Opinión | El recorte
Tambores de guerra

Trump asegura que esta era "la última y mejor oportunidad" para atacar Irán
Podrán leer, si son ustedes de los que aún leen, cómo la progresía europea se lamenta dolorosamente por la ausencia del derecho internacional. Una ficción mediante la cual habría sido posible evitar el violento secuestro de Nicolás Maduro, presidente de la dictadura venezolana, en su propio Palacio de Miraflores. O el asesinato, misil mediante, del líder de la teocracia iraní, Jamenei.
El problema es que el derecho no existe si la ley no se impone por la fuerza de la coacción. Tampoco existió cuando el autócrata Vladimir Putin decidió atacar e invadir un país democrático como Ucrania, delante de las barbas de Europa. Cuando Maduro metió en centros de detención y tortura a miles de opositores a su régimen apoyado en los militares. Cuando Jamenei permitió que la Guardia Revolucionaria asesinara a miles de ciudadanos que protestaban por las salvajadas y la falta de libertades del sistema político y religioso de Irán. Nunca existió. Ni antes, cuando nadie dijo nada, ni ahora, que parece que se ha descubierto con estupor que vivimos en una especie de ley de la selva.
Oriente Medio ha sido un polvorín desde poco después de la Segunda Guerra Mundial. La creación del Estado Judío fue contestada por los países árabes con beligerancia y desde entonces hasta hoy todo ha sido pólvora y sangre. Vimos elevarse y caer a personajes como Sadam Hussein, en Irak; Muhamad Gadaffi, en Libia, o ese sangriento médico llamado Bashad Al Asad, en Siria. Un conflicto tras otro. Una guerra tras otra. Y mientras, Rusia, Estados Unidos y China manejaban los hilos a distancia.
Lo que ha ocurrido en Irán no tiene nada que ver –aunque lo favorezca– con el restablecimiento de la democracia y las libertades en ese país. Guarda más relación con el equilibrio de poderes que juegan las grandes potencias en el tablero del mundo, en el que mueven fichas, como en el Risk, aunque sean seres humanos. El presidente norteamericano, Donald Trump, se enfrenta a profundas críticas internas por haber intervenido junto a Israel contra Irán y sus aliados. «América primero», para muchos republicanos, significa ocuparse de los asuntos del país y abandonando el papel de gendarme planetario. Pero es probable que tras la intervención en Irán haya importantes intereses geopolíticos. Por ejemplo, privar a China de un suministro de petróleo estratégico, ahora que Estados Unidos, con el fracking, es autosuficiente. Y eso sin contar con el crudo venezolano.
Aunque todo esto está pasando muy lejos, nos afectará. Si el petróleo sube hasta los cien dólares el barril –o incluso más– subirán los fletes y el costo de las importaciones. La vida, irremediablemente, se encarecerá. Si se cierran las dos trampas perfectas, el estrecho de Bab El Manded –acosado desde hace dos años por los hutíes de Yemen– y el de Ormuz, se estrangulará más del 20% de las exportaciones de crudo y gas natural del mundo. Y lo que es peor, el terrorismo yihadista, con un sangriento pasado en Irán, podría reactivar sus operaciones en los países infieles, entre los que están los europeos, porque el terror es la única batalla que pueden librar. Suenan tambores de guerra por todo el mundo. Y la casa sin barrer.
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