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Opinión | Análisis

Omar Batista Martín

La maestría de la incomodidad ajena

La diputada de CC, Cristina Valido.

La diputada de CC, Cristina Valido. / Eduardo Parra

Hay partidos que ganan elecciones y hay partidos que simplemente ocupan posiciones. Coalición Canaria, desde 1993, pertenece de manera casi obsesiva a la segunda categoría. Nunca ha sido la fuerza más votada de Canarias y, sin embargo, el ser capaz de mantener su lugar, le ha permitido presidir el Archipiélago durante la mayor parte de los últimos treinta años, fundamentalmente por la incapacidad del resto de representar un interés general canario hegemónico o lo suficientemente amplio. Su desproporción entre voto recibido y ejercicio del poder es marca de la casa. Lideran posiciones en La Palma y Tenerife, y tienen buenos resultados en Lanzarote. En el resto de islas se buscan la vida como pueden. Fieles aliados en El Hierro y Fuerteventura consolidan su arte.

El método consiste en algo difícil de hacer y aún más difícil de sostener en el tiempo: leer las contradicciones internas del adversario mejor que el propio adversario, y construir el movimiento siguiente sobre esa grieta. No se trata de tener razón. Son especialistas en colocar al otro en una posición donde la respuesta sea incómoda. Canarias no es fácil, está divida en ocho partes, y ellos las conocen bien, a cada palmo.

El centro político no es un lugar ideológico, es más bien un lugar funcional. Es el sitio desde el que uno puede mirar a derecha e izquierda y observar que ambas miradas no son del todo creíbles, y lo cierto es que mientras no te conviertas en bisagra, puedes ser la puerta. CC ha entendido esto con una claridad que pocas formaciones han demostrado. Pactó con el PSOE para investir a Sánchez en 2023 dejando por escrito que el acuerdo no le vincula respecto a la amnistía. Gobierna el Archipiélago con el PP, pero rechaza pactar con Vox a nivel autonómico, mientras lo hace en Arona, Granadilla y Teguise. Apoya leyes progresistas como la eutanasia y, a la vez, bonifica al 99% el impuesto de sucesiones para herencias millonarias. Para el observador apresurado, esto es contradicción. Para quien entiende cómo funciona el poder, es arquitectura. Arquitectura cimentada fundamentalmente en el sentido común de la ciudadanía del norte de Tenerife y del conjunto de la isla de La Palma.

De cara a su electorado, han sido resolutivos sobre una cuestión capital en relación al barco, más allá de que quisieran o no acogerlo, ya que saben que la gente en la isla se estaba preguntando: ¿por qué Canarias no tiene derecho a ordenar como entra el barco del hantavirus en nuestro puerto? Es el mar de Canarias. La idea sobre de quién es la propiedad del mar, desgraciadamente no está muy asentada. No toda la población canaria conoce que el Puerto de Granadilla es de competencia del Estado, sobre todo porque los presidentes de las autoridades portuarias de Las Palmas y Santa Cruz, los elige el Gobierno de Canarias. No toda la población canaria conoce que no hemos progresado en el establecimiento internacional de como nuestro derecho interno reconoce nuestras aguas en el artículo 4 de nuestro Estatuto de Autonomía.

La duda común que ha planteado Coalición Canaria es plausible. Pongamos un ejemplo: ¿qué tal si hubiese un gobierno en España en contra de la OMS, y aquí un gobierno en Canarias que quiere obedecer a la OMS? Más de uno, y más de una, cambiaría de posición. Es interesante plantearnos qué papel juegan las instituciones del Archipiélago en el gobierno de su territorio, más allá de que estemos o no de acuerdo con lo que se ha hecho.

Conviene una observación incómoda para los muchos críticos de CC: confundir el método con el contenido es una forma de no entender ninguna de las dos cosas. Se puede discrepar de sus decisiones, de su incapacidad respecto a lo que se pide al nacionalismo frente al capital extranjero, o de su a veces hiriente pragmatismo silente con monumentos de la dictadura. Eso es un debate legítimo. Lo que no se puede negar es la maestría con la que convierte cada coyuntura en una posición beneficiosa para algo de lo que aún nadie les ha arrebatado el monopolio, como DISA y Binter, y me refiero al patrocinio de un interés general exclusivamente canario.

Treinta años después, ahí están. Sin haber ganado nunca unas autonómicas en voto. Con una diputada en el Congreso que vale por cinco. Capaz de convertir un crucero con hantavirus en una crisis institucional para Madrid. Son años de maestría.

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