Opinión | Día del agua
Luis González
La historia del agua, nuestra historia

Así corre el agua por el barranco de Santos en Santa Cruz de Tenerife
Entre mar y volcanes, nuestros antepasados aprendieron a convivir con la escasez y a buscar el agua bajo la tierra, excavando galerías y perforando pozos, lo que permitió desarrollar una cultura profundamente arraigada en Canarias. Ese es el origen de una singular forma de relacionarse con el territorio, basada en el ingenio, el esfuerzo colectivo y una enorme capacidad de adaptación.
Esa relación con el agua exige conocimiento técnico, dedicación constante y responsabilidad, por lo esencial que resulta para la vida. Ese espíritu de respeto ha acompañado su gestión desde sus orígenes.
Si ponemos la mirada varias décadas atrás, las aguas subterráneas sostenían prácticamente todo el abastecimiento en Canarias, y ya entonces comenzaba a explorarse la desalación como una alternativa, aún compleja y costosa.
Hoy, el sistema ha evolucionado al mismo ritmo que lo ha hecho Canarias. En aquellos tiempos, las aguas subterráneas eran el pilar del abastecimiento, pero el crecimiento de la población y el desarrollo económico y social generaron nuevas demandas que hicieron necesario transformarlo.
Las infraestructuras para la desalación del agua de mar dejaron de ser una solución puntual para convertirse en una pieza complementaria del sistema. La regeneración de aguas residuales abrió la puerta a un segundo uso y a una gestión más responsable de nuestro frágil entorno natural.
La desalación, la depuración o los bombeos necesarios para salvar los desniveles de nuestra geografía requieren un consumo energético significativo. Por eso, mejorar la eficiencia, optimizar procesos, reducir consumos e incorporar soluciones que permitan recuperar energía o integrar fuentes renovables son prioridades en el sector.
El trabajo silencioso de las personas que diseñan soluciones técnicas, operan instalaciones y mantienen equipos no pasa desapercibido. Detrás de las infraestructuras, hay personas.
El lema de UN-Water de este año, Donde fluye el agua, crece la igualdad, nos invita a mirar hacia dentro. La creciente incorporación de mujeres a los equipos de operación, mantenimiento e ingeniería va ligada a mayores responsabilidades técnicas y de gestión, reflejando un avance real. Y es esta diversidad en los equipos la que aporta criterio, mejora el análisis y fortalece la toma de decisiones.
Esta fecha tan señalada es un buen momento para valorar cada gota y recordar que su gestión exige un compromiso permanente, innovación, responsabilidad y respeto por el entorno.
Feliz Día Mundial del Agua.
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