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Opinión | Risas y fiestas

Aida González Rossi

Presente presente

Presente presente

Presente presente / Adae Santana

Termino de leer Amistad para adultos (Shiro Libros, 2024) de Nao-Cola Yamazaki. Me pongo a ver el capítulo nuevo de Euphoria. Empiezo Tiempos de aburrimiento (Alpha Decay, 2026) de Jenifer Becker. Hay una escena en la que la prota ve muchas película seguidas, así marca la autora el paso del tiempo, en vez de decirte «esta persona lleva todo el día ahí botada consumiendo contenido maniacamente» busca que seas tú quien calcule el volumen de minutos transcurridos en esa única sentada en el sillón. Me digo que eso ya lo hizo Ottessa Moshfegh en Mi año de descanso y relajación (Alfaguara, 2018). Es una escena muy impactante. Te das cuenta de que transcurren días, y te aterra. Conoces la tensión esa tras los ojos, ¿cómo se llamarán los músculos esos que hay tras los ojos? Ay, cálla(t)(m)e. Intento no distraerme, seguir jalando del hilo que tenía ya agarrado, y chilla alguien en la calle. Empieza una ventolera repentina, y como tengo la ventana sobre el cabecero de la cama veo pasar cientos de floritas blancas del árbol de al lado de la mini placita cespedosa de colillas y sombras de ferruja de ex latas de Fanta que vivieron ahí y ya no viven porque alguien con su buena fe se agachó pf la ciática y las trasladó a un cubo de basura que sí que vacían a diario, menos los domingos, eso pensaba yo, pero en realidad solo es que en mi edificio los festivos no ponen el cubo por fuera de la puerta para que tú salgas y encestes la bolsita en un segundo sin pensarlo y sin andar al container más cercano que igual está lejos y chorreas todo y. Nomequierodistraer. Sigo arrastrando la mirada (gracias a los músculos extraoculares, sí, ok, lo busqué) por Tiempos de aburrimiento, sigo pensando en lo bien que me parece que la autora haya hecho un guiño a ese recurso de Ottessa Moshfegh, liña tendida de un libro al otro y de repente entiendo que es una especie de referencia fanfic para señalarnos que ambas historias están relacionadas. Algo muy actual, pues ahora el presente es un rebujón de cosas pasadas que nos siguen hiperventilando. Referenciamos y recontamos. Partimos del fracaso, de que esos relatos quizá ya no nos contienen o incluso de pura repetición nos aburren ya un fisquito, y no queremos que nos aburran porque han sido nuestro todo y vamos a pellizcarlos, actualizarlos, romperlos a mordidas de dientes de leche que cayeron y quedaron pudriéndose en la tierra de una placita que observamos desde el balcón de adultas, tomando café con leche porque el café solo ya nos empezó a dar reflujo, y no fumando porque ya dejamos de fumar hace unos añitos buenos, empezamos, nos sentimos mayores y arregostosamente ruines, y pasaron los años y vimos que teníamos que arrugar la última cajita y botarla contra el container más cercano que igual estaba lejos pero todavía meh. Acabo pensando en Amistad para adultos mientras me rasco los pelos. Es una especie de novelita formada por tres cuentos, y dos de ellos dan vueltas alrededor del choque de rozar la treintena, uno reflexiona sobre los vínculos que nos llenaron pero ya no nos llenarían (y con ellos hacemos fanfiction, intentando actualizarlos, pero), y el otro sobre abandonar las expectativas para poder cre. Cer. Venga a arañarme el cuero cabelludo, a fantasear con la idea de tener piojos. Horrible, ¿no?, pero alguien tendría que venir a ayudarme a pasarme el peinillo, a explotarlos a ver si vida y sangre y yo con eso podría abandonar esta creencia de que el presente me jala por el labio de arriba hacia arriba y por el de abajo hacia abajo para vertérseme dentro. Viento, más floritas, sigo aquí echada. La temporada nueva de Euphoria es rara, los personajes ahora tienen mi edad (creo que son más jóvenes, pero sus conflictos son de gente de mi edad) y no conecto con ellos. Los quiero zarandear a ver si se espabilan un fisco. No es eso. Este presente. Sigo leyendo Tiempos de aburrimiento para espabilarme yo, porque qué fuerte que una novela piense tan bien el casi-presente (la saturación digital, la vulnerabilidad ante las conspiraciones, lo que nos hizo en la cabecita el covid) de forma tan envolvedora. Climática. Desdibujadamente precisa. Normalmente el presente se nos escurre, no lo vemos, porque la ansiedad nos chasca que te chasca y encima nos distraemos: el presente es un párrafo enorme caótico que no sigue hilo ninguno y sin embargo al releerlo pues sí que había, oye, es verdad… Quizá las tres ficciones que hoy me están empeorando la dermatitis seborreica (también lo busqué, lo admito) hacen lo único que se puede hacer con este hoy de hoy: fotografiarlo con la lente empañada, pasar de la notificación de Limpie la cámara frontal y asumir que la confusión no es una distracción, sino parte. Igual no tiene que obligarnos a renunciar. n

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