Opinión | El recorte
Estúpidos y suicidas

Archivo - El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo
Había señales. «Plus ultra» fue el nombre del hidroavión del hermano del dictador, Ramón Franco. Y el lema estaba en las columnas del escudo de la España de la dictadura, a ambos lados del aguilucho y debajo de aquello de «Una, grande y libre». O sea, el tema apestaba por todos lados, pero a pesar de todo Zapatero y su tribu se liaron la manta a la cabeza.
El Gobierno de Sánchez (A) puso 53 millones para inyectar en una compañía agonizante que se llamaba «Plus Ultra». Esa compañía (B) pagó a su vez una pasta gansa a un listo (C) que era el intermediario en la operación para «facilitarles» la consecución del dinero. Y el intermediario terminó pagando unos trabajos a (Z) Zapatero y a una empresa de sus hijas . O sea A, B, C y Z. Cuatro puntos separados en espacio pero en los que es posible seguir una línea desde A hasta Z que, además, está totalmente unido a A . El fiscal Anticorrupción ha unido los extremos de esa línea formando un círculo casi perfecto por el que va a entrar –freudianamente– el largo brazo de la Justicia.
La presunción de inocencia es un derecho del investigado frente al Estado. Mejor dicho, ante la Justicia, porque ante Hacienda no se aplica. Pero no es un mandato frente a la opinión pública, que no juzga, sino que opina. Y en lo que ya se sabe todo huele como el pescado podrido.
Las explicaciones que se vienen dando en este tipo de escándalos desafía la lógica del sentido común. No es raro que se le atraganten a la gente. Por ejemplo, solo unA persona muy tonta contrataría una obra en su casa a una empresa de construcción que no tiene medios ni personal para que esa empresa, a su vez, subcontrate con otra. De esa manera se hace el primo. No solo se paga el coste de la obra sino además la comisión de la primera empresa y el margen de beneficios de la segunda.
No hay que ser un genio para darse cuenta, pero eso es lo que hizo el Gobierno de Canarias en la época de la pandemia, cuando contrató una compañía que no tenía aviones y que a su vez subcontrató a Plus Ultra, que fue la que trajo las mascarillas desde China. La trama Koldo ya estaba volando desde ese entonces por los cielos de Madrid, Canarias y Venezuela.¡Qué casualidad!
Los grandes partidos políticos que chapotean en la charca de Madrid deben considerar que los ciudadanos de este país padecen una indigencia mental irrecuperable. Por eso ya han perdido el oremus. Viven hablando estrictamente para sus seguidores más fanáticos, para alimentar el discurso del odio al de enfrente. Y mientras los Ultra Sur y los Ultra Norte se parten la cara, al país se le parte el alma. Los que se desloman trabajando para sostener este desastre empiezan a estar hasta los mismísimos de pagar tanta incompetencia, tanto mamoneo, tanto enchufe y tanta desvergüenza.
¿Quién gana con todo esto? Los radicales. Los extremistas. Jean Francois Revel predijo el fin de las democracias anunciando su deriva totalitaria y advirtiendo que los enemigos de las libertades estaban dentro del mismo sistema que les permitía ser libres. A Felipe González le acusaron de estar detrás del terrorismo de Estado que algunos decidieron poner en marcha, hartos de ir a un entierro por semana, cortesía de los del tiro en la nuca. «Si nos matan, los matamos». Si aquello fue una señal de alarma, porque un Estado no puede hacer la guerra sucia, ¿cómo se puede llamar la podredumbre que está afectando a esta democracia?
Salgan a la calle y pregunten. Los sindicatos, unos vividores liberados y unos comegambas. Los partidos, una agencia de colocaciones y un mamoneo. Los periodistas, alquilados o comprados, simples voceros. Los jueces, sectarios y del partido judicial. Los fiscales, la voz de su amo. Los funcionarios, unos vagos… Y así pueden seguir recorriendo la interminable geografía popular de la decepción, el desánimo y la cólera expresada en una descalificación global.
Un político y pensador llamado Joaquín Costa, observando la pesadumbre y el fracaso de la España del 98, anunció la llegada de un gobernante enérgico y autoritario que «sajará, resecará y amputará» los vicios políticos del país de manera drástica. Lo llamó el «cirujano de hierro». Llegaron dos. Un dictador llamado Miguel Primo de Rivera. Y algunos años más tarde, con el mismo paciente abierto en canal sobre la mesa de operaciones, otro llamado Franco.
Allá vamos. ¡Sigan suicidándose, estúpidos! Continúen dándole todas las razones a los que dicen que este desastre solo se arregla con el palo y tente tieso de un líder de hierro. Sigan convirtiendo esta democracia en una charca maloliente y disfuncional. De tanto llamar al demonio un día aparecerá. Otra vez.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Seguridad Social cambia las normas: los jóvenes de 23 años pueden cobrar el IMV, pero tienen que presentar la Declaración de la Renta
- Suspendidos los conciertos del viernes del Tenerife Music Festival por la visita del papa León XIV
- Los conciertos del Tenerife Music Festival, pendientes de un hilo: Santa Cruz de Tenerife activará su Plan Municipal de Emergencias por la visita del papa León XIV
- Vuelca un camión en la TF-1 a la altura de Güímar y provoca retenciones
- Visita del Papa León XIV a Tenerife, en directo: horario, recorrido, misa y última hora
- Primer paso oficial del nuevo Plan General de Ordenación de La Laguna con el foco en el suelo rústico
- Herido grave un trabajador tras caer desde unos 15 metros en un edificio de Tenerife
- Guía de la visita del papa a Santa Cruz de Tenerife: el puerto, última parada de León XIV en España
