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Opinión | En el camino de la Historia

Lo que sucede en la política complica las respuestas

Sánchez anuncia que presentará presupuestos para 2027

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Ante el desconcierto existente debido a la situación altamente complicada por donde transita el gobierno de Sánchez, y por la ausencia de autocrítica que lleve a una posición política leal, algunos cargos públicos de alto rango, así como ministros del gobierno se debaten en la opción en decir o no decir. En callar o molestar con la palabra crítica.

Dicen, más bien unos pocos, que esta situación no se puede aguantar, que se han traspasado las líneas rojas que limitan la prudencia y lo asumible dentro de una transitoriedad que se tendrá que aclarar por la aplicación de la ley o por una actitud que sea consecuente con lo que se manifiesta.

Muchos, más bien la mayoría, ante las apreturas del momento se ven forzados a elaborar determinadas respuestas aunque sea cara a la galería, sabiendo que el poder sigue dominando y que lejos de él solo existen sombras; ademas, la obligación de una corta moral les obliga a decir que la situación no les gusta y que hay que tomar una decisión. Pero continúan tras pretexto y pretexto en la reverencia que le deben al líder. Sin él otros caminos no son imaginables.

Y ahí está el problema, la dificultad en asumir una decisión por lo que cuesta darle sentido a la realidad. Por eso algunos se adelantan y marcan un ligero disenso con la finalidad de seguir en el machito.

Y luego están los que ajenos a la responsabilidad del gobierno y percibiendo la debilidad in crescendo del mismo, intentan con cierta dificultad construir una nueva mayoría que junto al PSOE y con la titularidad «a su izquierda», para evitar posibles fracasos electorales intentan promocionar con Rufián de líder un conglomerado político que se hace difícil entender cómo un partido que defiende la independencia de Cataluña, Esquerra Republicana, podrá congeniar con una izquierda estatal que defiende lo contrario.

Pero todo es posible dentro de un tablero plagado de confusión donde lo que prevalece es seguir titulándose de izquierdas ante la debilidad del gobierno al que seguirán apoyando porque en ello les van las prebendas, los honores del mando y lo que acarrea creerse personajes indispensables.

De momento el silencio manda, la discusión también, lo mismo que el cabreo social que se manifiesta desde el taco solapado hasta la frase malsonante. Como si se volvieran los acontecimientos ya retorcidos sobre sí mismos conduciéndolos a ¿qué hacer?

Generalmente se opta por la deriva que más vale seguir como se está y que la historia, la íntima de cada cual, se reconcilie y camine hacia el trastero de las decisiones que deberían haberse tomado y que se quedaron en la más pura evanescencia.

De esa manera obtusa, las identidades divergen y si ocupan el escenario de la política y no los principios y programas, lo universal desaparece en beneficio de lo singular, y lo conceptual en beneficio de lo contingente y la racionalidad del sentido y responsabilidad política por un galimatías cambiante y aleatorio.

La política no debe seguir manipulándose ante el escenario de los que contemplamos estupefactos tras el velo de la sospecha nuevos mitos «salvadores» cuyo bagaje intelectual no da para mucho; y que contribuyen a que el maridaje entre ética y política lo hagan rechazable evitando que la capacidad de estas dos categorías se acerquen, y que no está en la disponibilidad de la ética sino en la capacidad de los que actúan en política para verificar siquiera un atisbo de esa fusión.

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