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Opinión | Aquí una opinión

Estimada, aunque desconocida, cirujana

La tecnología y la innovación aplicada a la cirugía digital.

La tecnología y la innovación aplicada a la cirugía digital.

Pues sí, completamente de acuerdo con la simpleza de mi operación, esas que ustedes realizan dentro del servicio de «cirugía ambulatoria» y que se llevan a cabo en un «quirófano de día» y cuyos preliminares se reducen a estar en ayunas y no llevar accesorios. A las que acudimos entre relajados y tranquilos, cuando para una intervención mayor, ya hablaríamos de entre el un estoicismo, eso sí, fingido, a la más absoluta resignación.

También doy la razón, en cualquier detalle habitual de los que rodean el asunto: instalaciones cuidadas, personal preparado, normalidad en el largo tiempo de espera seguramente que debido al incremento poblacional y, ¿por qué no decirlo?, al envejecimiento del mismo y cierto nerviosismo notado en unos y sustituido, en otros, por largas zancadas por el pasillo hospitalario, sin perder de vista la puerta de llamada o por el absoluto conocimiento y reconocimiento de cómo es de generosa nuestra sanidad pública y cómo no lo es la de la mayoría de los países. Por no pensar en esta misma operación en el continente africano, lugares tan cercanos y, a la vez, tan lejanos que llevan a cabo médicos con categoría de santos, utilizando los escasos medios que tienen a su alcance, la mayoría provenientes de los saldos que les enviamos más por silenciar la conciencia que por auténtica solidaridad.

En otro orden de cosas pero dentro del tema de mi diálogo con usted, confesarle que estoy absolutamente a favor de todas las reivindicaciones de su gremio aparecidas en prensa las últimas semanas y que ustedes dan a conocer a través de carteles y folletos esparcidos por todas las paredes de los hospitales públicos y en las redes sociales y que presionan con huelgas, intermitentes, a partir de este mes de febrero. Mi sí a un Estatuto Marco Propio y a todas las mejoras laborales que exigen porque tratándose de una profesión tan vocacional, seguro que todo ello es plausible y, al mismo tiempo, revertiría en nosotros, los sufrientes enfermos e, incluso, en aquellos antes llamados hipocondríacos.

Y es que, llegada a esta etapa de mi vida, la admiración que profeso a ciertos imprescindibles oficios hace que mi mayor anhelo sea tener un hermano médico y otro fontanero con quienes, por supuesto, fluir en unas relaciones asertivas de lujo. Se es bastante más feliz con esos dos imprevisibles frentes debidamente cubiertos…

O sea que, como habrá podido comprobar por mis palabras, soy incluso, como paciente, del grupo preferido para su consulta de cierto colega suyo que decía: «me da igual si son inteligentes, yo los quiero obedientes»…

Únicamente siento no haber podido dirigirle esta carta citándola por su nombre porque la entrada al quirófano, ya sabe, se hace acostada en camilla, en posición de visión sólo de frente. O sea, que no pude ver su cara. Sé que era mujer por la voz con que se dirigió a quien creo era su ayudante. Pero eché a faltar un «Hola Mary (nombre que se podía leer en el dossier que me acompañaba), soy la doctora Tal… y allá vamos» o algo así…

Una pena porque nuestra magnífica sanidad pública no merece que la omisión de un saludo sea lo que más se recuerde y porque un fisquito de cercanía afectiva se recibe con el agradecimiento de un medicinal placebo… Aunque, claro, tal grado de perfección debe de encontrarse sólo en el Arte. Y, eso, es de Letras…

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