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Opinión

José Miguel González Hernández

Más empleo, mismos retos

Ofertas de empleo en Tenerife

Ofertas de empleo en Tenerife / Shutterstock

Según el análisis que se desprende de los datos económicos relacionados con el ámbito laboral, una vez finalizado el primer trimestre del año, se puede comprobar cómo el Archipiélago atraviesa una fase que, a primera vista, podría interpretarse como claramente positiva. Las cifras apuntan a una consolidación del ciclo de recuperación iniciado tras los recientes años de caída del ciclo económico, con una reducción significativa del desempleo, un aumento sostenido de la afiliación y una contratación que mantiene un tono dinámico. Sin embargo, bajo esta superficie de mejora agregada persisten rasgos estructurales que siguen condicionando la situación del mercado de trabajo de las Islas.

El dato más inmediato es el volumen total de paro registrado, que se sitúa, a 31 de marzo de 2026, en 146.499 personas. En términos interanuales, la reducción es notable, con casi 11.000 desempleados menos, lo que supone una caída cercana al 7%. Se trata, además, del mejor registro para un mes de marzo desde antes de la crisis financiera global de 2008, lo que introduce un elemento simbólico importante ya que se han logrado recuperar, al menos en términos cuantitativos, niveles de desempleo previos a uno de los periodos más prolongados de deterioro del mercado laboral.

No obstante, el comportamiento mensual introduce un matiz que conviene no ignorar. En comparación con febrero, el paro aumenta ligeramente, en algo más de 800 personas. Este repunte no es anómalo, sino coherente con lo que caracteriza a la economía canaria, cuando parte de la actividad vinculada al turismo y a determinados servicios experimenta ajustes tras los picos de demanda. Este patrón revela una constante del mercado laboral insular, que es su alta sensibilidad a los ciclos cortos de actividad.

Más allá del dato agregado, la composición del desempleo sigue reflejando desequilibrios estructurales. Las mujeres representan más del 57% del total de personas desempleadas, lo que confirma la persistencia de una brecha de género que no se corrige al mismo ritmo que el descenso global del paro. Esta sobrerrepresentación femenina no es nueva, pero su continuidad en un contexto de mejora general indica que las dinámicas de acceso y permanencia en el empleo siguen siendo desiguales, así como por las modalidades contractuales de acceso.

A ello se suma el peso del desempleo en los grupos de mayor edad. Más del 60% de las personas en paro tienen 45 años o más, lo que apunta a dificultades específicas de reinserción laboral en estos segmentos. Aunque el paro de larga duración también se reduce de forma significativa, sigue afectando a casi la mitad del total de desempleados. Este tipo de paro es especialmente problemático desde el punto de vista económico y social, ya que implica una pérdida progresiva de capital humano y una mayor desconexión del mercado de trabajo, asumiendo que una parte de estas personas no volverán a reintegrarse. En el extremo opuesto, el comportamiento del paro juvenil muestra una dinámica más volátil. En términos mensuales, aumenta de forma notable, aunque en la comparación interanual también registra una caída. Esta dualidad es indicativa de un mercado laboral que ofrece oportunidades en el medio plazo, pero que sigue siendo inestable para los jóvenes en el corto plazo.

El análisis sectorial confirma el proceso de especialización productiva por motivaciones competitivas, de forma que casi la mitad del paro se concentra en el conjunto de servicios. Asimismo, el registro de desempleo es coherente con las aspiraciones laborales predominantes. En términos interanuales, el desempleo se reduce en todos los sectores, con caídas especialmente intensas en comercio y construcción, vinculadas tanto al sector turístico como a una incipiente reactivación en el ámbito de la edificación. Este comportamiento sugiere una recuperación tanto del consumo como de la actividad inversora, aunque conviene mantener la prudencia a la hora de interpretar la tendencia como estructural.

Desde el punto de vista de la contratación, en marzo se registran cerca de 60.000 contratos, con un crecimiento mensual muy significativo. Este dinamismo, sin embargo, es más moderado en términos interanuales, lo que indica que el mercado laboral podría estar entrando en una fase de estabilización tras los fuertes incrementos observados en periodos anteriores. De hecho, uno de los elementos más relevantes es el cambio en la estructura de la contratación, donde casi el 46% de los contratos firmados son indefinidos. Por otro lado, la distribución sectorial refuerza el patrón de especialización productiva, ya que la hostelería y el resto de los servicios concentran la mayor parte de los contratos, condicionando la evolución de la productividad.

Analizando el otro gran indicador del mercado de trabajo, como es la evolución de los cotizantes a la Seguridad Social, se observa que Canarias mantiene una tendencia positiva en marzo de 2026, con un crecimiento interanual sólido tanto en términos absolutos como relativos. Esta evolución confirma la consolidación de la recuperación del mercado laboral observada en los últimos trimestres. Tanto Las Palmas como Santa Cruz de Tenerife registran aumentos significativos de cotizantes, contribuyendo a situar la afiliación total de la comunidad por encima de los 960.000 ocupados, uno de los máximos históricos. El régimen general domina esta evolución positiva, aunque el régimen de autónomos también muestra signos de consolidación, con cifras elevadas que reflejan la estabilidad del tejido empresarial de pequeña escala.

En conjunto, estos datos confirman que la recuperación cuantitativa del empleo en Canarias es sólida, pero siguen presentes retos estructurales. La afiliación a la Seguridad Social refleja que, si bien el mercado laboral se fortalece, la sostenibilidad de este crecimiento dependerá de la capacidad de reducir la vulnerabilidad a medio y largo plazo. En este sentido, existen márgenes de mejora derivados de la escasa presencia de ocupaciones vinculadas a sectores intensivos en conocimiento y orientadas hacia actividades de mayor valor añadido, lo que condiciona el potencial de crecimiento a largo plazo.

Desde el punto de vista territorial, el empleo y el desempleo se concentran de forma clara en las islas capitalinas, Tenerife y Gran Canaria, que acumulan más del 85% del total del paro. Esta concentración es lógica, dado su peso demográfico y económico, pero también evidencia una cierta dualidad territorial. Las islas menores presentan comportamientos más volátiles y, en algunos casos, dinámicas divergentes, lo que sugiere una mayor fragilidad de sus mercados laborales.

En conjunto, la fotografía del mercado de trabajo en Canarias en lo que va de 2026 es la de una economía que ha logrado recuperar niveles de empleo significativos y que avanza en la reducción del desempleo, pero que sigue arrastrando problemas estructurales de fondo. La mejora cuantitativa es indiscutible, pero no necesariamente suficiente. Por esta razón, el verdadero desafío para los próximos años no será tanto seguir reduciendo el desempleo, sino incrementar la productividad. Sin cambios en estos ámbitos, el mercado laboral canario corre el riesgo de reproducir los mismos patrones. Por ello, la cuestión no es si el mercado laboral mejora, que lo hace, sino si lo hace de forma sostenible y con capacidad para resistir futuros shocks.

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