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Opinión | En el camino de la historia

Superpotencias en colisión

Superpotencias en colisión

Superpotencias en colisión / El Día.

Es este el título de un libro de debate iniciado por Noam Chomsky hace más de treinta años, pero que vuelve a cobrar una rabiosa actualidad.

Las apariencias inclinan a pensar que las potencias mundiales que hacen gala de un alto grado de poderío nuclear, como EEUU, China y Rusia están en una confrontación que implica van a cambiar el rumbo de la historia. Puesto que se decía de un nuevo orden mundial que aparecería con el ascenso al poder de Trump, donde se aseguraba que China se aliaria con Rusia, para hacer frente al poderío de los EEUU y que este dejaría de ser el gendarme del mundo y el rey de todas las batallas.

Pero el cariz de los acontecimientos que tiene al mundo en un puño se comprueba que no es así. Las tres grandes potencias siguen con su rearme, con sus abrazos y sus circunloquios ininteligibles que da la impresión que lo que aparece ya sin timidez, no es la colisión sino el entusiasmo común–entre los tres– de dominar el mundo sin cortapisas.

Y si hay que someter a Europa, como ya lo hacen; si hay que construir un discurso encarrilado por la senda de la esperanza, como ya lo hacen; si hay que acumular millones de crudo en las refinerías de Irán que no pueden dar salida suficiente para que la maquinaria de occidente permanezca engasada, ya lo hacen, cortando salidas y dando cabida a lo que en la «guerra fría» de los años ochenta vuelve a dar la cara. Pero lo hacen no como un temor prefabricado, ni como un miedo que se arrastraba de guerras anteriores, como sacando pecho a ver quién es el mejor, quien posee más megatones para una posible destrucción, sometiendo al resto. Ahora no hay colisión, los barruntos dicen lo contario: se inicia la existencia de una «colaboración».

Muchos observadores han llegado a la conclusión como si hubiera un eclipse que haya generado una sombra que se cierne sobre el mudo, enfatizando que de la época de la distensión se ha dado un paso, perfectamente programado, hacia un tiempo peligroso.

De momento se ha creado por estas tres superpotencias una jerga donde han elaborado un tiempo y un espacio de confusión y perplejidad.

Las superpotencias en el escenario del más puro «tartufismo» da la sensación que no arremeten unas contra otras cuando la realidad indica que han dejado atrás la competición por el poder instaurando un mecanismo que han ido desarrollando a lo largo del tiempo para mantener el dominio sobre sus clientes y aliados dentro de sus respectivos imperios.

Con todo ello no está muy claro que pueden pretender de esta colaboración, si lo que producen y sus alzas de aranceles, y si la producción de petróleo iraní se estrangula porque no tiene salida por el estrecho de Ormuz se está en la retórica de los silencios un nuevo estilo de producción; con un estilo original de sometimiento por aquellos que los necesitan como compradores para evitar el colapso. Pero como esto es imposible los apilarán en gigantescos stock sin llegar al consumo humano. Lo que sería el inicio del derrumbe del sistema capitalista.

Por lo que se estaría fraguando lo que pronosticó Orwel en 1824 donde la negación de la verdad objetiva, la supresión del espacio individual por medio de la manipulación del lenguaje sea el poder del Partido Único que por medio del ojo tecnológico abrirá una ventana a la mente de los hombres que circulan por fábricas inhóspitas como seres totalmente despersonalizados.

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