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Opinión | Notas del móvil

¡Que vivan los raros!, ¡que vivan las raras!

FOMO: así es uno de los mayores problemas de las redes sociales

FOMO: así es uno de los mayores problemas de las redes sociales / Foto de Adem AY en Unsplash

Hay veces que siento que venimos de moldes. Bases hechas de silicona en las que echan yeso, dejan secar al sol y, al despegar, salimos nosotros. Todos compramos el mismo suéter en masa, escuchamos a los mismos artistas, leemos lo mismo, vemos las mismas series y, en general, nos movemos en las mismas líneas.

Incluso los más ‘alternativos’ están organizados bajo esa etiqueta en la que se reúnen muchos con las características que definen ser alternativo.

Siento que el ‘para ti’ de Tiktok se ha extrapolado a la vida real, como si la gente al caminar por la calle estuviera acompañada de un listado de hashtags que van desde #fyp hasta la estética de la que forman parte: #moderna, #indie, #otaku, etc. Es un poco como el estereotipo de peli americana de populares y pringados elevado a la enésima potencia.

Además de esto, nuestra generación parece estar gobernada por una insuperable sensación de FOMO (fear of missing out) ante todo. Decimos que sí a cualquier plan o a cualquier persona por el simple hecho de tener la anécdota, de vivir la experiencia.

Estamos tan desgastados que esto ha empezado a dar la vuelta y nos hemos convertido en la generación que, por ejemplo, menos sale y menos alcohol bebe. Lo quemamos todo ya desde tan pequeños, diciendo que sí a todo, que llegamos a nuestros 20 con un bagaje emocional increíble.

Así, en medio de toda esta dinámica, el otro día ‘escroleando’ por redes me encontré con una frase que me llamó la atención. No la recuerdo a la perfección, pero decía algo como: «en un mundo que te acostumbra a decir que sí a todo, poner tu atención en algo particular es tu cualidad más atractiva».

Y es que yo soy el primero que compra ropa en H&M, escucha a Taylor Swift, se lee un bestseller de vez en cuando y se ha visto cualquier franquicia del cine. No creo que haya nada de malo en que nos guste lo que le gusta a todo el mundo y moverse en las líneas de lo popular, por eso lo es. Pero sí creo que es muy interesante poder sentarse con alguien y escucharle hablar sobre su interés de nicho, su curiosidad particular o, si queremos seguir entre las líneas de la ‘tiktoktificación’ de todo, su ‘imperio romano’.

Hoy en día la atención se ha vuelto una de nuestras herramientas o virtudes más valiosas. Damos vida y espacio a aquello a lo que se la prestamos. El mercado se ha vuelto una competencia sangrienta por conseguir un atisbo de esa fijación por parte del usuario y así cada vez somos menos capaces de hacer uso de esa herramienta. Cada vez tenemos más estímulos que nos impiden poner nuestra atención sobre algo en concreto.

Entonces creo que el atractivo de, por ejemplo, tener una conversación con alguien que sabe mucho de anfibios, física, la generación del 98, la masonería o la iconografía en el arte barroco, está en que ha sabido hacer uso de su atención independientemente del ruido. No es que no caiga en los estímulos, pero hace un esfuerzo por no estar constantemente estimulado. Y para nosotros, o para mí al menos, es agradable tener una conversación con alguien que va más allá del discurso guionizado que parecemos tener la mayoría del tiempo. Un guion que se construye a través de la última tendencia y de los mismos pensamientos. Una espiral del silencio de la que no parecemos salir últimamente.

Creo que mi conclusión, un poco de broma pero no tanto, es: ¡que vivan los raros!, ¡que vivan las raras!, por hacer del día a día un poco menos asfixiante y ayudarnos a salir de los esquemas que nos han propuesto desde que éramos yeso líquido en un molde de silicona rosa.

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