Opinión
Pura centralidad liberal y socialdemócrata

Fernando Clavijo, en el centro, arropado por su grupo parlamentario. / La Provincia
Después del debate sobre el estado de Canarias -vamos a dejar a la nacionalidad fuera- está claro que la oposición tiene un problema. Un problema grave porque afecta a tres cuestiones nucleares: falta de liderazgo, falta de programa y falta de estrategia. Estos déficits corren a cuenta principalmente del PSOE, aunque reverberan en Nueva Canarias como en un espejo mal esmerilado. Vox se limita a expectorar sus estupideces y monsergas ultraderechistas, de las cuales su portavoz estuvo sembrado en este pleno. Nicasio Galván, más infatuado y faltón que nunca, no tolera ninguna descalificación, pero anteayer soltó que los diputados de los demás grupos eran estúpidos, que el Gobierno no se enteraba de nada o que el cambio climático es una tontería, porque en los últimos días había llovido mucho. Por las esquinas parlamentarias y las cafeterías de la calle Teobaldo Power se chismorrea que a Galván -lo llaman Galvancito de La Mancha, por ir de heroico, pero ser chiquito y regodete- le encantaría romper los escasos acuerdos que tiene Vox con gobiernos municipales tinerfeños, pero no puede, porque ni manda ni tiene influencia alguna fuera de su grupo parlamentario. Así que tiene que aguantarse cuando Fernando Clavijo llama fascista a Santiago Abascal y afirma que hará todo lo posible para que los voxistas no desembarquen jamás en el Gobierno autonómico.
El líder del PSOE no es diputado regional. El secretario general del PSOE canario prefirió ser ministro a encabezar la oposición al Ejecutivo de CC y PP. Es una larga tradición de los mandamases socialistas: lo mismo hicieron Jerónimo Saavedra o Juan Fernando López Aguilar, que salió huyendo al Parlamento Europeo después de forzar -con el respaldo de José Luis Rodríguez Zapatero- que sus compañeros canarios lo designasen secretario general. Porque hasta eso ha tenido el PSOE: un secretario general que habitó (brevemente) en Estrasburgo.
Ángel Víctor Torres ni dirige el partido ni gestiona el grupo parlamentario. De lo primero se encarga Nira Fierro -por lo general exponiéndose poco para no desgastarse internamente demasiado- y de lo segundo Sebastián Franquis, que hace mejor lo suyo, pero obviamente no puede ni quiere construir un liderazgo parlamentario que oblitere el liderazgo orgánico de Torres. Para colmo Franquis, como quizás haya quedado claro leyendo a este cronista, es un mal orador o, para ser más precisos, un orador que tiende a lo incomprensible, un orador dadaísta al que no solo no se le entiende. Es desordenado, es irregular, al mismo tiempo elemental y farragoso, usa los datos como pedradas lanzadas con un brazo roto, se obsesiona con sus indigentes ocurrencias, probablemente supone que una metáfora es una marca de colonia para metrosexuales. Luego está el programa, por supuesto. Lo terrible para el PSOE es que no se enfrenta a un Gobierno que se ajuste misericordiosamente a su fantasía sobre la derecha que, además, sabe aprovechar medianamente un buen ciclo económico.
Cuando siguen bajando las cifras de desempleados, cuando la intermediación del presidente del Gobierno con sindicatos y empresarios consigue incrementos salariales en el sector turístico, cuando la financiación de las universidades públicas consigue un techo histórico, cuando por primera vez existe una política coherente hacia los autónomos, cuando se legisla responsablemente sobre el alquiler vacacional, cuando se invierte más que nunca en la sanidad, el grupo socialista se resiente y solo se agarra una y otra vez a la supresión del impuesto de sucesiones para certificar el alma llena de ruindad conservadora de CC y el PP. O tirar como un petardo (lo hizo Franquis ayer) que Canarias no es una región pobre, sino mal gestionada. Canarias es la séptima comunidad española con respecto a su PIB y la octava con respecto a su PIB per cápita en 2024. No es una reunión paupérrima, pero está lejos de ser una región rica. Y por supuesto que existen problemas, torpezas e insuficiencias en la gestión del actual Gobierno y del anterior, pero la estructura de la distribución de la renta está directamente relacionada con el modelo económico basado en los servicios turísticos.
