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Opinión | El cronista de la capital

José Manuel Ledesma Alonso

Santa Cruz de Tenerife

Centenario del puente Galcerán

La rehabilitación de 2018 confirma el grado de seguridad del puente y mantiene en plena vigencia el concepto estructural desarrollado hace un siglo

Puente Galceran

Puente Galceran / El Día / 5

El puente Galcerán unió las dos márgenes del barranco Santos y permitió el ensanche de Santa Cruz de Tenerife hacia el sur facilitando la comunicación con los barrios de El Cabo y Los Llanos, la creación de los barrios de La Salle y Los Molinos y que los aficionados al CD Tenerife accedieran al Estadio Heliodoro Rodríguez López, inaugurado un año antes. Las obras comenzaron el 7 de junio de 1926, siendo alcalde Santiago García Sanabria, y su inauguración tuvo lugar el 19 de octubre de 1929, durante la visita del presidente del Gobierno, Miguel Primo de Rivera. La Corporación municipal lo denominaría Galcerán en recuerdo de uno de los hechos de armas más distinguidos del general Weyler en Cataluña, contra las tropas sublevadas del pretendiente al trono de España, Carlos de Borbón, comandadas por Jerónimo Galcerán.

El proyecto de construcción del puente, desarrollado por Eduardo Torroja Miret con la colaboración del arquitecto municipal Antonio Pintor y Ocete, y realizado por la empresa Construcciones Hidráulicas y Civiles SA, significaría un adelanto notorio en las soluciones constructivas, pues este prestigioso ingeniero, innovador en el campo de las estructuras, lograría un puente de 140 metros de largo, constituido por tres vanos de 39,3 metros de longitud. La estructura de hormigón armado de cada uno de los vanos está formada por un conjunto de cuatro arcos de 36 metros de luz, sobre los que arrancan unos montantes verticales que soportan el tablero en forma de losa maciza. Su coste ascendió a 638.438 pesetas.

El proyecto responde a una concepción en la que la forma estructural se adapta al flujo de esfuerzos, pues los arcos trabajan a compresión, aproximándose al antifunicular de las cargas actuantes y reduciendo los esfuerzos de flexión. Este planteamiento permite un uso racional del hormigón armado y una limitada cuantía de armadura. La ejecución de los arcos se llevó a cabo mediante el procedimiento de autocimbra, ideado por José Eugenio Ribera, consistente en cerchas metálicas autoportantes que sostenían el hormigón durante el proceso de fraguado y que posteriormente quedaban embebidas en la masa. La combinación del concepto estructural, desarrollado por Eduardo Torroja, y el del procedimiento constructivo le confieren al puente Galcerán un valor singular dentro del patrimonio de la ingeniería civil, al integrar de forma ejemplar diseño, construcción y durabilidad. La prueba de carga se llevaría a cabo colocando sobre él la mayoría de las guaguas existentes en la Isla.

Al principio fue dotado de barandillas de un metro de altura, aunque, ante la cantidad de intentos y casos de suicidios, daría lugar a que, en 1954, se le añadiera otra barandilla de 90 centímetros, con lo que se consiguió ofrecer mayor seguridad. Bajo sus vanos laterales, desde 2010, transcurre la vía arterial que comunica el barrio de La Salud con el centro de la ciudad, paralela al barranco, y la avenida de servicio denominada Barranco de Santos.

Las actuaciones de reparación y rehabilitación ejecutadas en 2018 permitieron restituir las condiciones de seguridad, funcionalidad y durabilidad de la estructura, manteniendo íntegramente el esquema resistente original concebido en el proyecto de 1926. Dicha intervención se diseñó con un criterio selectivo y conservador, actuando exclusivamente sobre aquellas zonas en las que se habían identificado procesos de degradación superficial, evitando cualquier modificación del sistema estructural o de la geometría original del puente.

La intervención se apoyó en un análisis estructural específico, cuyo objetivo principal fue verificar la capacidad resistente de su conjunto, tanto en su estado previo a la intervención como tras la ejecución de los trabajos. Este análisis permitiría confirmar que las patologías observadas no comprometían la seguridad estructural del puente y que disponía de un margen de seguridad adecuado frente a las acciones actuales de servicio, como puente de carretera. Los resultados obtenidos manifestaron que, bajo las acciones de servicio, los arcos trabajan a compresión, con valores de tensión moderados y sensiblemente inferiores a la resistencia característica del hormigón.

Según se recoge en el informe final de obra, los niveles de solicitación se mantienen dentro de márgenes compatibles con un amplio coeficiente de seguridad y que la estructura presenta una rigidez global elevada con deformaciones y flechas en servicio reducidas, coherentes con el esquema estructural adoptado y con la limitada cuantía de armadura empleada en el proyecto original.

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