Opinión | Análisis internacional
Negociar con el revólver en la sien

El portaaviones USS Abraham Lincoln participa en la operación de bloqueo de los buques que transitan por el estrecho de Ormuz, siguiendo órdenes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / Us Navy/U.S. Navy / Zuma Press / Europa Press / Co
Negociar con el revólver en la sien del otro es la habitual táctica negociadora de Estados Unidos, y Donald Trump ha querido volver a utilizarla de nuevo con Irán.
Aunque sin éxito: Irán no es Venezuela, como parecía creer el psicópata de Washington, y está demostrando ser un hueso muy duro de roer incluso para la superpotencia.
Un país, Irán, que está dispuesto a cualquier sacrificio para defender su soberanía frente a la voracidad de un político demente y narcisista, sin el mínimo sentido de la realidad y sin ningún escrúpulo.
Los dirigentes iraníes no se fían ya de Washington, que lleva décadas engañándolos, y no están dispuestos a aceptar ningún trágala más.
De ahí que decidieran que no valía la pena seguir negociando con quien violó la tregua acordada por ambos gobiernos en Islamabad con el secuestro en alta mar, en un clarísimo acto de piratería, de un petrolero iraní.
El carguero, que procedía de China y se dirigía al puerto de Bandar Abbas, intentó resistirse, pero al final fue abordado desde un helicóptero por marines estadounidenses, que abrieron además un boquete en su sala de máquinas, según informó orgulloso el propio Trump.
El Gobierno de Pekín expresó su preocupación por ese incidente y pidió a las partes evitar una nueva escalada. El propio presidente Xi Jinping instó a Washington y Teherán a resolver el conflicto diplomáticamente.
Pese al anuncio de Teherán de que no estaba dispuesto a seguir negociando con Washington si EEUU no ponía fin al bloqueo, Trump parecía decidido a volver a enviar a Islamabad a su equipo negociador, una prueba más de su desesperación.
El equipo lo encabezaría de nuevo el vicepresidente JD Vance pese a que en un principio se decía que irían sólo el yerno de Trump, Jared Kushner, y el amigo del presidente y empresario, Steve Witcoff, ambos amigos de Israel de los que Teherán nunca se ha fiado.
Si algo está claro en medio del caos reinante en el conflicto del Golfo es que no es Irán, sino Estados Unidos quien necesita urgentemente llegar a un acuerdo con Teherán para el desbloqueo del estrecho de Ormuz.
Y eso pese a las bravuconadas de Trump, pese a sus intolerables amenazas de que si los iraníes no aceptan sus condiciones, Estados Unidos no prolongará la tregua y destruirá toda las centrales eléctricas y todos los puentes del país.
Incapaz de reconocer que se equivocó con esa guerra en la que le embarcó el embaucador y genocida primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, Donald Trump parece cada vez más desesperado.
Y, según se ha filtrado a los medios, gesticula, vocifera como un poseso e insulta a quienes le rodean.
Los mandos militares, con el presidente del Estado Mayor conjunto, Dan Caine, en cabeza, no estuvieron nunca convencidos de la necesidad ni la oportunidad de esa guerra insensata a la vez que ilegal.
Y crece el descontento de la cúpula militar con el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, al que la mayoría de los mandos considera un fanático incompetente y carente de estrategia.
Pero Estados Unidos sigue enviando cada vez más unidades de marines en dirección al Golfo Pérsico con la vista puesta en una invasión terrestre con la que Trump amenaza una y otra vez a Irán si no acepta sus condiciones.
Sería con seguridad un desastre que podría acabar incluso con la presidencia de Donald Trump, como temen incluso algunos de su entorno.
Tal vez se trate solo de aumentar hasta el último momento la presión sobre Teherán, pero los iraníes han demostrado una casi increíble capacidad de resistencia.
Aseguran que no aceptarán entregar a nadie el uranio que reclama Estados Unidos y que sólo aceptarán eventualmente su degradación para objetivos exclusivamente médicos o civiles, algo sobre lo que ellos, y en ningún caso Washington, pueden decidir.
También insisten en que Israel debe poner fin a su campaña de muerte y destrucción que su ejército continúa en el Líbano pese a la tregua acordada en Washington y en que Estados Unidos ha de cerrar todas sus bases militares en el Golfo y repatriar a sus soldados.
Las espadas siguen en alto y el mundo contiene la respiración.
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