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Opinión | Aquí una opinión

Nuestro parque García Sanabria

Inauguración de la exposición de flores y plantas del parque García Sanabria

Inauguración de la exposición de flores y plantas del parque García Sanabria

La pasada semana me apunté a uno de los itinerarios que, guiados por educadores ambientales especializados y en el marco de las Rutas de Árboles Singulares, organiza este año la Fundación Santa Cruz Sostenible, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y la Fundación Moeve.

La posibilidad de estos amenos paseos nos obligan a mirar de forma diferente lo que cada día contemplamos desde la prisa de lo cotidiano o que dejamos pasar desapercibido por la agitación mental a la que nos hemos mal acostumbrado. Esa acelerada forma de querer, permanentemente, estar en camino hacia otra parte. La naturaleza percibida como algo lejano del entorno de las ciudades teniendo, tan cercano, a un hermosísimo y ya centenario parque, el García Sanabria al que rodeamos para ir, muchas veces, a alguna irrelevante actividad sin aparente tiempo para darle su importancia a árboles, plantas, o a los pájaros que aún quedan desde que se permitió la proliferación de esa especie invasora de estruendosas cotorras verduscas.

Fuimos guiados por una educadora ambiental que nos hizo “escuchar” la estética del lugar como si fuese la primera vez que lo transitábamos. Caminamos de árbol en árbol o mejor, de descubrimiento en descubrimiento de todo aquello que solemos mirar sin apenas ver.

Durante un par de horas nos perdimos en ese universo botánico, aprendiendo nombres de árboles, plantas tropicales, flores habituales a la vista pero innominados para nuestro conocimiento: támaras, plumerías, ceibas… alzando la vista para saludar con los ojos y como merecen, a la inmensa palmera exterior que cumple aún más años que el propio parque o el recio tamarindo de uno de los paseos, como su residente más antiguo…

También las anécdotas que convirtieron esta aventura en una jornada fascinante, como todo lo que nos sucede cuando la vida va lenta: el porqué de que a esta palmera se le conozca como “viuda” o aquel drago como “pata de elefante” o ese cactus como “asiento de suegra”; y muchos más: la lanza africana, el palo borracho, el candelabro… Hubo momentos en los que examinamos troncos, siguiendo la charla de la guía, como si fuesen monumentos artísticos. O puede que lo sean y que, de ahora en adelante, yo, por lo menos, les conceda esa merecida estimación. Nada hay más mágico que un descubrimiento y dudo que, a partir de ahora, lo cruce sin mirar a todo este mundo que se abre en el parque más grande de Canarias.

Terminamos la ruta junto a un impresionante ejemplar con raíces aéreas a quien acompaña, muy cercano, un humilde pitanguero que exhibía sus rojos frutos como brotados todos a la vez. Una hermosa despedida para una aventura urbana en una ciudad que tan necesitada está de olvidar, por unas horas, esa proliferación de obras (en las ramblas, en la avenida de Anaga) interminables y lentísimas que muy pocos entendemos y que todos sufrimos.

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