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Opinión | El recorte

Los putos virus

Catorce españoles en el crucero afectado con hantavirus, que podría recalar en Canarias

Catorce españoles en el crucero afectado con hantavirus, que podría recalar en Canarias

Cabo Verde ha prohibido el desembarco de los pasajeros y la tripulación de un crucero holandés afectados por una emergencia sanitaria. El Hondius, con 149 personas a bordo, entre ellas catorce españoles, disparó todas las alarmas por un brote de un nuevo bicho llamado a ser famoso: el hantavirus. Los últimos datos disponibles revelan que tres pasajeros han fallecido, uno está ingresado en estado grave y otros tres muestran síntomas de contagio.

Dentro del barco un brote de hantavirus. Y fuera una epidemia de pánico. Porque lo de Cabo Verde, que ha cerrado sus puertas a los pasajeros, sometidos a cuarentena dentro del propio buque, no es excepcional. Demasiada gente es partidaria de desentenderse del destino de esas personas porque las consideran un riesgo para la salud. Y ni puede ni debe ser así.

Hay un miedo residual. Venimos de una pandemia donde se nos manipuló e incluso se nos mintió. Se tomaron decisiones en nombre de «expertos» que al final realmente no existieron en la medida en que nos presentaron como fuente de autoridad indiscutible. Se nos dijo, cuando el brote estaba en China, que jamás llegaría a Europa. Y después, cuando hubo unos primeros casos en Italia, que eran contagios aislados que no llegarían a España, aunque luego resultó que llegó hasta a La Gomera. Se nos aseguró que las mascarillas no eran necesarias, después que eran recomendables y por último que eran obligatorias. Mientras los ministros hacían fiestorros en los paradores nacionales, a los ciudadanos se nos encerró en nuestras casas, limitando ilegal e inconstitucionalmente el derecho a la libre circulación. Y entre otras barbaridades, se nos obligó a sacar un «pasaporte covid» para poder viajar, lo que suponía la obligación de vacunarse incluso para quien no quería hacerlo, aunque más tarde Sanidad se desentendió de los efectos adversos de alguna vacuna diciendo que la vacunación fue «voluntaria».

No me extraña, vista la experiencia, que muchos ciudadanos se hayan vuelto profundamente descreídos. El hantavirus no es el ébola. Pero acojona. Y el miedo se propaga como un incendio en ausencia de información oficial fiable. Desde el principio de este brote hemos asistido a declaraciones contradictorias entre la OMS y el Gobierno español. Y de inquietantes contradicciones. Los expertos sostienen que el hantavirus no se transmite entre humanos. Pero ya han muerto tres pasajeros y hay varios más que padecen síntomas. Se han disparado todas las alarmas y no se sabe si los contagiados se infectaron fuera del barco, si la fuente está en el propio barco o si el virus se ha transmitido entre personas. Y un último temor: los virus mutan.

No me gusta el caminar de la perrita. Me recuerda al pasado. Aunque parezca mentira, a estas alturas del caso lo único que parece claro es que nadie se aclara. Horas de información y de especulación y ninguna certeza oficial. Aún no se sabe con seguridad si se atenderá a la gente en el propio barco. Si irá a Holanda o si vendrá a Canarias. Si se evacuará a algunos pasajeros, a todos o a ninguno. La niebla informativa oficial que se ha desplegado en torno al Hondius es impresentable. Demasiadas incertidumbres durante demasiado tiempo. Como si no hubiéramos aprendido nada.

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