el Rey 12/06/2026. Rey Felipe VI;Papa León XIV;Casa de S.M. el Rey; / Casa de S.M. el Rey / Casa de S.M. el Rey
Aprovechando la oportunidad histórica, la compañía Iberia decidió batir la plusmarca mundial del ridículo asignando al Papa un avión con un motor cascado. Así que el líder de los católicos y la numerosa prensa que le acompañaba padecieron en Los Rodeos, en vivo y en directo, una de esas interminables esperas, «por problemas técnicos» a las que estamos tan acostumbrados los canarios.
A los que dicen, con muy mala leche, que la culpa es de Pedro Sánchez, por traerse a Angel Víctor Torres, les ciega su antipatía. No es justo y no es cierto. Y para comprobarlo empíricamente basta con darse cuenta que en Canarias no ha comenzado ningún incendio, no ha explotado ningún volcán y no hemos tenido ningún brote pandémico de un virus asesino. No fue un gafe el que se cargó el feliz regreso del Papa, sino un motor escacharrado.
Así que nada de alzar la vista. El Picos de Europa no pudo despegar de la pista por muchas vueltas que le dieron y el Rey de España tuvo que pedir que colocaran nuevamente las escalerillas, por las que subió al aparato para ofrecerle al Papa el Falcon en el que iba a viajar el monarca, para que lo utilizara el Santo Padre y regresara a Roma. Prevost, se tomó el incidente con santa paciencia -como toca siendo quién es- y decidió volver a la sala de autoridades para esperar allí a que se arreglara el pifostio. Fue la segunda llegada oficial del Papa a la Isla, realizada pocos minutos después de la frustrada salida.
Así que la histórica visita se transformó, en unos pocos minutos, en una histérica incidencia. Caras de tensión en el personal del aeropuerto. Rostros graves entre las autoridades. Y me imagino que maldiciones en arameo de algún alto directivo de Iberia al ver uno de sus aviones protagonizando un interminable anuncio negativo para la marca.
Los compañeros de la televisión, que estaban retransmitiendo el final de la visita papal, se encontraron, de repente, con la necesidad de seguir manteniendo la señal en tanto se arreglara la avería. Hacer eso, cuando se ha acabado el acto, cuando ya no están los personajes y no se tiene información, es realmente difícil. La corresponsal de la TV Autonómica canaria en Madrid, que acompañó a la expedición a las Islas, explicó en directo, desde dentro de la cabina del aparato de Iberia, que jamás se había producido un incidente similar en ningún viaje papal. Claro que los viajes papales no habían contemplado nunca venir a las Islas. Solo aquí se pueden vivir en todo su esplendor los habituales puteos a que son sometidos los viajeros canarios por el oligopolio aéreo, que tiene un compromiso con la impuntualidad y el maltrato.
Mientras la pantalla de las televisiones mostraba el Airbus de Iberia, desplomado en tierra como un dinosaurio abatido, los aviones de Binter despegaban y aterrizaban con toda normalidad y salían en las pantallas como un involuntario telón de fondo. Algún responsable de la compañía aérea canaria empezó a brindar con malvasía por la milagrosa e inesperada campaña de publicidad que les estaba regalando el Papa.
Una cosa es que te espere Dios en el cielo y otra que adelantes el viaje. Así que conforme fueron pasando los minutos, muchos de los periodistas que acompañaron a Prevost a las Islas, que seguían dentro del avión, empezaron a inquietarse con la idea hacer un viaje a doce kilómetros de altura en un aparato al que le estaba costando tanto arrancar. La sensación se agravó cuando se enteraron que el Papa, que tiene ascendientes palmeros, a la vista de lo visto, decidió prudentemente aceptar el ofrecimiento de Felipe VI y viajar en su Falcon hacia Roma. Al final salieron todos zumbando del avión.
Ese fue el accidentado final de un viaje excepcional. Uno en el que la ministra Elma Sanz pulverizó todos los récords en la especialidad de «carrera para salir en la foto»; Pedro Sánchez, sin chancletas, conoció algo más que su playa privada en Lanzarote y los católicos de canarias -junto a algunos noveleros- hicieron músculo multitudinario, para sorpresa de quienes pensaban que ya eran una raza extinta.
Son los milagros de Robert Prevost, más conocido por León XIV. Que vino a pedir dignidad para los migrantes. Y dinero para atenderles. Consejos vendo que para mi no tengo. Ya se fue, con los políticos peninsulares. Unos a Roma y los otros a Madrid. A esos lugares lejanos donde nunca llegan las pateras.
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