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Opinión | Azul y Blanco

María José Hernández García

Hodio

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante la inauguración del Foro contra el odio.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante la inauguración del Foro contra el odio.

Se presentó por Pedro Sánchez, nuestro presidente de España, como la «nueva» herramienta con la que se analizaría la huella del odio y la polarización en las principales redes sociales que utilizamos.

Entonces recordamos que el Observatorio Español contra el Racismo y la Xenofobia (Oberaxe) ya venía haciendo ese análisis desde el 2020, con una aplicación diseñada por la Universidad Politécnica de Valencia: ALERTODIO. La idea no era innovadora…

Pero sí rompedora. Un nuevo vocablo se colaba en las redes, se hacía viral. Instalado en nuestros cerebros, emergía un nuevo pensamiento. Se abría la veda de un desconocido paradigma con el nacimiento de una nueva emoción: el hodio.

Si recuperáramos la aspiración de la muda y añadiéramos el acento a la débil, obtendríamos el reflejo que devolvería el espejo a la imagen de Pedro: «jodío». Pero eso no resulta emocionante para España.

Gracias a nuestro presidente nacional nuestros jóvenes disponen de un término virgen que les genera confusión. ¿Odio u hodio? Nada más lejos de la realidad. Pedro, maestro en creación de contenido para las redes, impertérrito ante los fuenlabreños que le increpan, domina el lenguaje hablado y el escrito como nadie. Con el primero, blanquea su nula acción de gobierno, trufada de corrupciones. Con el segundo, entre el epistolar (por el que anunció que se iba al rincón del pensamiento para valorar si seguía de presi o no) y el vacío en el BOE (el último presupuesto aprobado data del 2023) se chacotea a lo mexicano… también de la ortografía.

¿Qué pretende conseguir con hodio? Plegar, de nuevo, a los medios de comunicación; que éstos, tanto orales como escritos, estén a su servicio. Aquella emisora de radio, cadena de televisión o medio escrito (digitales incluidos) que no comulgue con sus ideas o se pliegue a sus deseos, serán perfectos candidatos para ser captados por (y con) (h)odio. Entonces serán represaliados. Además de no acceder a publicidades de su partido ni recibir un céntimo en las campañas electorales, la cosa podría evolucionar a la imposición de multas, de cuantías importantes. Quienes decidan qué es odio serán afines al gobierno; alineados en pensamiento, relato, palabra, obra y omisión. Ya alienados, venderá un nuevo cambio de modelo, entonces en las antípodas del hodio. Comenzará la era del hamor; mientras su familia, ministros, amigos y enchufados seguirán viviendo (muy bien) del presupuesto ajeno. Pedro, gustoso siempre de confundir y fiel a su lema estrella (a vivir, que son dos días), derrocha humor a mandíbula batiente; siempre (y todo) a costa del pueblo que paga impuestos.

El resultado será lo que el presidente anhela, una sociedad amorfa e igualitaria en la que sólo campe el pensamiento pedrosanchinense. Pero cuidado: aunque único será mutable, a interés propio.

En nuestro terruño canario el hodio aún no está de moda. De momento, los secretos de los tres permanecen a salvo. En hamor temporal, ahora de dos, pensaremos que nuestros impuestos comunales son manejados con absoluta transparencia.

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