Opinión | El recorte
Alí Babá y los 40 galones

Archivo - Gasolina, gasolinera, petróleo, combustible, gasóleo, precios, IPC, consumo / EUROPA PRESS - Archivo
El cuento de Alí Babá y los cuarenta galones de petróleo no empieza con «érase una vez», sino con el plan anticrisis del Gobierno de España –una, grande y endeudada– cuya medida estrella es la bajada del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) sobre los combustibles. Cada litro que se pone en el tanque en Península va recargado con una fiscalidad que asciende a la mitad de lo que se paga. Dicho de otra manera, por cada cincuenta céntimos que vale el litro de gasolina o gasóil se pagan otros cincuenta que son impuestos.
La recaudación por el Impuesto Especial a los Hidrocarburos supone unos 12.000 millones al año. Y la del IVA asciende a unos 9.000. Son cifras del año pasado. El Gobierno, actuando keynesiana y diligentemente, ha decidido bajar el IVA para absorber la subida del combustible. Y lo ha rebajado a menos de la mitad. Del 21% lo ha dejado en el 10%. Eso, en teoría, supone que dejarán de recaudar unos cinco mil millones. Que, por cierto, es justo la cifra total en que se ha cifrado el famoso plan anticrisis.
El plan para Canarias es, por decirlo rápido, una vergüenza. Si en el caso peninsular el Estado –solo en la rebaja de combustibles– se gasta cien euros por ciudadano, en nuestras islas apenas llega a 13 euros. Y de ellos, seis euros y medio tendrán que ponerlos los propios canarios de su bolsillo. No hay ninguna otra Comunidad Autónoma en la que pase algo parecido. Una región ultraperiférica y lejana recibe el 0,3% de los fondos destinados a aliviar el encarecimiento de la vida. Para mear y no echar gota.
Es verdad que las islas tienen un régimen fiscal especial. Que aquí no se aplica el IVA. Pero eso ocurre, precisamente, porque somos vulnerables. Porque el Estado, en las Islas, decidió suavizar la carga fiscal sobre la ciudadanía en consideración a los sobrecostos de la vida en nuestro Archipiélago. ¿Cómo es posible que una y otra vez ese hecho diferencial no sea entendido por el Gobierno godo?
El cuello de botella para Canarias no está en el precio de los combustibles, que afecta sin duda al transporte por carretera, que es la única opción disponible para los insulares. El verdadero flanco débil de nuestra economía está en el alto volumen y dependencia de nuestras importaciones. Está en el coste de los miles de millones que compramos cada año en derivados del petróleo para sostener el sistema energético canario porque no hemos sabido, no hemos querido o no hemos pedido –elijan lo que quieran– apostar de verdad por nuevas energías renovables.
El factor que puede disparar el costo de la vida en Canarias –que ya se encuentra entre los más altos del Estado– está en la repercusión que tendrá el alza del precio de los combustibles derivados del petróleo en los veinte y pico mil millones en valor de bienes que importamos cada año. Si no se actúa en los sobrecostos del transporte de mercancías y viajeros y en el aumento del precio de los fletes y si la guerra sigue y el petróleo escala a precios récord, en estas islas lo vamos a notar. No solo en las gasolineras sino en la caja de los supermercados.
Es ahí donde un Estado responsable tendría que actuar con uno de sus territorios más vulnerables. Pero qué se puede esperar de este. Pues nada.
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