Por último la oposición adolece de una estrategia nítida e inequívoca. La de Nueva Canarias consiste en privilegiar el eje izquierda-derecha sobre el de centro-periferia. Sale algo raro y, sobre todo, sale la trémula convicción de que sin el PSOE jamás se comerán nada en el Gobierno ni, a este paso, en la oposición. Los diputados de NC siguen simulando que no se enfrentan a una crisis existencial, aunque en voz muy bajita pueden admitir que en las elecciones autonómicas de 2025 su objetivo, su dificilísimo objetivo, es conseguir tres diputados para poder disponer de grupo parlamentario propio.
En el PSOE, en cambio, se aprecian, todavía vaporosamente, dos almas distintas, pero no muy distantes. La primera apuesta por seguir una guerra abierta contra Coalición y tierra quemada para el PP, intentando demostrar a la jerarquía sanchista que lo mejor es concederle lo mínimo a los coalicioneros hoy, mañana y siempre. La segunda carece de ninguna empatía hacia CC y Fernando Clavijo, pero cree que se debe mantener una vía expedita de comunicación con el Gobierno y, sobre todo, con su presidente, y no cerrarse al diálogo ni al acuerdo, incluso sobre el llamado decreto Canarias. Son aquellos que susurran que más sabe el diablo por Chano que por diablo.
Solidez férrea
Lo que hicieron ayer las fuerzas parlamentarias que apoyan al Ejecutivo -CC, PP, ASG y AHI- es evidenciar la solidez férrea de la mayoría. Salvo alguna observación extemporánea del señor García todos se mostraron tranquilamente convencidos de la labor del Gobierno. «Hay programa, hay rumbo y sabemos lo que queremos hacer», dijo Barragán.
«Lo que le pido a la oposición», afirmó Casimiro Curbelo mirando a la bancada socialista, «es que superemos diferencias en momentos cruciales, que nos olvidemos de los partidos, porque quienes no han puesto aquí son los ciudadanos, no los partidos». Los socialistas, no se sabe muy bien por qué, se lo tomaron a guachafita. Y Raúl Acosta pronunció otra magnifica intervención, desde lo general hasta lo particular y viceversa, con una alusión final a un rapero: «Tenemos que creer en nuestras islas. Como dice Quevedo, yo no me voy de aquí ni borracho».
Clavijo agradeció a todos, pidió diálogo, apostrofó de la polarización, advirtió que el hartazgo de los jóvenes les lleva no a rechazar uno u otro gobierno, una u otra opción ideológica, sino el propio sistema democrático. Era pura centralidad liberal y socialdemócrata, proactiva y dialogante, política y gestora, empática y cínica, palabrista y lacónica, muy ambiciosa y casi patriarcal: había ganado.
Suscríbete para seguir leyendo
- La visita del papa León XIV a Tenerife el 12 de junio obliga a cerrar la autopista del Norte en horas puntas
- Vecinos retienen y golpean a un menor en Tenerife por robar una caja registradora
- Tenerife convierte al Pijaral en el quinto sendero con una ecotasa para el acceso
- Santa Cruz de Tenerife aprueba de forma inicial el plan que la hará más verde y «bella»
- Otilia, Juana y Ramón, las personas fallecidas en el incendio en Tenerife
- El plan de reforma de la avenida de La Trinidad, en La Laguna, se retrasa por el carácter privado de sus soportales
- La Policía Nacional detiene en Tenerife a un peligroso fugitivo reclamado por Polonia con una pena de 485 años de prisión
- Lo que dicen las matemáticas: un 11% de opciones de que el CD Tenerife ascienda este sábado
