Opinión | RETIRO LO ESCRITO
Morales desordenado
El presidente del Cabildo no ofrece argumentos jurídicos, sino sentencias de un sabor casi teológico, gracias a las cuales uno se entera de que la ley de Directrices de Ordenación de 2003 todavía está en vigor

Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria. / David Delfour/ Cabildo de Gran Canaria
Tiene uno escrito que la coda final del largo mandato de Antonio Morales como presidente del Cabildo de Gran Canaria no será tan plácida como de costumbre. Entre otras cosas porque Morales se marcha definitivamente, y tantos los miedos acogotados como las agradecidas genuflexiones se van apagando mientras se vacía la clepsidra del poder. También porque un mandato prolongado (Morales culminará doce años al frente del Cabildo en 2027) ofrece perspectiva suficiente para valorar la peripecia de una gestión y sus resultados. Y los de esta etapa no resultan especialmente sólidos ni brillantes. Morales gobernó durante muchos años Agüimes con una minúscula fuerza política de ámbito municipal, Roque Aguayro, más colectivo vecinal que partido, que luego se federó con Nueva Canarias. Y jamás ha superado esa visión localista y chiquitina de la política, propensa a la desconfianza, la cazurrería y la mala hostia. En ese sentido no ha dejado de ser nunca un insularista obsesionado con insularismos ajenos. Lo que ocurre es que después de lustros en el poder autonómico los orígenes insularistas de una parte de CC fueron superados. Morales ha mantenido el suyo. Es un individuo que todavía habla de ATI a estas alturas, algo así como si en Salem aun hablaran de las brujas, pese a que jamás ha sufrido un conflicto relevante de naturaleza política, institucional o económica con los Gobiernos coalicioneros.
Morales llegó de Agüimes con dos supuestas excelencias que lucía como entorchados: su perfil ecologista y su sensibilidad cultural. Lo primero ha culminado en un brutal atentado ecológico contra la biodiversidad en Gran Canaria y lo segundo – sintetizando – en nada. El Cabildo grancanario no ha articulado y consolidado una política cultural digna de tal nombre y zarzalea a través de varias acciones y programas inconexos, aprovechando rentas menguantes del pasado. Por supuesto, Morales puede argüir que en el pacto de le ha permitido gobernar le obligó a ceder la Consejería de Cultura, dirigida durante los últimos siete años por una simpática nulidad, la socialista Guacimara Medina. Para la señora Medina – que ha tolerado sin pestañear la aniquilación de los Coloquios de Historia Canario-Americana decidida por la nueva dirección de la Casa de Colón – el gran hito de su área será la reapertura del Museo de Bellas Artes, cuya reforma se ha convertido en un acertijo interminable. Se anunció la reapertura del centro a finales de 2023, y luego, para mediados de 2024; ahora, al parecer, habrá que esperar al próximo otoño. Los errores, la ineficacia y la pachorra pueden y deben atribuirse a Guacimara Medina, pero el presidente de la corporación es igualmente responsable. Respecto a las fantasías retóricas de la Eco-isla han conducido al disparate destructivo de la central de Chira con un altísimo precio ecológico, medioambiental y social, un proyecto anacrónico y esmaltado de fingimientos y mentiras que tiene sublevados a los vecinos del torturado barranco de Arguineguín.
Y otro velo que caer y deja ver una gestión ya no manifiestamente mejorable, sino mediocre, descuidada y ausente: la sentencia que declara nulo el Plan Insular de Ordenación, aprobado por la corporación en 2023- Como es su costumbre Morales ha arremetido contra quien ose molestarle o afearle la conducta. El presidente del Cabildo no ofrece argumentos jurídicos, sino sentencias de un sabor casi teológico, gracias a las cuales uno se entera de que la ley de Directrices de Ordenación de 2003 todavía está en vigor. Es muy curioso, porque el partido al que le debe el cargo, Nueva Canarias, criticó duramente en el Parlamento regional la ley 4/2017 -- conocida como la ley del Suelo -- porque significaba borrar los últimos vestigios de la ley de directrices. Por cierto, el Gobierno presidido por Ángel Víctor Torres no derogó la criticadísima ley del Suelo. Tuvo cuatro años. A Morales le queda uno y ha dejado a Gran Canaria sin su instrumento básico de ordenación que, por otra parte, apenas ha desarrollado: lo único que ha ordenado Morales son sus cuentos y sus ukases.
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