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Opinión | Visiones atlánticas

Hugo Luengo

El cerebro de ‘Homo’

Los neandertales y los Homo sapiens convivieron en el norte de Europa hace 45.000 años.

Los neandertales y los Homo sapiens convivieron en el norte de Europa hace 45.000 años. / EFE

En la era del conocimiento caminamos dirigidos por el cerebro, cuya evolución nos ha apartado de la naturaleza. Como única especie de Homo superviviente, su historia arrancó en África con las primeras formas de Ardipithecus y Australopithecus. Fenómenos en la evolución, la bipedestación que nos liberó las manos y elevó al cielo, hace 7 millones de años. La aparición del fuego con Homo ergaster, hace 2 millones de años. En torno a él el lenguaje y las protorreligiones animistas, desde 1,5 millones de años. Al cazar cooperativamente, apareció la industria lítica y la destreza mano-cerebro. En la violenta selección natural homo sapiens progresa con la institución cultural del incesto, que exige colaboración entre tribus, rompiendo con la endogamia de otras especies, que desplomaron su fertilidad al elevar su fragilidad ante la enfermedad. Así sobrevivimos, con la sociabilidad que reforzó la hibridación de neandhertal, denisovanos, erectus y heildelbergensis, dando lugar a la introgresión que nos dotó en el ADN de mejoras evolutivas. Incluso el canibalismo debemos leerlo como institución, ligada no sólo a la supervivencia, sino a los ritos que hicieron posible nuestra evolución selectiva.

Los últimos descubrimientos de Homo sapiens en Marruecos sitúan su antigüedad en torno a los 300.000 años. El lenguaje, la cultura y la vida social conformaron nuestro cerebro. Los nuevos lóbulos prefrontales que alojan el neocórtex ocupan el 35% de su volumen, que pesa el 2,3 % del total y consume el 20% de su energía. Cerebro que es capaz de generar nuevas conexiones neuronales, plasticidad sináptica que soporta el aprendizaje, la memoria y los procesos de información. Es el órgano de la civilización que acompaña su liberación ecológica, que nos lleva a la noosfera. Concepto filosófico científico acuñado en 1920 por Teilherd de Chardin, como esfera de la conciencia y pensamiento de la humanidad.

Antonio Machado Carrillo (1953), biólogo con un currículum inalcanzable, nos cuenta su teoría de la psicoesfera, término por él acuñado, con su libro Catorce días, reflexiones sobre la vida, la muerte y más cosas (2017). Homo es un agregado biológico multiespecie, ensamblaje de 4 linajes, poligenómico y simbiogenético. Un humano de 70 kilos transporta 38 billones de bacterias que pesan 250 gramos, esenciales en el equilibrio de la vida. Somos un sistema complejo adaptativo que arrastra sus memorias y vive ordenado al incorporar energía. La vida surgió de la sopa primigenia, catalizada en una tormenta eléctrica. La materia viva acumula información y aumenta su diversidad. Aparece la inteligencia capaz de mantener información hacia el exterior, con lo que Homo se mueve en la psicoesfera, piensa, innova incrementa conocimiento, es determinista y reduce la pesada carga de sus instintos. Es en el caos donde se producen los saltos en la evolución. Con el principio de Pareto aplicado a los ecosistemas, nos enseña que funcionan en asimetría, el 20% del esfuerzo produce el 80% del logro. Visualiza desde la ciencia el cerebro Homo, órgano más complejo de la evolución, con 86.000 millones de neuronas y 100-500 billones de conexiones sinápticas.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, judío del imperio austrohúngaro (1856-1939), en su obra El yo y el ello (1923), desarrolló su modelo estructural del aparato psíquico. La personalidad humana como resultado de tres instancias. El yo como parte consciente, el superyo preconsciente y el ello inconsciente. El yo gobierna los movimientos voluntarios, el superyo restringe las satisfacciones, mientras el ello inconsciente, la más primitiva pulsión anímica constituye el núcleo del ser. El yo debe equilibrar las amenazas del exterior, desde las demandas del ello. Nos descubrió el mundo de los sueños.

Vemos en Ego y supraconciencia (2025), la obra del médico Manuel Sans Segarra, prologada por el cardiólogo Valentín Fuster. Donde profundiza con las experiencias cercanas a la muerte (ECM). La supraconciencia como clave para encontrar el sentido de la vida. La muerte del ego no lleva la de la supraconciencia, estado cuántico cerebral difuso; ya que no estamos ante un proceso biológico sino espiritual. Evolución, noosfera, psicoesfera, el ello, la supraconciencia, conforman algunas de las teorías que nos acercan a conocer desde la antropología, la ciencia, la psicología, la filosofía y la religión la prodigiosa máquina del cerebro de Homo.

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