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Opinión | Opinión

Esteban Santana

Maestro

Los jóvenes buscan esperanza

Los jóvenes buscan esperanza

Los jóvenes buscan esperanza / LP / ED

Esta Semana Santa, el trasiego de personas en puertos y aeropuertos, en las ciudades y los pueblos ha sido importante. Muchos buscaban estos días descanso, viajar,… pero sobre todo detener el ritmo cotidiano y desconectar. En medio del «ruido» diario, de la prisa permanente y de la incertidumbre de la sociedad que nos envuelve, estos días a muchos de nosotros nos han ofrecido una oportunidad para mirar hacia dentro y preguntarnos por el sentido último de la vida. Y lo cierto es que, aunque a algunos no les guste mucho, la fe sigue moviendo multitudes.

Solo hemos tenido que salir a la calle para comprobarlo. Procesiones llenas, iglesias abiertas y abarrotadas, y miles de personas implicadas durante meses en la preparación de celebraciones que no responden únicamente a una tradición cultural heredada de nuestros antepasados. Hay algo más. Hay búsqueda, emoción compartida, comunidad y esperanza. Pero sobre todo mucha fe, que no se compra ni se adquiere de hoy para mañana. La Semana Santa sigue siendo, también hoy, un signo visible de que lo trascendental continúa teniendo un lugar en la vida de muchas personas.

En este contexto me vienen a la cabeza las palabras de la actriz Silvia Abril, que mostraba su sorpresa ante lo que percibe como una «tirada hacia lo cristiano» entre los jóvenes. Su reacción refleja una idea bastante extendida en determinados ambientes sociales y culturales donde la religión se interpreta como un refugio pasajero o una respuesta inmadura frente a la realidad.

Sin embargo, lo que está ocurriendo parece indicar justamente lo contrario.

Muchos jóvenes no se acercan hoy a la Iglesia por falta de pensamiento crítico, sino por necesidad de respuestas. En un mundo donde la estabilidad laboral es un problema importante, la confianza en las instituciones o incluso ciertos modelos familiares han dejado de ser referentes, la fe aparece para algunos jóvenes como un espacio donde darle sentido a la vida. No se trata solo de normas o ritos, sino de vivir con otros, con coherencia y esperanza. Pero, y sobre todo, con fe. Y eso no es poco en una generación que afronta dificultades reales para acceder a vivienda, empleo o estabilidad.

Es verdad que en los últimos años, muchos de estos mismos jóvenes han explorado caminos alternativos de bienestar personal o espiritualidad «difusa» que han aportado herramientas útiles, sin duda. Pero, para algunos, no han logrado responder a preguntas más profundas: quién soy, para qué vivo o qué sentido tiene el sufrimiento. Es ahí donde la tradición cristiana y la fe vuelve a aparecer como una posibilidad.

Porque sin fe, en realidad, el ser humano está desorientado, sobre todo cuando la vida te da un revés al que quieres buscarle una respuesta donde la razón no puede llegar. No hablo solo de fe religiosa en sentido estricto de la palabra, sino de esa confianza profunda ante las decisiones importantes de la vida y que permite mirar el futuro con esperanza. Como escribió San Agustín de Hipona, «nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Esa inquietud interior sigue siendo hoy tan actual como hace siglos. La fe no es una evasión, es un seguro de vida. Es lo que permite levantarse cuando todo falla, construir comunidad cuando domina el individualismo y mantener la esperanza cuando el presente parece incierto.

También la música, el arte y las nuevas formas de llegar a Dios han ayudado a tender puentes con ese deseo interior. Grupos como Hakuna han sabido conectar con esta inquietud. He tenido la posibilidad de asistir a estos conciertos y he podido comprobar cómo través de la música, han creado espacios donde los jóvenes se sienten acogidos sin prejuicios. Quienes participan en sus conciertos no son una élite de «pijos», sino jóvenes con historias normales, que buscan algo más que música. En ellos se nota un deseo de buscar respuestas, no buscan evadirse del mundo, sino comprenderlo mejor y comprometerse con él desde una esperanza renovada.

Y en esta línea, en plena Pascua de Resurrección, la Diócesis de Canarias ha organizado la primera edición del Gaudium Fest, un concierto que quiere convertirse en un espacio de alegría, encuentro y oración comunitaria a través de la música. Este evento que está previsto para el 11 de abril en la Plaza de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, nace con el deseo de ofrecer un momento de celebración de la fe, abierto a todos, sobre todo a los jóvenes, en un ambiente festivo que ayude a compartir la esperanza cristiana y fortalecer la comunión eclesial. Y a buen seguro que lo conseguirá, porque les mueve la fe y la esperanza.

Quizá lo importante esté precisamente en esa palabra: esperanza. Frente a un mundo donde con frecuencia domina la sensación de que «todo vale», la fe propone que la vida tiene un sentido que va más allá de lo inmediato. La fe no elimina el dolor ni las dificultades, pero invita a vivir con profundidad y con esperanza el momento presente, sin tener en cuenta lo que hemos hecho en el pasado ni lo que ocurrirá en el futuro. Y me viene al hilo de esto una frase que llevo grabada a fuego y de la cual desconozco a su autor, pero fue el final de una película que vi en mi adolescencia y me marcó: «No te preocupes por el pasado porque ya pasó, ni por el futuro porque no sabes si estará en tu mano. Vive el presente»

Por eso conviene mirar la Semana Santa con menos prejuicios y más atención. Porque, más allá de debates culturales o ideológicos, lo que sigue ocurriendo estos días en nuestras calles y en los templos es significativo, y nadie lo puede poner en duda, la fe continúa reuniendo a miles de personas en torno a la figura de Jesús. Y cuando alguien es capaz de movilizar a tantas generaciones distintas al mismo tiempo, después de tantos años, quizá merece algo más que crítica banal. Merece ser escuchado. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

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