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Opinión | Observatorio

José Luis Rivero Ceballos

Canarias en la trampa del bienestar bajo

I Jornadas de Bienestar.

I Jornadas de Bienestar.

Una pregunta, formulada de diferente forma, ha recorrido la ciencia de la economía desde el siglo XVIII: ¿Por qué algunas regiones progresan hasta altos niveles de desarrollo y otras no? Una respuesta, tan obvia como incorrecta, se le ocurre a cualquiera: hay países o regiones ricas porque tienen una enorme cantidad de recursos que son muy valorados por el mercado. Pero, inmediatamente se vienen a la mente multitud de casos que contradicen esta primera respuesta.

La búsqueda de respuestas ciertas y no obvias ha producido una bibliografía extensa. Los economistas clásicos se preocuparon de este asunto. Un ejemplo excepcional es la publicación en 1776 del libro de Adam Smith, Investigación sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones, así que se han cumplido 250 años de este excepcional momento.

La búsqueda de respuestas correctas no es cuestión sencilla. El Informe Anual del Banco Mundial del año 2024 se tituló La Trampa de los Ingresos Medianos. El texto da cuenta de un hecho sorprendente: una parte de las economías del mundo superaron el umbral de los bajos ingresos después de la II Guerra Mundial y cuando se suponía que transitarían hacia los ingresos altos, pararon su progresión. La trampa de los ingresos medianos nos sugiere preguntas sobre si hay trampas en otros niveles de ingresos.

El Banco Mundial señala que el tránsito hacia los altos ingresos pasa por incrementar la inversión y la tecnología, para posteriormente provocar la innovación, por ese orden. Pero, la receta tiene sus problemas cuando se intenta aplicar a economías que padecen enfermedades raras en relación con las economías de mercado. Canarias no está bien situada si se tiene en cuenta la caída de la formación bruta de capital en relación con el PIB y del stock de capital respecto a las comunidades autónomas. Por algo será. Las pequeñas economías insulares, alejadas de los grandes mercados, padecen enfermedades raras que no se curan con las recetas al uso,

Desde otra tradición del pensamiento económico, la economía institucional ha propuesto que la dificultad se encuentra en el tipo de instituciones políticas y sociales. Daron Acemoglu y James Robinson, galardonados con el premio Nobel, reflexionaron sobre la importancia de las instituciones en su conocida obra ¿Por qué fracasan los países? Distinguen los autores entre instituciones políticas y económicas inclusivas y extractivas. Señalan que las instituciones económicas inclusivas respetan los derechos de propiedad, crean igualdad de oportunidades y fomentan la inversión en habilidades y nuevas tecnologías. De esta suerte, conducen al crecimiento económico, al contrario de las instituciones económicas extractivas, estructuradas para extraer recursos de la mayoría y favorecer a un grupo reducido, no protegen los derechos de propiedad, ni proporcionan incentivos para la actividad económica.

Además, el desarrollo alcanzado no es para siempre. La literatura sobre desarrollo detecta que determinadas economías que tuvieron ingresos altos, por alguna circunstancia, cayeron en una profunda crisis. El libro de Paul Collier, Left Behind, reflexiona sobre hechos parecidos que se han producido en todo el mundo. Incluso en países considerados ricos, hay regiones que lo fueron y hoy sufren graves dificultades.

Para complicar las cosas, numerosos autores han precisado que hay una diferencia entre el valor medido en precios de los bienes y servicios producidos en una región y el nivel de bienestar de la población. Mucho antes de que el MIT encargara al Club de Roma el informe titulado Los Límites del Crecimiento, publicado en 1972, que fue un hito por cuanto señalaba la imposibilidad del crecimiento económico fundamentado en la utilización extensiva e intensiva de los recursos naturales, ya habíamos aprendido que el PIB per cápita no era un buen indicador del bienestar de la población, ni siquiera de la actividad económica. Dos contribuciones, entre muchas, vienen al caso.

La primera se refiere a la denominada paradoja de Easterlin. Easterlin publicó en 1974 un artículo en el que sostiene que, a partir del momento en el que las necesidades básicas de la población están cubiertas, los incrementos del PIB no producen proporcionalmente una mayor felicidad en la población. Esta paradoja ha dado paso a un debate continuo. La segunda es el informe encargado en 2008 por el expresidente de Francia, Nicolas Sarkozy, a tres prestigiosos economistas, Amartya Sen, Joseph Stiglitz y Jean Paul Fitoussi, sobre la medición del desarrollo económico y el progreso social. El informe expone la necesidad de que para medir el bienestar de la población hay que tener en cuenta un alto número de indicadores y no sólo el PIB per cápita. El Informe se fundamenta en el conocido enfoque de las capacidades y ha inspirado programas de la Unión Europea y la OCDE.

Dos palabras sobre Canarias. La renta disponible ajustada está muy por encima del límite máximo de ingresos medianos de los países de mundo, esto es, es una región de ingresos altos comparativamente hablando, pero por debajo de la media del conjunto de España y la Europa comunitaria. Podemos decir que desde esta referencia política e institucional estamos en una trampa de los ingresos bajos desde hace años.

Considerando el PIB per cápita puede decirse que Canarias padece la trampa del PIB per cápita bajo respecto a la UE y España. Canarias fue una región relativamente próspera respecto a España, pero desde mitad del siglo pasado no lo es. No se ha podido progresar hacia niveles medios o superiores.

La segunda cuestión se refiere a la gran transformación política e institucional que se produjo a finales de los años setenta: el paso a la democracia y al Estado de las autonomías. Las instituciones democráticas son un recurso económico valioso, con independencia de otros valores. Convendría saber hasta qué punto las instituciones en Canarias son inclusivas y extractivas.

Y el tercer ámbito se refiere a la relación entre crecimiento económico y bienestar. Para comparar, podemos recurrir a una publicación del INE denominada Indicador Multidisciplinar de Calidad de Vida. Compara nueve dimensiones de la vida social y 58 indicadores en su última versión. Canarias en el año 2024 sólo supera a Ceuta y Melilla.

Así que algo nos pasa. A pesar de los avances en las condiciones de vida, de las mejoras institucionales, de la extensión de la educación y la sanidad, de la innovación tecnológica, del mejor conocimiento del medioambiente, de la mejora de la movilidad, y de tantos otros aspectos, la comparación con las áreas políticas e institucionales a las que pertenecemos no devuelve una buena imagen.

Una mirada retrospectiva de largo alcance indica que las Islas tuvieron una actividad económica superior a la media española antes de la Guerra Civil española. Pero, los acontecimientos posteriores, desde el periodo de autarquía hasta la apertura posterior de la economía española a la internacional, hicieron caer esta diferencia favorable. En términos absolutos, la renta media creció, pero la diferencia per cápita se mantuvo por debajo. Así que el siglo XXI ha sido un siglo de divergencia con la economía española y europea, especialmente desde la crisis de 2008. Además, los indicadores de nivel de bienestar colocan a las Islas por debajo de la media española.

La gran pregunta es si deberíamos perseguir la convergencia de ingresos y producto medio a toda costa, en consecuencia, si estamos en una trampa que debemos evitar o conviene dar prioridad a otros indicadores de bienestar. Es posible que ignorando los costes medioambientales no se consiga, al menos esta es la experiencia reciente. Quizás deberíamos pensar si nuestras instituciones son inclusivas o extractivas y hasta qué punto. Hay preguntas pertinentes, pero las respuestas pueden tardar tiempo en llegar. De momento, la gran aportación de conocimiento sobre las Islas permite sólo avistar algunas respuestas.

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