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Opinión | EL TRASLUZ

Una ficción que funciona

Dos manos.

Dos manos. / Shutterstock

Ha habido gente a lo largo de la historia para la que el cuerpo no era más que una alucinación del alma. Y la verdad es que, mirado de cerca, cuesta creer que el cuerpo forme parte de la realidad (sea lo que sea la realidad). Basta observar una mano durante dos minutos para que empiece a resultar inverosímil. Cinco apéndices articulados saliendo de una masa de carne capaz de agarrar una taza, sujetar un pene o firmar una hipoteca. Y luego están los orificios, porque el cuerpo humano se encuentra agujereado de arriba abajo. Dos fosas nasales, una abertura llamada boca, conductos auditivos, lagrimales, poros..., por no mencionar el culo. Somos, en realidad, una bolsa perforada en cuyo interior habitan monstruosidades como el hígado, el páncreas, los dos riñones y el corazón.

     Pero olvidemos al ser humano. Pensemos en un pulpo. He ahí ocho brazos (o peor: tentáculos) repletos de ventosas, un cuerpo blando capaz de cambiar de color y una inteligencia distribuida por cada una de sus extremidades. El pulpo parece el delirio provocado por una fiebre alta. ¿Y la ballena? Un mamífero (igual que usted y que yo) formidable, ciclópeo, oculto bajo las aguas, aunque respira aire, y que emite en la oscuridad oceánica una música que parece el pensamiento del mar (si el mar pensara). Si alguien nos hablara de la ballena sin haberla visto nunca, no le creeríamos. Pero hasta los peces más pequeños resultan sospechosos de irrealidad con esos ojos sin párpados, abiertos permanentemente, moviéndose en un medio donde nosotros moriríamos en tres minutos. Poseen en verdad la consistencia de un sueño líquido. Las gambas, por su parte, parecen el fruto de un delirium tremens y, los calamares, prototipos descartados de la Creación del mundo. La costumbre es una alucinación continuada. Hemos visto tantos cuerpos (insectos, reptiles, lamelibranquios…) desde niños que hemos dejado ya de percibir su carácter imposible. Pero basta mirar fijamente un codo, una oreja o un tobillo durante unos minutos para sentir un ligero vértigo metafísico. ¿De verdad esto existe? ¿De verdad existe la realidad? ¿De verdad existe Rodríguez Zapatero?

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