Opinión | Análisis
Fernando Clavijo y la gestión del miedo

Clavijo insiste en que el crucero con hantavirus no debería desinfectarse en aguas de Canarias
Me parece sorprendente que, en la actualidad, no conozcamos cómo funcionan las motivaciones humanas dentro de la política. Parece que nos resulta fácil interpretar que las personas son muy complejas, y que la decisión de dirigirnos a una polarización del voto está vinculada a unos análisis detalladísimos, que hacemos antes de decidir nuestro voto. En realidad, votar no es más que el resultado final de un brutal proceso emocional.
Escribiendo este artículo, reflexiono desde la perspectiva de la ciudadanía. Desde la realidad actual, vinculada a una noticia que ha puesto a Canarias en los titulares de la opinión pública. La cuestión que se analiza es la posible llegada a las Islas de un barco -MV Hondius- con un brote de un peligroso virus abordo, algunos de sus pasajeros fallecidos y otros en un estado de salud dudoso y activo; lógicamente, en la población se ha generado inquietud y desconcierto, activándose un estado de preocupación que demanda certezas y buena información.
La seguridad y la sanidad son dos pilares esenciales que mueven inconscientemente al ser humano, a la persona que vota. Algo tan esencial para la persona debe de ser liderado -con ese nivel de fuerza necesario por los mandatarios políticos-; las declara-ciones son necesarias desde un plano de protección, seguridad y reducida incertidum-bre.
Nos tenemos que hacer muchísimas preguntas y ser muy didácticos en momentos así. Ante una situación de preocupación, no es válido que un cargo público ofrezca una opinión política, debe de estar acompañada de una opinión reputada y técnica; hemos caído en el vacío de que el líder político sabe de todo, una postura muy arriesgada y mínimamente exitosa. Esto conlleva que nos preguntemos si finalmente la decisión que se toma es una decisión política o una decisión por el interés general de la sociedad. O incluso, si estuviéramos en plena campaña, ¿qué decisión se tomaría? Si desvirtuamos las razones de la decisión nos volvemos poco confiables como gestores públicos.
VOX no es un fantasma, y cuidado con olvidarnos de que existen personas de diferen-tes pensamientos ideológicos que siguen en determinadas circunstancias sus opiniones. Muchas personas pueden etiquetar una opción o hacer una valoración determinada, cuando lo más inteligente y estratégico es hacer por entender qué mueve esas adhesiones, qué encuentran las personas en esta opción para mantener sus apoyos, ¿para qué se produce esa conexión?... Las estrategias se construyen desde el enten-dimiento y no desde el ataque o la confrontación. Me parece muy complejo pretender atraer a un votante de VOX, sin entender qué mueve a esa persona a generar esa adhesión. Y también me parece sorprendente cuando públicamente se minimiza la percepción de estas candidaturas; quizás nuestros cuidados deberían de ser una muestra de respeto hacía esa ciudadanía que supuestamente queremos rescatar.
La polarización no se basa en la ira de forma completa, está compartida con una sen-sación de soledad enorme. La soledad es un sentimiento que, cuando aparece, agrupa sensaciones de poca protección, abandono, reducida conexión, tristeza, incompren-sión, miedo o aislamiento, entre otros factores. Para algunos partidos políticos, VOX representa el miedo a algo, pero para parte de la ciudadanía precisamente VOX es el refugio para sus miedos. La política es un juego de perspectiva; gana la candidatura o partido político con capacidad de situarse en visiones distintas… El sentimiento de soledad es muy peligroso, básicamente, porque provoca que la persona se sienta fuera de la participación en la sociedad y en la política.
El barco puede estar navegando o no, atracando en aguas canarias o no. Realmente, lo importante es la gestión de la certidumbre que hayamos hecho como representantes políticos, responsables y líderes de una sociedad ya incrédula. La decisión del gobierno central de imponer la llegada del barco ha sumido a la población canaria en una desprotección psicológica; una reducida empatía y compasión en su puesta en escena, desde la frialdad de las declaraciones de dos ministros, alejadas del sentimiento de protección de una ciudadanía que se siente insegura. Desde un análisis injusto, basado en la desnudez de valores, hacia un gobierno regional que tiene la responsabilidad de garantizar seguridad sanitaria y protección; hasta las manifestaciones de despreo-cupación absoluta hacía la situación de unas islas que, aunque alejadas de la península, también reflejan el sentir de un país.
En esta crisis, también hemos visto a políticos con valores vinculados a la protección y a la seguridad, lo que hace que una sociedad se sienta segura; si eres un líder valiente, tendrás una sociedad optimista que se sentirá protegida. Y, especialmente, recon-fortada por tener quien la defienda. El liderazgo va de confianza y de protección; y eso, Fernando Clavijo, el presidente del Gobierno de Canarias, lo ha practicado adecuada-mente.
La salud y la seguridad no son valores canjeables; gobernando, nunca; y en campaña, menos.
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