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Opinión | El recorte

Cuando se vaya la tele

La OMS insiste en que el riesgo del hantavirus para la población mundial es “absolutamente bajo”

La OMS insiste en que el riesgo del hantavirus para la población mundial es “absolutamente bajo”

Los canarios, a pesar de lo que piensen algunos godos, no son tontos. Detectan fácilmente cuando alguien les intenta vender un burro cojo. Con el asunto de virus del que estamos hartos de hablar –y lo que nos queda– se nos ha dado un abundante riego mediático de declaraciones tranquilizadoras y peticiones de sosiego. Que si el hantavirus no es para tanto. Que no debemos dejarnos llevar por el miedo. Que todo está controlado. Que la seguridad es absoluta. Lógico, si estás a mil kilómetros del problema.

No es para tanto, pero la Organización Mundial de la Salud se ha puesto en estado de alerta. Los canarios no deben tener miedo, aunque Cabo Verde se quitó el barco de encima. No hay riesgo, pero Marruecos denegó el aterrizaje de un avión medicalizado que llevaba dos infectados. No pasa nada, aunque algunos políticos hayan pedido a Moncloa que ni de coña les llevara el barco a sus puertos. Es un virus poco peligroso, pero se está persiguiendo por todo el mundo el rastro de los pasajeros del crucero que se marcharon a sus países e investigando al pasaje de los aviones en los que viajaron. No se alarmen, pero de ocho infectados tres la han palmado. Todo pura coherencia.

Un portavoz sanitario dijo esta semana: «Hemos aceptado (el barco) porque somos el país más cercano con las condiciones adecuadas y porque alargar la estancia de las personas en el barco puede provocar un estrés psicológico innecesario».

Merece la pena despiezar esa frase. El país más cercano no es Canarias: es el que se eligió desde Madrid, que no es lo mismo, ni es igual. Las «condiciones adecuadas» no aluden a que tengamos –como tenemos– una sanidad del primer mundo, porque los viajeros del Hondius no van a ser hospitalizados, sino a que disponemos de un aeropuerto internacional. Pero esa misma infraestructura también existe en Cabo Verde. Y como «alargar la estancia de las personas en el barco puede provocar un estrés psicológico innecesario» cabe preguntarse por qué no evacuaron a los viajeros desde Cabo Verde y decidieron «alargar la estancia» y provocar «estrés psicológico» durante cuatro días más de navegación. La respuesta, muy sencilla, es que un país miembro de la OMS, Cabo Verde, no quiso saber nada del asunto y otro miembro, España, ofreció a Canarias. Fin de la historia.

Así que el barco afectado por el brote de hantavirus estará hoy en Tenerife porque todo el mundo se ha quitado de en medio. Es muy fácil ser solidario cuando lo haces en cabeza ajena. Y mandar el crucero al puerto de una isla es muy conveniente, porque se trata de un territorio fácilmente controlable a efectos sanitarios. Mucho más que un puerto en territorio peninsular. Sencillo de entender.

Habrá que estudiar los errores iniciales cometidos en esta crisis sanitaria, con docenas de cruceristas que pudieron abandonar el barco a mitad de travesía, cuando ya había contagios. Es una suerte que la transmisibilidad del hantavirus sea tan baja, porque se podría haber producido una expansión desastrosa.

Pero esos errores ya son historia. Hay un gran operativo de seguridad organizado en nuestra isla. Se ha anunciado una «evacuación express» de los pasajeros, aunque algún país haya estado remiso a la hora de organizar el vuelo para llevarse a sus ciudadanos. Y la mitad de la tripulación –treinta personas– también saldrá del barco, que se quedará con el mínimo de personal para poder navegar hacia Países Bajos, donde está abanderado.

La isla de Tenerife se comerá el marrón, consciente de la obligación moral de atender a esas personas ante las que otros –y no solo en Cabo Verde– han escurrido el bulto. Pero seamos sensatos: a pesar de que el riesgo cero no existe, los estrictos protocolos sanitarios garantizan un alto nivel de seguridad.

Lo realmente importante es que una vez solucionado el problema de los pasajeros, el Hondius se mande a mudar rápidamente hacia su último destino, en Países Bajos. La prisa no es por el miedo al hantavirus, sino al desinterés. No vaya a ser que cuando dejemos de ser noticia en los medios de Madrid y se apaguen los focos, el muy humanitario Gobierno Peninsular haga mutis por el foro, dejándonos con el barco y mirando para Cuenca.

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