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Opinión | Análisis

Marte, peligroso próximo destino

Vista captada por la nave espacial Orion durante la misión Artemis II, a 6 de abril de 2026. La misión Artemis II se encuentra ya de vuelta a la Tierra tras haber completado su recorrido alrededor de la Luna, en la que supone una de las fases más críticas

Vista captada por la nave espacial Orion durante la misión Artemis II, a 6 de abril de 2026. La misión Artemis II se encuentra ya de vuelta a la Tierra tras haber completado su recorrido alrededor de la Luna, en la que supone una de las fases más críticas / NASA

Estudiaba Medicina en Cádiz el 16 de julio de 1969 cuando varios estudiantes canarios, ni cortos ni perezosos, nos fuimos intrigados a una cafetería próxima a la plaza de San Juan de Dios, junto al Ayuntamiento, en los bajos del llamativo edificio del Diario de Cádiz y en lo más alto la estatua de la Unión y el Fénix, para ver el despegue de Apolo 11 rumbo a la Luna. Han pasado 58 años.

Un acontecimiento único que para bien nos marcó para siempre. Ya de por sí el poderío norteamericano en Cádiz resultaba evidente por la cercanía de la Base Militar de Rota y los marinos norteamericanos deambulando por sus calles y el cabaret Pay Pay, con lo que no nos sorprendió que fueran los yanquis los primeros en llegar a la Luna, aunque hubo quien se mostró escéptico diciendo que era un montaje, si bien, al mismo tiempo, estábamos orgullosos de que Maspalomas, en Gran Canaria, participara de tamaña odisea.

Cuando por fin vimos en la tele en blanco y negro que una pierna de Neil Armstrong pisaba terreno lunar, nos quedamos alucinando, si bien hubo quien, a viva voz, aseveró que aquello era un engaño, siendo llamado al orden porque podía haber algún policía secreto o un espía, y en aquella época la pleitesía a Estados Unidos era de obligado cumplimiento.

Cuando ví los preparativos del viaje a la Luna del 1 de abril de cuatro astronautas encajados en una cápsula de unos 9 metros cuadrados, pues la verdad que no pensé ni en la Luna ni en los posibles beneficios científicos de la expedición, sino que sufrí por el riesgo que corrían los viajeros espaciales, además de pensar que con las necesidades imperiosas que tiene nuestra sufrida Tierra, cómo era posible que se destinaran tantos millones de dólares a un viaje solo para ver la cara oculta de la Luna. Todo sea porque avance la ciencia, dice la mayoría, también yo.

La idea para más adelante es situar una base en la Luna para en ella construir una nave que aterrice en Marte, porque hay humanos que no tienen suficiente conque desde 1969 a 1972 doce astronautas hayan caminado por la Luna en seis misiones diferentes, sino que hay que llegar a Marte, a donde se tardará de 6 a 9 meses o más, un viaje muy peligroso y difícil, porque, además de larguísimo, abunda la radiación cósmica, el aislamiento es total, y no hay posibilidad de rescate rápido ante un fallo, que podría resultar fatal, por lo que más parece ciencia ficción.

Cierto es que hemos tenido suerte y no ha habido muertes en las expediciones a la Luna, si bien los riesgos y peligros han sido altos. La Luna está a 3 días de viaje, y si algo falla se puede regresar rápidamente, que no es el caso de Marte, así que todo sea porque una estación lunar pueda servir de base de una red multiespacial. Por lo pronto estamos felices y contentos porque los cuatro privilegiados astronautas son los primeros humanos que han contemplado en directo la cara oculta de la Luna.

Hay científicos que, con el argumento de que la Luna ya está muy vista, no se andan con chiquitas y apuestan por ir directamente a Marte, ansiosos por encontrar vida, además de grandes riquezas. La historia se repite, y así pasó en el siglo XV; primero se curiosearon las costas africanas, Azores y Canarias, y luego se dio el salto oceánico a América. Entonces hubo competencia entre España y Portugal e intereses comerciales y religiosos. Ahora entre Estados Unidos, Rusia, China y empresas privadas que huelen metales pesados que explotar.

La diferencia es obvia, América era habitable, a Marte no basta con llegar, hay que sobrevivir en un ambiente extremadamente hostil. Pero ya se sabe, el hombre no se conforma con la Luna, también quiere Marte porque apuesta por lo difícil, no por lo fácil, y como es torrontudo de nacimiento, se empeña en un planeta con una imposible supervivencia o viviendo dentro de un traje espacial en un lugar presurizado, y ya sabes, si vas, no vuelves, allí te quedas muerto de aburrimiento perdiéndote la Champions, el carnaval de Santa Cruz de Tenerife y los delirios paranoicos de Trump. Conmigo que no cuenten.

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