Opinión | Retiro lo escrito
El turismo no es un talismán

Numerosos turistas pasean por la playa de Maspalomas, en Gran Canaria. / EFE
Sin duda recordarán un chiste de Les Luthiers dentro del ciclo de Johann Sebastian Mastropiero. El gran compositor imaginario escribió la música y el guión para presentar la programación de un canal televisivo, incluyendo la telenovela La indomable, «que estará con ustedes todos los días a las cuatro de la tarde». «Si ella se deja», advertía el presentador. Con el turismo en Canarias ocurre algo por el estilo. Todos los sabios nos aclaran, insistentemente, que el turismo seguirá siendo la principal actividad turística en el archipiélago, la columna vertebral de nuestro Producto Interior Brito, por todo el futuro que pueda imaginarse. El resto de las actividades económicas –te cuenta esa buena gente– tendrá durante décadas un carácter valioso, estratégicamente valioso, pero complementario. Es una consideración curiosa por dos motivos. Primero, porque se utiliza habitualmente para eludir cualquier reflexión colectiva sobre los límites del turismo en Canarias –límites espaciales, energéticos, medioambientales y ecológicos, entre otros– y el coste de sus externalidades. Y segundo, porque parte de la extrañísima convicción de que el turismo en Canarias seguirá aquí más o menos pimpante por los siglos de los siglos –si los turistas se dejan–. Los destinos turísticos nacen, crecen, se marchitan, envejecen. Rara vez mueren del todo, pero pueden zombificarse.
La caída en visitantes e ingresos en las visitas turísticas del país ha sido considerable en el último mes, porque se han perdido más de un 20% de los turistas alemanes. La economía alemana sigue estancada y después del verano el Gobierno de Friedrich Merz reducirá las pensiones de jubilación en unos casos y las congelará en otros. El año próximo se celebrarán elecciones presidenciales en Francia: gane quien las gane el nuevo presidente también bajará sensiblemente salarios y pensiones públicas. Los europeos serán más pobres en los próximos años y llevarán vidas más modestas y recoletas. Nota al margen: es interesante subrayar que la rápida y enérgica recuperación del número de turistas a partir de la superación de la pandemia no tiene un correlato igual de esplendoroso en el gasto por turista, que ha aumentado significativamente, pero sigue siendo inferior a otros destinos consolidados. La otra amenaza procede del agotamiento de la oferta y el impacto negativo de la turistificación de la economía: el consumo energético desaforado, los problemas de movilidad, la gentrificación, la disparatada subida de los precios en los núcleos turísticos, la degradación medioambiental, el consumo mismo que realizan los turistas de los servicios sociales. Las grandes manifestaciones contra los efectos destructivos del turismo –ahora mismo se prepara otra– son la expresión del hartazgo frente a una actividad económica que no ha servido para mejorar de verdad el PIB per cápita en Canarias, cerrar brechas salariales, mejorar la cohesión social. Los ingresos turísticos han crecido magníficamente, pero los salarios canarios siguen estando muy por debajo de la media española. Uno no se explica cómo alguien puede creer que este malestar social desaparecerá. Al contrario. Si el crecimiento turístico se ralentiza o se detiene y vuelven cifras de desempleo altas el rechazo al turismo ganará más fuerza. Canarias no aceptará un 20% de desempleo con la resignación con la que se admitió en la segunda década del siglo. El ambiente político, social y hasta ideológico de las islas no es el mismo que el de 2008, 2009 o 2010. Un malestar social que identifique el turismo como un fracaso económico para la mayoría puede catalizar cambios políticos que no podían imaginarse hace quince años. Hawai es un buen ejemplo de un destino decadente porque no supo afrontar a tiempo destrucción medioambiental, abuso de los recursos naturales y paisajísticos y una población que terminó sintiéndose extraña y hasta ninguneada en su propio país.
El turismo no es un talismán que nos protege de (casi) todo mal mientras exploramos las posibilidades de la tecnología aeroespacial o la economía azul. Qué le vamos a hacer.
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