Opinión | Azul y Blanco
María José Hernández García
Solo, confiado y... retratado

Comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante los medios de comunicación durante la XXXVI Cumbre Hispano-Portuguesa. A 6 de marzo de 2026 en Palos de la Frontera, Huelva (Andalucía, España). / Francisco J. Olmo - Europa Press
España era un imperio. A la cabeza de Europa, ingleses y franceses la envidiaban. Eran tiempos de otro Felipe, el II, que verdaderamente gobernaba. Corrían días del siglo XVI.
Los actuales, del XXI, son de otro Felipe, el VI, que no gobierna. Esa labor, por nuestros votos y sus alianzas, la tiene Pedro, que es un rey, de los efectos.
Impactó al mundo, desde la Moncloa, con sus famosas cuatro palabras: «No a la guerra». Sin admitir preguntas, en soledad ante la cámara, cabreaba así al superman Trump.
Las bases militares de Rota y Morón se cerraban para los americanos en la guerra contra el régimen teocrático de Irán. El uso de la fuerza, remarcaba Sánchez, no solucionaría nada, salvo el avivamiento de los peores sentimientos humanos de revancha.
Trump, fosforito sin elegancia en las formas, anunció que éramos terribles, que nos embargaría. Perderíamos miles de millones por la drástica caída de nuestras ventas de vinos, aceite, aceitunas, conservas, maquinaria y cerámica.
Pedro no era confiable. El atuendo le delataba: traje azul marino, camisa blanca, corbata roja. Colores habituales en la vestimenta del presidente norteamericano, son los colores de la bandera de EEUU. Y desde luego, la fragata Cristóbal Colón partió rumbo a Chipre y nuestras bases se utilizaron después por aviones americanos. No fuera que Trump alentara de alguna forma a Marruecos, su aliado a nuestro sur y ya en África… y soportásemos la enésima llegada masiva de indocumentados. En casa daba un discurso. En América se interpretaba que se había tratado de un excurso, que se daba por zanjado.
En encuentro con Trump, el canciller alemán, que apoyaba al americano, dijo que nuestro país entraría en razón. Mientras Europa se rascaba el bolsillo y aumentaba su gasto militar, España se negaba a hacerlo. Tampoco para los países europeos éramos ejemplo de compromiso. Nos etiquetaron como «poco fiables».
España se ha convertido en una isla entre continentes. Las palabras y el carisma de nuestro presidente serían las armas que acabarían con la guerra y nos librarían de todo mal. Pedro I el Sánchez se enfrentó así al todo poderoso americano y tampoco transigió con la Europa sumisa que rendía pleitesía al devorador de comida rápida.
Pedro va a lo suyo. Retratado, se nos muestra desnudo en su particular paraíso, como Adán y Eva. El objetivo es revelado: la dotación masculina apunta a la izquierda.
Ataca, presidente. Con repunte en intención de voto, quizá sea ahora el momento de convocar elecciones. Colocado de nuevo como líder del centro izquierda, podrás dejar a los rufianes y compañía descolgados en su pretendida nueva alianza a tu izquierda, de momento inconclusa.
Ahora bien, hazlo deprisa. La mecha no te va a dar para mucho. Ya sabes que el humo ciega al principio, pero pronto se disipa… Hasta que contemplemos la próxima función. Mientras, sí que tus decisiones están dejando a España hecha un cuadro.
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