Opinión | El recorte
El candidato

El ministro Ángel Víctor Torres atiene a los medios de comunicación. / Quique Curbelo / Efe
Ángel Víctor Torres, tras unas disputadísimas primarias consigo mismo, ganadas por aplastante mayoría, se ha declarado candidato del PSOE al Gobierno de Canarias. Le faltó añadir, con su tradicional retranca, «salvo que en el año que falta me metan una cornada judicial por la taleguilla, como a otros».
El ya famoso empresario Víctor de Aldama declaró ayer en el Juzgado Central de Instrucción número 2 de la Audiencia Nacional sobre los contratos de material sanitario adjudicados por Canarias y Baleares. Y entre otras cosas aprovechó para darle un meneo a Torres, a quien quiere poner de nuevo en el candelero mediático.
El ministro canario, con prodigiosa habilidad, se ha aferrado a una imprevista tabla de salvación mediática que le lanzó sin querer el propio Aldama. Se le ocurrió deslizar que Torres había estado en un piso madrileño, en Atocha, reunido con empresarios corruptos y de fiesta con unas señoritas integradas en el movimiento feminista del socialismo, rama Ábalos. No solo es que parezca muy poco probable, en el caso de Torres, sino que el ministro ha ofrecido pruebas de que no estuvo el día que dijeron que estaba.
La pestilente nube de ese morboso bulo ha ocultado otras anomalías que sí se ven en el caso de los tapabocas. El Gobierno de Canarias compró mascarillas, en algunos casos inservibles para uso sanitario, pagando precios desorbitados, incluso en un mercado que estaba disparatado. Encargó ese material sanitario a unos empresarios que formaban una trama corrupta, a quienes se les pagaron más de doce millones de euros. Y adjudicó el transporte del material, desde China, a una compañía que no tenía aviones y que subcontrató casualmente a Plus Ultra, esa compañía al borde de la quiebra cuyo polémico rescate ha llevado a Zapatero ante la Justicia. ¿Casualidades o causalidades?
Los mensajes entre el presidente de Canarias y Koldo García, asesor de Ábalos, fueron impropios. ¿Qué hace un presidente autonómico hablando con un asesor ministerial del pago de facturas a empresa privadas? ¿No le pareció extraño a Torres que Koldo García se desviviera con inusitada reiteración para que se abonaran esos doce millones de euros de material sanitario a unos empresarios? ¿Quién presentó las ofertas de esas empresas y quién las eligió, a dedo, de entre todas las que se recibieron? Para conocer la respuesta a todas estas preguntas, por lo visto, habrá que esperar a que las plantee un juez. Y lo hará.
A día de hoy creo que Torres no metió la mano, pero sí la pata. Que jugó el papel de tonto útil, aunque de tonto no tenga ni un pelo. Que pensó que el partido le estaba pidiendo que se mojara con unos recomendados. O que quiso quedar bien con Ábalos. Y todo eso también tiene tela.
Que Torres haya anunciado su candidatura es un ejercicio de entrañable ingenuidad o de inquebrantable optimismo. Aquí no hay dios que sepa lo que va a ocurrir la semana que viene. Trump, por ejemplo, podría terminar secuestrando a Clavijo con un helicóptero de los marines. Y esa sería la única manera en que Torres podría negociar con los alegres ratones nadadores de Coalición Canaria un pacto de Gobierno.
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