Opinión | En el camino de la historia
Confusión y extrañeza ante el brote de hantavirus

Ingresada una mujer de 32 años en el Hospital de Sant Joan como caso sospechoso de hantavirus vinculado al crucero / Alex Domínguez
Cuando las razones que se dan, las medidas que se proponen y los arreglos que desde la distancia se discuten sin que lleguen al Gobierno de Canarias que quiérase o no será el eslabón terminal donde, ojalá que no, se pueda reiniciar la cadena de transmisión vírica, no estaremos en una etapa sanitaria de plena claridad y evidencia.
Sino que es el ordeno y mando del gobierno de España a instancias, dicen, del director general de la OMS, que en lo concerniente al brote de hantavirus en las actuaciones sanitarias, hay que decir que lo que ha protagonizado la situación es la confusión, el acercamiento a Cabo Verde, sus negativas, lo mismo que Marruecos, que hizo que llegaran a Gando aviones con enfermos y por sorpresa, antes que el barco al puerto de Granadilla.
Y si además, algunas de las acciones técnicos-sanitarias a desarrollar, sin que existan asesores concretos, ni siquiera la Agencia Estatal de Salud Pública que lleva estancada sin estatutos y sin sede, que prometió Sánchez tras la pandemia del Covid-19, vemos de nuevo al predictor fallido, Fernando Simón, como director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, es para que la tranquilidad se ponga en cuestión.
Apareciendo las contradicciones que surcan las olas que mecen el Hondius que le han hecho navegar desde su inicio, el 1 de abril con 114 pasajeros y 61 tripulantes que embarcaron en Ushuaia hasta su llegada al Puerto de Granadilla, donde la extrañeza no dejó de acompañarles.
Y más aún cuando aparece en escena el doctor Simón, que fue el que llevó el peso de la pandemia del Covid-19, retrasando las actuaciones hasta el 15 de marzo para no interferir la manifestación feminista como el día de la mujer celebrada antes del confinamiento.
Y mientras se estaba luchando contra el coranovirus, en determinados países, aquí, nos decían, no tendríamos problema alguno porque apenas unos cuantos casos aparecerían en la cadena de trasmisión infecciosa; eso sí, muy alejados de las 122.000 muertes en España y de los 3.000 fallecidos en Canarias.
Además de los afectados por el síndrome del Covid persistente que dejó secuelas y muchas de cierta gravedad, sobre todo, en lo concerniente a la salud mental.
Por ello, la población canaria está escaldada porque el Covid que empezó en la isla de La Gomera se reimplantó en un hotel del sur de Tenerife y tras las cuarentenas y protocolos establecidos no dejó que la improvisación, la falta de equipos y material adecuado fuera patente, sufriendo retrasos, como el barco que desde hace 22 días ha sido portador del hantavirus.
Me refiero al barco por sí mismo como cápsula de trasmisión, por los pasajeros, por contactos a bordo, por las arribadas a diferentes sitios y por cualquier rescoldo donde habitan los roedores que trasmiten el virus, que una vez que todo aparentemente ha quedado solucionado, y verificadas las consiguientes PCR, ojalá, todo se haya finiquitado con tracas de entusiasmo, al que habrá que poner en cuarentena.