Opinión | A babor
El factor humano

De la judicatura a la política: los mil nombres de la libreta azul de Leire Díez
La omertá es la regla no escrita de la lealtad tal y como esta se entiende en las organizaciones políticas. La gente que ha participado en algo chungo suele resistir numantinamente mientras cree que será protegida. El problema surge cuando alguno de los implicados menos presuntos llega a la conclusión de que va a ser crucificado para salvar a los de siempre. En términos políticos, la secuencia que nos describe el futuro de Leire Díez tiene precisamente ese aspecto: pasó en pocas semanas de ser una militante desconocida a convertirse en el rostro de una operación de enfangamiento de jueces, fiscales y guardias civiles, que el PSOE primero negó enérgicamente, después minimizó hasta el ridículo, y finalmente intenta presentar como una iniciativa personal de la fontanera de Ferraz.
La pregunta no es, por tanto, si Leire Díez sabe cosas delicadas sobre Sánchez. Es difícil imaginar que una persona que, según los informes policiales, utilizaba expresiones como ‘el one’ para referirse a su líder amadísimo, afirmaba recibir mensajes de ánimo de él a través de Santos Cerdán, o presumía de actuar en asuntos que afectaban muy directamente al presidente, no tenga aún una idea bastante clara del futuro que le espera, después de que el partido haya decidido que la operación de cloacas socialistas montada tras los cinco días de reflexión del ‘hombre enamorado’ fue fruto de un grupo de oportunistas que utilizaron el PSOE para sus propios fines. Una panda de aprovechados vinculados a Leire, que intentaron hacer exactamente lo que le convenía a Sánchez que hicieran, pero lo hicieron sin que Sánchez tuviera nada que ver ni –mucho menos– les pidiera hacerlo.
En fin… la foto feliz de Leire con Sánchez comienza a recordar demasiado a la foto feliz de Aldama con Sánchez. ¿La recuerdan? La cuestión relevante, por tanto, es… ¿qué incentivo tendría Leire para cantar? Supongo que mientras conserve expectativas de protección política, jurídica o personal, probablemente no tenga incentivo alguno. Pero si llegara a sentirse insultada, abandonada, utilizada como cortafuegos y al borde de entrar en prisión, la situación podría cambiar radicalmente. La historia política española está llena de ejemplos de colaboradores que resistieron años y acabaron hablando cuando comprendieron que iban a cargar ellos solos con las consecuencias de sus ‘encarguitos’. El problema de los cortafuegos humanos es que puestos a quemar, a veces terminan por incendiar también a los malagradecidos que andan cerca. Es un escenario que resulta especialmente indigerible para Moncloa.
Si mañana Leire confirmara lo que dice el informe de la UCO, cantando –por ejemplo– que actuó siguiendo instrucciones políticas de Sánchez, eso no equivaldría automáticamente a una prueba. Una declaración no implica una condena. Pero que Leire cante sería política y humanamente devastador para Sánchez.
Hasta ahora, la estrategia del PSOE ha consistido en mantener una distancia de seguridad: Leire actuaba por su cuenta y riesgo, o como mucho, siguiendo instrucciones de Santos Cerdán, que ya no está en la historia del PSOE. Desapareció del Peugeot y de la secretaría de organización como si jamás hubiera existido. Koldo, ejemplo para la militancia, resultó ser un empleado desleal, otra decepción más. Fuera a patadas del Peugeot y del partido. ¿Y Ábalos? Ese putero indigno que engañó a todos… descabalgado a cajas destempladas del Peugeot, de la moción de censura contra los corruptos y de todos sus lustres y sinecuras. Cada escalón absorbe el golpe para evitar que llegue hasta el piso de arriba. Excepto Zapatero. Zapatero es una historia distinta. No saben qué hacer con él, ganan tiempo mientras la kriptonita de las joyas de la abuela lo pone verde y lo envenena.
Pero volviendo a la fontanería: si Leire afirmara que el último piso estaba informado, dejaría de ser importante lo que hizo ella. Lo importante sería entonces por qué lo hizo, y quién se lo pidió.
Hay además un detalle psicológico importante en toda esta historia: las personas que se sienten reconocidas por el poder tienden a conservar mensajes, recuerdos, conversaciones y pruebas de ese reconocimiento. Cuando alguien afirma que «el jefe nos va a poner en un altar» o que «el one» le ha transmitido su felicitación por el trabajo hecho, está describiendo una relación emocional con el poder, no sólo una relación operativa. Una relación que se quiebra cuando el poder te abandona. La pregunta, pues, no es lo que sabe Leire sobre Sánchez, lo que puede contarnos sobre los servicios prestados a la causa, o sobre las instrucciones recibidas de Cerdán, el ‘S’ guardián responsable de la fontanería y de limpiar los pecados de la tribu. La pregunta es cuánto tardará Leire en sentirse estafada, cuándo se quebrará y comenzará a largar lo que ella sepa. Y –ya puestos– si eso ocurrirá antes o después de que empiecen a cantar otros. Porque el trato que reciba de Anticorrupción va a depender precisamente de eso: de cuánto tarde.
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