Opinión | Observatorio
Josep Borrell
Dos crisis desde el retrovisor

Reunión de los principales líderes europeos y de los representantes de la OTAN en París. PARÍS. / Efe| POOL MONCLOA / POOL MONCLOA EFE
En este mundo revuelto emergen dos grandes cuestiones: la de la defensa, espoleada por guerras que se extienden desde Ucrania hasta el golfo Pérsico; y la económica, causada por el menor suministro de petróleo que esas guerras producen.
No es la primera vez que esto ocurre. Hay muchos ejemplos del predominio que han tenido las cuestiones militares y energéticas.
Como con nuestra pertenencia a la OTAN, no conviene olvidar su trascendencia histórica. Durante la Transición marcó la diferencia entre izquierda y derecha, hasta que, hace ahora 40 años, los españoles decidieron quedarse en la Alianza en la que habíamos ingresado en 1982, por la mayoría parlamentaria de UCD, Alianza Popular y algunos nacionalistas.
Los socialistas pasamos gradualmente de una política exterior basada en neutralidad, desarme y no integración en bloques militares al compromiso de convocar un referéndum con el ambiguo lema ‘OTAN, de entrada no’.
Durante la primera legislatura socialista evolucionamos desde defender la salida a proponer la permanencia, condicionada a la no incorporación a la estructura militar integrada, prohibición de armas nucleares en España y reducción progresiva de la presencia militar estadounidense. En ello influyeron las negociaciones sobre la entrada en la Comunidad Europea, las presiones diplomáticas de los aliados y la integración de España en el sistema occidental de seguridad.
Sí, González cambió de opinión. Y amenazó con dimitir. Pero no lo hizo solo buscando una mayoría parlamentaria que le apoyara en su nueva visión de las cosas, sino que se la jugó poniendo la decisión en manos de los ciudadanos. Conviene tenerlo en cuenta, a la hora de hacer comparaciones críticas.
Como es sabido, el Gobierno ganó el referéndum por un apretado margen, 56,9% versus 43,1%, y con una baja participación, del 59,4%, debida en parte a que la derecha, partidaria de permanecer en la OTAN, pidió la abstención para hacer caer al Gobierno.
Esta actitud oportunista la desacreditó y fortaleció la posición del Gobierno socialista en Europa. Desde entonces, han ocurrido muchas cosas. La desaparición de la URSS le dejó sin enemigo principal; la emergencia de China llevó la atención de EEUU al Lejano Oriente; la incorporación de nuevos países que resultaron de la liberación de los situados tras el telón de acero, hasta las últimas de Suecia y Finlandia, que habían preferido permanecer neutrales hasta que vieron de cerca la amenaza con la guerra de Ucrania. Antes de esa guerra, Macron llegó a decir que la OTAN estaba «en muerte cerebral», pero ha revivido con la ayuda del mundo occidental a Ucrania.
La pertenencia a la OTAN nos ha permitido renegociar los acuerdos de las bases americanas, que ahora son de soberanía española y ha sido un factor fundamental en la modernización de nuestras Fuerzas Armadas. Creo que el balance de esa decisión es positivo, aunque la OTAN de hoy tenga poco que ver con la que ingresamos en plena guerra fría. La garantía de seguridad no es como imaginábamos, porque no hay nada que asegure que si un país es atacado los demás le prestarán una ayuda militar inmediata. Y esto conviene integrarlo en nuestras reflexiones sobre el papel que Europa tiene que jugar en nuestra seguridad.
También en 1972 se produjo el gran boicot árabe a los suministros de petróleo. Su precio, entonces muy bajo, se multiplicó por cuatro. Ahora «solo» ha aumentado de 70 a 100 dólares, pero veremos qué pasa si la guerra continúa y el estrecho de Ormuz sigue cerrado. Entonces el petróleo era el 50% de la energía primaria del mundo y ahora el 30%. Pero, al mismo tiempo, consumimos el doble de petróleo que entonces. Y desde el punto de vista climático a la atmósfera lo que le preocupa es la cantidad de carbono que le enviamos. También entonces los EEUU eran muy dependientes del petróleo árabe y hoy son autosuficientes y producen el doble que Arabia Saudí. Son, pues, menos vulnerables a los efectos de las guerras que provocan. Y, como dice Trump, con petróleo más caro van a ganar mucho dinero, aunque sea envuelto en sangre.
Pero nadie escapará a los efectos de una nueva crisis del petróleo, porque el mercado mundial está muy integrado y los EEUU ya han decidido levantar la prohibición de comprar petróleo ruso. Gran noticia para Putin y desolación en Bruselas.
Tiene mucha razón el Gobierno de España en considerar que esa guerra es ilegal, costosa y altamente peligrosa para la estabilidad del mundo. Y en actuar en consecuencia.
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