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Opinión | Politicón

No se trata de vivir, se trata de cómo vivimos

Diputados socialistas y de los grupos del Gobierno en una de las votaciones a mano alzada efectuadas en el Parlamento.

Diputados socialistas y de los grupos del Gobierno en una de las votaciones a mano alzada efectuadas en el Parlamento. / Álex Rosa

Me gusta decir que no es el objetivo, es cómo elegimos llegar a él. La compañía que nos ofrece el soporte necesario, y la forma en la que la cuidamos, es parte del secreto. Somos eso que hacemos con los demás y, a la vez, somos lo que nos decimos, y la manera en la que nos tratamos. Cuidarnos es el primer principio que nos hace cuidar a otras personas, tanto a nivel personal, profesional o de cargo público.

Un político que se ama es capaz de amar. Amarse es no necesitar fingir lo que uno no es; amarse es no tener el deseo de explotar nuestro valor; amarse es mantener buenas conversaciones internas para disciplinar esas ansias, que puntualmente afloran en nosotros, para querer brillar a costa de perder valores de marca personal. Amarse es necesitarse mucho, pero no necesitar o depender de otras personas para lograr el propio bienestar; amarse es gustarse de forma saludable, para así no tener necesidad de fingir, o de superponer valores no reales que apaguen o sacien nuestros complejos. Amarse es saber que no tenemos las respuestas adecuadas para todo, y que no pasa nada por ello. Así, entenderemos que los demás tampoco las tienen; reaccionando con comprensión y compasión cuando eso nos ocurra.

No somos perfectos, ni perfectas… Somos gente normal en un mundo normal, donde pasan cosas normales.

«Pongo mi cargo a disposición» era una frase preciosa. Básicamente, representaba la humildad, la libertad personal y orgánica, el sentimiento real de que nada te pertenece y, lógicamente, mucho menos un cargo público.

El ejercicio del liderazgo es un regalo que te prestan por un tiempo, que tenemos que disfrutar y mantenerlo con todo nuestro amor y nuestras habilidades, porque no nos pertenece. Hoy en día, se ha materializado el sentimiento de liderar y de gobernar. Gobernar es una cuestión de confianza, no de derecho. Nos está gustando mezclar emoción con razón, y estamos perdiendo la esencia. Tenemos una subclase de cargos públicos que han motivado una amplia pérdida de confianza sobre las instituciones, motivando que la salida más honesta sea dejar sus cargos actuales, ya que la perdida de confianza generada también es personal.

Querer permanecer a toda costa es la demostración de que te sirves a ti mismo y, lógicamente, te alejas del servicio público. Lo correcto o lo no correcto está medido por los valores que cada uno tiene y expresa, por ello la valoración de las acciones está en el terreno emocional más que en el racional. Así, votar se convierte en una acción totalmente condicionada por factores emocionales.

Los partidos políticos tienen que desarrollar nuevos sistemas de valoración para establecer sus candidaturas. En el ejercicio del poder están aterrizando candidaturas públicas que no cumplirían los requisitos esenciales del deseable ejercicio del poder. Antiguamente también ocurría y, a la vez, éramos mucho más profesionales; desarrollábamos una estrategia diseñada con capacidad para adecuar los puestos y candidaturas por escalas diferenciadas. Existía la primera línea -esa que llamaban de salida-, la intermedia, y la base. Un ministro, un director general de un gobierno, un consejero de un Cabildo, no tienen solo que parecerlo, deben serlo. Más que nada, porque el ejercicio de la política es precioso, por su nivel de responsabilidad, su dimensión personal y profesional… Es el mismo análisis que debemos hacer con la configuración de los alcaldes y sus traslados a puestos gubernamentales o parlamentarios. No es lo mismo un alcalde de una ciudad que de otra, existen muchos factores para filtrar sus conocimientos y requisitos; población, lugar geográfico, contexto, hitos de gestión… No vale haber sido alcalde exclusivamente.

La visión de una persona es su mayor poder y un predictor de éxito. Esa visión se construye por la formación o conocimiento, habilidad y experiencia vital. Las listas son herramientas, ¡cuidémoslas! Hemos olvidado un principio top, el principio del requisito técnico imprescindible para estar. Soy policía y puedo ser consejero de sanidad, soy médico y puedo ser director general de hacienda, soy psicólogo y dirijo emergencias…, ¿eso es lo adecuado?

En selección de directivos hay muchísimo escrito sobre esto, ¿lo estamos aplicando?...

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