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Opinión | Tribuna

Hace 90 años Tenerife cambia en España República por Dictadura

Insignia del uniforme de los republicanos españoles destinados a esta compañía del ejército británico.

Insignia del uniforme de los republicanos españoles destinados a esta compañía del ejército británico. / Wikimedia

Uno de estos días, hace 90 años, sentados en un banco de elegantes azulejos de estilo sevillano del patio de la Comandancia Militar de la Plaza Weyler de Santa Cruz de Tenerife, dos militares comentaban discretamente, casi al oído, los acontecimientos acaecidos tras la llegada a Tenerife el 13 de marzo de 1936 del general Francisco Franco, nombrado por el presidente de la República, Manuel Azaña, para mandar en el Ejército y la Guardia Civil de Canarias.

Llegó precedido de la dura fama que tenía en el ambiente castrense por haber participado en las guerras del Rif en Marruecos entre 1912 y 1927, comenzando de teniente y llegando a general, siendo precisamente el marco del Protectorado español quien le favoreció una rápida carrera militar.

Luego, en 1934, fue el encargado de aplastar la insurrección obrera de Asturias, motivo por el que las izquierdas isleñas no lo recibieron con mucho cariño por la brutal represión con que actuó, pero sí las derechas antirrepublicanas, que lo veían idóneo para defender sus intereses y frenar los avances en la izquierda del prometido reparto de la riqueza.

—Cuando Niceto Alcalá Zamora, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones generales de 16 de febrero, a propuesta del ministro de la Guerra, firma el 21 de febrero el traslado a Canarias de Franco, se supone que, por resultarle incómodo, lo aleja de Madrid -comenta el teniente coronel de Infantería Alejandro Tocino.

—Puede ser -asiente el comandante de Artillería Jorge Cabrera-. Franco era jefe del Estado Mayor del Ejército, y, al considerar como un destierro este destino, en su despedida de Azaña le advierte que hace mal en apartarlo, ya que, por su ascendencia sobre los principales sectores militares, podría contener cualquier intento de sedición y suavizar el ambiente de malestar en el Ejército contra el Frente Popular.

—¿Sabías que Franco fue tentado por la política para presentarse a diputado a Cortes por Cuenca en las elecciones generales? -pregunta Alejandro Tocino.

—Sí, algo oí, pero parece ser que fue su concuño Ramón Serrano Suñer -casado con Ramona Polo Martínez-Valdés, hermana de Carmen Polo, esposa de Franco-, quien lo convence de que era mejor para él seguir la carrera militar que dedicarse a la política, donde apenas tenía apoyos, con lo que retiró su candidatura.

—Bueno, pero nosotros a lo nuestro -susurra Tocino al oído de Cabrera- ¿Sabes algo de que el coronel de Estado Mayor Teódulo González Peral está reforzando la vigilancia de la Comandancia Militar con oficiales que acompañan a Franco a todos los actos que asiste por miedo a un atentado?

—Sí -asiente Cabrera, bajando la voz-. Hasta la Falange proporciona puntualmente señoritos falangistas. La Guardia Civil ha detectado que en una reciente reunión de elementos amigos de Rusia se acordó el asesinato de Franco, incluso algunos anarquistas se ofrecieron voluntarios. Por eso, Peral, al enterarse del nombramiento de Franco como comandante militar, visitó al gobernador civil, Manuel Vázquez Moro, para solicitarle vigilancia policial, a lo que este accedió, reforzando la presencia de guardias de Asalto en la Comandancia Militar.

Así las cosas, en un clima de crispación social, Franco, si bien con dudas, decide unirse a la sublevación militar conocida por el Alzamiento contra el Gobierno republicano, y desde Tenerife primero marcha a Las Palmas, y luego, de Gando a Marruecos como jefe del Ejército de África, desde donde invade la Península, lo que hace que España sufra una atroz guerra civil entre el Ejército golpista y el republicano, que acabó con este y la República, y trajo a España cuarenta años de dictadura, exilio y retraso.

Poco tiempo necesitó Franco en Tenerife para, siguiendo instrucciones desde Pamplona del general Mola, organizar una sublevación de militares contra la República y derrocarla. Solo cuatro meses, desde el 13 de marzo al 18 de julio de 1936.

A las cinco en punto del amanecer del 18 de julio, las botas de militares golpistas despiertan a los santacruceros desfilando desde el Cuartel de San Carlos y la Comandancia Militar al Gobierno Civil de la plaza de la República, que asaltan, deteniendo al gobernador civil, Manuel Vázquez Moro, y a su secretario, Isidro Navarro, luego fusilados, mientras el alcalde, José Carlos Schwartz, es desaparecido, comenzando así una violenta represión hasta entonces desconocida en el noble pueblo canario.

*Autor del libro Entre primaveras. Historias noveladas de la Guerra Civil en Canarias

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