Opinión | El caso Noelia
Ana Bernal-Triviño
La polémica de la eutanasia

Sara Fernández
Nada que añadir sobre la decisión de Noelia y la eutanasia. Sí hay que añadir sobre una política y un periodismo que no estuvo a la altura en todos los casos. Para comenzar, si su padre y Abogados Cristianos no hubiesen denunciado el caso, se habría realizado el proceso sin el debate de otros procesos. Pero todo esto solo ha servido para generar despropósitos y ruido.
En el Congreso, Vox usó a Noelia en la tribuna sin pudor. Fue Carlos Flores, el diputado condenado en 2002 por violencia psíquica habitual, coacciones, injurias y vejaciones contra su expareja. Justo él soltó que la eutanasia era una ejecución, por encima del derecho y del Tribunal Constitucional. Sorprende que quienes opinan igual sobre la muerte de esta mujer hablen de «ejecución» en un proceso elegido y garantizado por la ley, pero no se indignen con lo más parecido a una ejecución: los crímenes machistas, donde un hombre mata a su pareja contra su voluntad cada seis días, según los últimos datos. Víctimas por las que ni rezan ni guardan minutos de silencio.
Hubo otro capítulo lamentable. El sensacionalismo del periodismo y la desinformación en redes. Cuentas de ultraderecha vincularon en falso la violación múltiple que sufrió Noelia con un centro de menores inmigrantes. Más espeluznante resulta conocer por qué Noelia acabó lanzándose de un piso, queriendo poner fin a su existencia tras una vida vulnerable. No sé si los violadores de Noelia tienen conciencia y si pueden dormir tranquilos. Pero Noelia nos ha demostrado en primera persona cómo toda una sociedad, en la que se denuncia una violación cada dos horas, mira hacia otro lado y silencia. Si esos tipos no la hubiesen agredido, quizás este final no hubiese existido.
Lo indignante es que mientras los focos de los platós se los llevan los negacionistas del machismo, los de las denuncias falsas y los que hacen burlas con el consentimiento y el «solo el sí es sí», hay una realidad de víctimas paralizadas ante sus agresiones, incapaces de superar el trauma y el dolor, que quedan en silencio. Y como no tiene espacio en los medios, la sociedad termina más preocupada por la falsedad de las denuncias falsas que por que haya tipos criados en la idea de que las mujeres pueden ser forzadas hasta destrozarlas. ¿Por qué ocurre? Pues no se habla de ello porque lleva a hacerse preguntas muy incómodas. El problema es quién tiene el poder de decidir qué merece indignación y qué se normaliza.
Es flipante asistir a una sociedad que ha debatido horas sobre si eutanasia sí o no, pero que muestra indiferencia ante las secuelas que la violencia contra las mujeres y niñas produce a diario, junto a un sistema que no siempre está a la altura. Y digo violencia en todos los sentidos, incluida la de no respetar su decisión, en esa consideración de que las mujeres son unas «incapaces». La pregunta no es solo qué le pasó a Noelia, sino qué nos pasa como sociedad. El escándalo nunca está en cómo decidió morir, sino todo lo que tuvo que soportar para dejar de querer vivir.
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