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Opinión | Obersvatorio

José Luis Rivero Ceballos

Canarias: la exuberancia del límite y la responsabilidad de las élites

Reunión del Consejo de Gobierno de Canarias.

Reunión del Consejo de Gobierno de Canarias. / LP

En 2009, un año marcado por la crisis económica, la Revista de Occidente dedicó un monográfico a las islas bajo el título Islas. La exuberancia del límite. Dirigido por Jorge Lozano Hernández, catedrático de teoría de la información en la Universidad Complutense de Madrid, nacido en La Palma, el número destacaba la singularidad de las islas, definidas por sus límites y fronteras. Lozano identificaba que la esencia de una isla reside en la oposición entre lo continuo y lo discontinuo, lo conocido y lo desconocido, el dentro y el fuera, lo indefinido y la forma, atributos inseparables de la existencia de bordes y fronteras. Esta hipertrofia de la conciencia de los límites es, según él, la marca definitoria de las islas, donde el límite contrasta con lo indefinido y lo infinito.

La historia económica de las Islas Canarias muestra que las élites supieron afrontar los obstáculos que imponían los límites insulares desde el mismo momento en que los banqueros genoveses diseñaron para los Reyes Católicos el primer plan estratégico de las Islas. En el pasado, las élites desarrollaron estrategias eficaces para combinar la integración en la economía internacional con el fortalecimiento de los mercados locales. Estas estrategias consistían obviamente en la defensa de sus intereses mediante el acceso a buena información sobre el comercio internacional y un elevado nivel de competencia profesional, resultados que se mantuvieron durante largos periodos de la historia. Las élites tuvieron perfecta conciencia del ámbito en el que hacían sus negocios: lo que significaba para sus intereses la hipertrofia del límite.

Tanto es así que la historia económica de Canarias no se corresponde con la imagen de unas islas pobres y aisladas. Aunque esa imagen ha prevalecido en ocasiones, una comparación con otras regiones de nuestro entorno político e institucional revela lo contrario. Por ejemplo, antes de la Guerra Civil española, el PIB per cápita de Canarias superaba la media nacional. Así que resulta fundamental comprender mejor las estrategias adoptadas por las élites en el pasado, para evitar un análisis de la realidad insular sin historia ni geografía.

En el siglo XXI, persisten las limitaciones geográficas, pero con importantes cambios. Javier Echevarría, catedrático de filosofía y lógica en la Universidad del País Vasco, distingue tres entornos: el del cuerpo humano, el del lugar y el de las tecnologías de la comunicación. Gracias a este tercer entorno, la población de las islas puede acceder ahora al intercambio de servicios, comercio y comunicaciones, superando los límites de la geografía física. Así, los servicios en red y el desarrollo de la IA reducen muchos de los costes asociados a la distancia y la pequeña dimensión. Aunque la geografía física y económica continúa siendo un factor limitante, como han señalado Andrés Rodríguez Pose y Riccardo Crescenzi en su artículo sobre la importancia de la proximidad. Las relaciones económicas actuales combinan el intercambio físico, donde los límites son evidentes, con el tercer entorno, en el que la distancia ha perdido relevancia. Para la sociedad de Canarias, este tercer entorno ofrece oportunidades inimaginables hasta no hace mucho.

En el mundo de hoy hay cambios que afectan negativamente a las islas. Las guerras y conflictos internacionales inciden directamente en los precios de las importaciones. Este tipo de shocks inflacionarios ya se ha experimentado en tres ocasiones desde los años setenta: tras la guerra de Yom Kippur, después de la caída del Sah de Persia y como consecuencia de la guerra de Ucrania. De nuevo, en los próximos meses, la guerra de Irán tendrá efectos sobre la inflación, el crecimiento de la economía y el empleo. No sabemos aún la dimensión de los efectos, pero tenemos la certeza de que se trasladaran a la economía interna de forma significativa, y durarán más que la guerra.

En contextos de crisis, durante siglos, las élites insulares han buscado adaptarse tanto a los límites como a las incertidumbres, desarrollando estrategias que les han permitido afrontar los cambios del entorno internacional. Han intentado encontrar formas de inserción económica de las islas. Como se suele decir: en cada ocasión, construyeron nuevos odres para conservar antiguos brebajes.

En la actualidad, las élites políticas han abordado la búsqueda de estrategias. El Gobierno de Canarias ha tomado medidas para afrontar las consecuencias esperadas. El Gobierno del Estado por su parte ha recogido algunas especialidades insulares en el marco de las medidas para evitar los efectos más agresivos de la inflación. Decisiones semejantes adoptadas en otros Estados miembros de la UE, han provocado que el comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, comunicara a los ministros de finanzas nacionales que sólo deben aprobarse medidas coherentes y a corto plazo, y advirtió que un gasto excesivo tendría graves consecuencias fiscales puesto que la crisis del COVID-19, la guerra de Ucrania y el aumento del gasto en defensa, han reducido el margen de maniobra fiscal.

Debemos esperar que las medidas sean revisadas en los próximos meses porque hay muchas dudas sobre el futuro de la economía internacional. No sólo se trata de los efectos de las guerras, que no es poco, existen nubarrones en el mundo financiero de EE. UU que pueden causar crisis equivalentes a la del 2008: la preocupación por el crecimiento del crédito privado está en todos los medios y es objeto de comentarios de los especialistas. Además, son motivo de preocupación los déficits de las economías nacionales significativas en el orden mundial y los niveles de deuda pública de los países.

Así que navegamos en un barco de límites hipertrofiados en un mar de incertidumbres. Por estas razones, aunque la dialéctica gobierno-oposición es esencial en democracia, en circunstancias excepcionales como las actuales, sería conveniente que el disenso diera paso al consenso y se mantuviera el tiempo suficiente. Un buen punto de partida sería evaluar las medidas adoptadas por el anterior gobierno de Canarias para mitigar los efectos de la pandemia.

Los gobiernos han tomado decisiones. Pero, además, es urgente introducir la evaluación de las políticas públicas en el ámbito de decisión política. Con independencia del juicio previo que merezca el conjunto de medidas propuestas, nos falta un instrumento de evaluación de las políticas públicas. Cierto es que la casi ausencia, con notables excepciones, de procesos de evaluación es un hecho imperdonable en toda España. El mal de mucho no es excusa. Se necesitan instrumentos técnicamente avanzados de evaluación de las políticas públicas que, con total transparencia, permitan calibrar los efectos del gasto público sobre los objetivos, más allá de la correcta gestión contable. Y para evaluar, se debe tener un nivel de información de la que hoy carecemos.

Se trata de conocer cuál es el grado de cumplimiento de los objetivos y las razones por las que en algún nivel no se han alcanzado, de establecer el balance entre medidas y resultados. Este proceso permite mejorar los procesos de toma de decisión. La intuición está bien, pero utilizar conocimiento más intuición es una combinación mejor.

Las élites de nuestros tiempos tienen una gran responsabilidad: no sólo se trata de lograr crecimiento económico utilizando correctamente los recursos, controlar la inflación y evitar el repunte del desempleo, ahora se deben alcanzar todos estos objetivos bajo el principio de equidad, una cuestión que las élites en siglos pasados podían permitirse el lujo de ignorar. El impulso a la evaluación de las políticas públicas forma parte del ejercicio de responsabilidad de las élites y facilita la toma de decisiones.

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