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Opinión | Retiro lo escrito

Nada de rupturas

Valido (CC) en el Congreso de los Diputados.

Valido (CC) en el Congreso de los Diputados. / COALICIÓN CANARIA

Canarias no puede permitirse «romper las relaciones» con el Gobierno central. A algunos, por lo visto, es cuesta diferenciar niveles. Los que importan en esta tesitura son tres: las relaciones entre el Gobierno autonómico y el Gobierno español; la actitud de la diputada de Coalición, Cristina Valido, frente a los socialistas en una situación de inestabilidad parlamentaria que perjudica y debilita a Pedro Sánchez; y por último, las relaciones entre CC y el PSOE en España y muy en especial en Canarias. Por supuesto, los tres espacios no son compartimientos estancos y se influyen y se condicionan entre sí. Pero desde un punto de vista operativo (y de análisis) distinguirlos se antoja relevante.

El Gobierno autonómico no puede suspender contactos y negociaciones porque saldría perdiendo y perdería, asimismo, la comunidad canaria frente al Estado. Después de dos años y medio de legislatura sanchista, el balance no es pésimo, pero tampoco muy satisfactorio, pese a la testarudez negociadora del Gobierno y, en especial, de su presidente, Fernando Clavijo. Sánchez no ha sido particularmente comprensivo y atento con Canarias; lo ha sido menos, desde luego, que Rodríguez Zapatero y que Felipe González. Toda la estrategia política, legislativa y presupuestaria de Pedro Sánchez se ha basado en la aritmética parlamentaria, en la imperiosa necesidad de mantener contentos a socios tan dispares como Podemos -hasta su salida del gabinete-, Sumar, el PNV. Bildu, Junts per Catalunya y Esquerra Republicana.

El solitario voto de CC a favor de su investidura en noviembre de 2023 fue y es complementario, pero no decisivo. No la llave de un gobierno sino, como dijo Enric Juliana, un llavín, de un valor real, pero limitado. En el bazar de Sánchez, por tanto, CC está a punto de ser un socio pero no termina siéndolo, está próximo a ser necesario pero solo resulta, a veces, muy conveniente. Si los coalicioneros tuvieran cuatro o cinco escaños sería diferente, por supuesto, pero no es el caso. Porque además a Sánchez le desagrada la sola idea de un nacionalismo hegemónico en el sur. Ya tiene suficientes con los del norte, a los que respeta más por la potencia de su representación y por su capacidad -ahora adormecida- para la insurrección. Por todo eso es sustancialmente cominero con CC y no demuestra excesivo respeto o consideración institucional hacia el Gobierno canario. El incidente provocado por el brote de hantavirus en el crucero MV Hondius, recibido en Tenerife por decisión del Gobierno español, es simplemente el último estabón. Pero el Gobierno autonómico no puede ni debe cejar en asuntos estratégicos como la negociación y aprobación en Cortes del decreto Canarias o conseguir la garantía de que Madrid se mojará para que sus intereses básicos sean salvaguardados en el nuevo Marco Financiero Plurianual de la UE (2028-2034). Romper las relaciones vale como una expresión retórica que carece de verdadero sentido político. La gestión de Valido en el Congreso de los Diputados también se ajustará a los avances o retrocesos en estos objetivos fundamentales a corto y largo plazo.

Lo de las relaciones entre CC y el PSOE canario es distinto. La crisis de confianza de Clavijo y sus compañeros se materializa más rotundamente en el espacio regional. Para complicar más la situación un sector del PSOE alienta y practica una bulla grosera e incesante, empecinada no en la crítica política, sino en la destrucción individual y la burla personal, que escupe estúpidamente hacia arriba. Aplaudida y legitimada por la secretaria de Organización, Nira Fierro, este grosería pueril y golfera es practicada por dirigentes como Patricia Hernández, a la que le trae sin cuidado que el PSOE regrese un día al Gobierno. Le basta con controlar con técnicas bochornosas (y ya denunciadas) la agrupación socialista de Santa Cruz de Tenerife para exigir un lugar en la lista al Parlamento, seguir en la Mesa de la Cámara y levantarse seis mil euros mensuales. Dan para muchas camisetas de ratitas (y muchas clases de pilates) 6.000 euros al mes.

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