Opinión | Retiro lo escrito
La viabilidad de Canarias

Estudiantes migrantes en la FP de Cocina y Restauración del CIFP en Santa María de Guía / Andrés Cruz / LPR
Un reciente informe de Funcas nos cuenta algo que parece casi contraintuitivo: la inmigración no rejuvenece el mercado laboral canario, de hecho, no evita que la demografía canaria siga envejeciendo inexorablemente, lo cual supone una amenaza jodida para su viabilidad como país, su prosperidad económica y su convivencia social en un espacio cada vez más multicultural. No hay motivos para el asombro. Los inmigrantes también envejecen, también tienen menos hijos. Primero hay que tener en cuenta una observación con carácter casi universal: las tasas de natalidad han caído en una amplia mayoría del planeta. Como señala Jesús Fernández Villaverde, la fertilidad está cayendo en los países ricos y pobres, en países seculares y religiosos, en países con altos y bajos niveles de igualdad de géneros. Y el declive se ha acelerado desde 2014. Para el economista español que ha hecho una admirable carrera académica en Estados Unidos la clave está en que la modernidad «es incompatible con la fertilidad a nivel de remplazo: modo de trabajo, estilo de vida individualista, encapsulamiento en redes sociales, privilegio del consumo inmediato». La tasa de reposición se ha hundido en la última década incluso en la India. De modo que los inmigrantes hispanoamericanos, centroeuropeos e incluso los africanos que llegan a Canarias proceden ya de países o regiones donde la tasa de fecundidad se ha desplomado asombrosamente. Y una vez instalados en las islas no van a tener tres, cuatro, cinco o seis pibitos. Tendrán uno si acaso. La pareja de menos de treinta años en nuestro país tiene un descendiente y poquísimas ganas de traer más al mundo. En realidad Canarias padece una de las tasas de fecundidad más bajas de España y de la Unión Europea, 0,82 hijos por mujer, mientras que la media española está congelada en un 1,1. Esta tasa incluye a los inmigrantes que llegaron a las islas en la primera década del siglo XXI, por supuesto. La situación es extraordinariamente delicada. El envejecimiento demográfico es un fenómeno estructural, no temporal. La inmigración solo lo mitiga muy brevemente. No es un accidente, sino un rasgo característico.
Es difícil y generalmente inútil criticar en este sentido al progresismo buenista. Las monsergas habituales indican que esa gente se paga su seguridad social y sus impuestos y eso ayuda a sostener los servicios del Estado de Bienestar. Lo cierto es que su aportación es cuantitativamente muy modesta, porque en mayoría realizan trabajos humildes y mal pagados, sobreviviendo en parte en la economía sumergida. Si se toma un periodo de una veintena de años su aportación neta al sistema o no existe o es marginal después de varios lustros facilitándoles educación y sanidad gratuitas, por no hablar de programa y subvenciones de apoyo a la naturalización de los migrantes, a su plena incorporación a la nueva sociedad. También los procesos de reagrupación familiar han envejecido la edad media de la población de origen migrante.
Las únicas soluciones ante una proyección que señala que en los próximos quince años se instalarán unas 250.000 persona más en un archipiélago donde ya no hay cama, ni suelo, ni recursos para tanta gente. Primero articular una estrategia política para conseguir en Bruselas instrumentos jurídicos que puedan limitar nuevos residentes en Canarias. Y segundo, la propia transformación de la economía isleña en esos próximos quince años: modernización empresarial, más fondos públicos para I+D+i en las universidades, más innovación en proyectos del sector aeroespacial, las nuevas energías, la creación audiovisual, la sanidad hacia el mercado africano, el turismo digital. También el aumento de la productividad y el PIB per cápita es una vía para la sostenibilidad de la economía canaria y la creación de un empleo de calidad, tanto para los canarios como los que puedan seguir viniendo en una inmigración ordenada y capaz de empujar ese PIB y contribuir de verdad al fortalecimiento de la cohesión social de Canarias. Antes de mediar el siglo sabremos si hemos vencido o fracasado.
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