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Opinión | Reflexión

Canarias: cuando avanzar empieza a costar demasiado

Cuánto dinero en efectivo conviene tener en casa ante situaciones críticas.

Cuánto dinero en efectivo conviene tener en casa ante situaciones críticas.

Hay algo que empieza a preocupar… y no es menor. Canarias avanza, sí. La economía se mueve, hay actividad, hay empresas que tiran… pero cada vez cuesta más. Y eso se nota. Se percibe.

Y cuando algo empieza a costar más sin una razón clara, normalmente es que hay varias cosas fallando a la vez.

Porque el problema no es solo que dependamos del exterior, que ya lo sabemos. Energía, productos, turismo… vivimos abiertos al mundo, y eso tiene ventajas, pero también nos hace vulnerables. Eso no es nuevo.

Lo que empieza a ser preocupante es lo que pasa dentro.

Nuestra productividad sigue siendo baja. No por falta de ganas, ni de esfuerzo, sino porque el modelo es el que es. Empresas pequeñas, sectores con poco valor añadido… y así es difícil dar el salto.

A eso súmale algo que ya no es puntual: el absentismo. Especialmente el vinculado a incapacidad temporal. Cada vez pesa más, cada vez se nota más en la organización de las empresas y en la productividad real.

Y luego está esa sensación, que ya no es solo sensación… de que algo no encaja en el mercado laboral.

Empresas que buscan gente y no la encuentran. Personas que quieren trabajar y no encuentran su sitio.

Eso no es una paradoja curiosa. Es un desajuste serio.

Pero si hay algo que termina de frenar las decisiones, es la incertidumbre.

El REF está bien planteado. El problema no es ese. El problema es cuando no tienes claro cómo se va a interpretar lo que haces. Cuando inviertes y no sabes si ese incentivo te va a ayudar… o si dentro de unos años se te puede volver en contra. En ese momento, ya no estás decidiendo entre invertir o no. Estás decidiendo entre asumir un riesgo innecesario o irte a otro sitio. Y ahí no hay duda: la inversión no se espera. Se mueve.

Mientras tanto, hay otra realidad que también pesa, aunque a veces cueste decirla bien. Canarias ha construido un sistema de bienestar amplio, y eso es positivo. Es necesario. Nadie lo discute. Pero cuando ese sistema ocupa casi todo el espacio presupuestario, y además la parte destinada a inversión no se ejecuta como debería, empieza a aparecer un problema.

Porque al final, sin darnos cuenta, estamos sosteniendo muy bien lo que ya existe… pero estamos invirtiendo poco —o mal— en lo que debería venir. Y eso tiene una consecuencia clara, aunque no siempre se diga así: Protegemos el presente, pero nos estamos quedando sin margen para construir el futuro.

Al final todo gira alrededor de lo mismo. La inversión.

Sin inversión privada no hay crecimiento real y sin una política pública que acompañe bien, que ordene y que distribuya con sentido, no hay cohesión social. No compiten. Van juntas. Pero para que eso funcione, hay algo que hoy empieza a fallar… y es la estabilidad.

La estabilidad en las reglas, en la interpretación, en el marco presupuestario, en lo laboral. En definitiva, la sensación de que sabes a qué atenerte.

Porque cuando eso se pierde, lo que se rompe no es una norma, es la confianza. Y sin confianza, la inversión desaparece. Por eso el problema no es que Canarias no avance. El problema es que cada vez le cuesta más hacerlo. Y que estamos empezando a normalizarlo.

Y quizá la pregunta que necesitamos responder sería: ¿Estamos creando de verdad las condiciones para que la inversión impulse ese crecimiento y lo haga sostenible… o simplemente estamos esforzándonos cada vez más para conseguir lo mismo?

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