Opinión | Reflexiones
Otro «lo público», como gestión, racionalidad, eficiencia

El PNV pide el cese de la ministra de Sanidad por su gestión de la huelga de médicos
Visitar un país con cierta regularidad por motivos familiares anula el estímulo turístico, pero a cambio te permite conocer de primera mano realidades de ese país, y no precisamente menores, que de otra forma serían difíciles de conocer. Y en su lugar, presunciones, a prori, incluso los deseos secretos de los enemigos de países y sistemas, conforme a prejuicios y opiniones sesgadas, quedan enfrentadas radicalmente con la realidad empírica y objetiva. Suelen estar tan incorporados a nuestro imaginario español que su solo desvelamiento resulta inadmisible por contravenir las prenociones básicas.
Acostumbrados a las más altas y vehementes disputas en España entre lo público y privado, que adquiere la confrontación de principios teológicos medievales, como lo pudo ser la condición de Jesús como hijo de Dios o el misterio de la santísima trinidad. Si no de mayor pureza, de renovado paralelismo es el sintagma ‘Sanidad Pública’. Algo a invocar y defender, bandera y estandarte, símbolo último de toda la ideología y teoría histórica de izquierda, de lo que queda, claro, y de lo público en general, la frontera del Rin de la cristiandad frente a los bárbaros. La limes, que nunca cabe traspasar. La sanidad pública reivindicada tiene más que ver con la pancarta y la percusión, con los zancudos y las octavillas, que con la consideración sustantiva de dirección, gestión y eficiencia. La sanidad pública no se enfrentaría a la sanidad privada o concertada y cualquier otra compatibilidad creativa y más provechosa, sino directamente a la enfermedad y la muerte. Y por supuesto a los vicios capitalistas de la codicia, el enriquecimiento y la explotación, que insuflan las pasiones más agudas y resentidas. Queda solo la última barricada de lo público, en especial la sanidad, por su verdadero poder de motivación (la vida misma, no ya las lacras sociales tenidas por desvanecidas por todos).
Lo que resulta imposible encontrar es el debate laico, al margen de la sacralidad de su sintagma, ni diálogos presididos por la exigencia de racionalidad y estudios económicos, es decir, sobre gestión, optimización de recursos, financiación, eficiencia, compromiso real con la llevanza práctica de la sanidad pública. Algo tan sencillo como es que la sanidad tuviera límites como siempre los recursos tienen. No la ineptitud más crasa y escandalosa, eclipsada por la adjetivación de pública.
Otro principio público es la educación, tras la sanidad. En Estados Unidos las guarderías son muy caras, pero llegada la educación obligatoria (5 años) toda ella es gratis hasta la universidad. En Washington DC y en toda la Unión. Más que procesiones y percusión han desarrollado programas, objetivos, financiación, gestión solvente, eficiencia, integración de todos (todos). Matrícula y mensualidades son gratis, materiales gratis, comedor gratis, actividades gratis, con visitas de profesores a comienzo de año al domicilio de los alumnos. Uno ya no sabe si ese es el modelo neocon o cuál.
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