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Opinión | Generación I

José Zoilo

8 de marzo: escritoras de novela histórica

Hay escritoras que han sabido abrirse paso en un género tradicionalmente masculino

Colleen McCullouhg.

Colleen McCullouhg. / National Portrait Gallery

Una vez más, se acerca el 8 de marzo, fecha en la que conmemoramos la lucha de la mujer por participar en la sociedad de manera igualitaria, en lo que conocemos como Día Internacional de la Mujer. Y, aprovechando esta onomástica, hoy me gustaría aprovechar estas líneas para hablar de dos ESCRITORAS (con mayúsculas, sí) que se abrieron paso en un género tradicionalmente masculino como el de la novela histórica, y más en una época tan temprana como en la que ellas se atrevieron a escribir sus obras.

Y estoy hablando de dos grandes del género, dos referentes para muchos de los que hoy en día escribimos, como fueron las ya tristemente fallecidas Rosemary Sutcliff (por la que me convertí en un enamorado de la novela histórica) y Colleen McCullouhg. La primera de ellas, británica nacida en 1920, se erigió desde un primer momento y por mérito propio en una de las grandes voces narrativas sobre la historia de la provincia romana de Britannia; y la segunda, nacida en Nueva Gales del Sur (Australia), consiguió dar vida a la República romana como nadie lo ha conseguido hasta la fecha (y ya es difícil en un período tan fascinante como recurrente), en la fabulosa saga titulada Señores de Roma.

Dos mujeres valientes, sin estudios académicos relacionados con la historia o la arqueología (la primera, Bellas Artes, la segunda, Medicina), que fueron auténticas pioneras capaces de adentrarse en un género que, hasta entonces, dominaban casi por completo sus compañeros escritores, y que lo hicieron de una manera en la que convirtieron su literatura en lo que a mí me gusta denominar como literatura heroica. ¿Y por qué este término? Porque la excelencia de la novela histórica no se basa únicamente en trabajar con una ficción cuidada y capaz de enganchar al lector, sino también en ser capaces de conjugarla con un trabajo de investigación sólido, infinitamente más difícil de conseguir en su caso que en el de los que escribimos hoy en día, pues nosotros tenemos la fortuna de contar con multitud de líneas aéreas que nos conectan con cualquier lugar del mundo que queramos explorar, disponemos también de infinidad fondos bibliográficos en los que bucear vía internet, así como también contamos con recorridos y recreaciones virtuales de la época que tengamos a bien elegir. Ellas, en cambio, de nada de eso disponían cuando se sentaron frente a sus vetustas (y carísimas) máquinas de escribir y decidieron regalarnos unas historias tan maravillosas como imperecederas.

Feliz día de la mujer.

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