Opinión | Retiro lo escrito
Frenar a Vox

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en Tordesillas (Valladolid) / EUROPA PRESS
A Vox no lo pueden cerrar en seco las izquierdas a la izquierda del PSOE. Lo que puede minimizarlos (siempre habrá entre un 5% y un 10% de voto ultraderechista) es la combinación de una postura de rechazo crítico entre las principales fuerzas del ecosistema de partidos y una revisión inteligente de las agendas públicas del centroderecha y el centroizquierda. Las izquierditas valientes no atacan los motivos reales del crecimiento de Vox e insisten en gorjear sus virtuosas convicciones ideológicas, como si la ruptura del ascensor social, el malestar cultural por la inmigración en algunas ciudades y comunidades, la pujanza de una desesperanzada pobreza compatible con estar empleado, la inseguridad callejera o el fenómeno de la okupación en distintas modalidades e intensidades no fueran problemas reales o se pudieran arreglar una mañana en el Boletín Oficial del Estado o en una tertulia de televisión. Una de las cosas que ocurren cuando no desarrollas políticas sociales y las sustituyes con programas o subsidios asistenciales es que la clase media y media baja -que lo sigue siendo a menudo casi de milagro- se irrita mucho. Me gustaría que el lector se sincerase y reconociera que no le son desconocidos casos de personas que reciben el ingreso mínimo tal y lo complementan con cancamitos o incluso que suman al IMV (733 euros mensuales) el subsidio para mayores de 55 años (480 euros) bajo ciertas condiciones. Por cierto: esta última ayuda puede cobrarse hasta la jubilación ininterrumpidamente y cotiza para la pensión el 125% de la base mínima del Régimen General. En España varios cientos de miles de personas disponen de unos 1.200 euros mensuales sin que el Estado les exija, como contrapartida, absolutamente nada. A una madre o un padre de familia que se derrengue trabajando para sostener a dos o tres hijos a cambio de un salario mínimo de muy similar cuantía la situación se le puede antojar una afrenta. Y tal vez lo sea.
Son los grandes partidos los que pueden frenar a Vox, no los pequeños. Los grandes partidos en cada territorio; en Canarias, por ejemplo, PSOE, Coalición Canaria y PP. Por supuesto debe sustentarte en un acuerdo básico: la renuncia expresa a completar mayorías con Vox. Pero lo más importante es una confluencia programática sobre todos los aspectos mencionados. En el último pleno del Cabildo de Tenerife una consejera socialista pidió a la mayoría que apoya al gobierno insular que «pongan el pie» para frenar a la ultraderecha. Era claro que para la consejera «poner el pie» consistía (al menos implícitamente) en que los demás grupos adoptasen el análisis y el programa del PSOE. Esa no puede ser la fórmula más rentable. La única estrategia correcta pasa por que todos asuman la necesidad de un conjunto de correcciones programáticas que desactiven el populismo autoritario de Vox, que, mucho más inteligentemente, gira su discurso hacia las dificultades económicas cotidianas de los ciudadanos y la asfixia que vive el actual modelo del Estado de Bienestar. A Vox lo alimenta la ineficacia de los servicios públicos, la combinación entre salarios bajos e inflación, las demandas no atendidas de ordenar los flujos migratorios y planificar las inversiones y gastos que demandará, la degradación de la educación pública, los excesos burocráticos, la inseguridad real, el exceso de politiquería mezquina e insultante, el doctrinarismo obsesivo y a veces moralizante de demasiadas intervenciones desde las administraciones públicas. Si no se diagnostican y corrigen estos factores, si la derecha moderada practica el camaleonismo y solo atiende a las sumas aritméticas para gobernar y la izquierda reformista no está dispuesta a revisar algunas de sus políticas y programas, si la corrupción solo sirve para ataques mutuos y no se detecta como una lacra, en seis, siete u ocho años Vox puede ganar unas elecciones en España y antes, quizás, condicionar a mayorías de gobierno en Canarias.
La «alerta antifascista», ese simpático invento de Pablo Iglesias, es una ocurrencia propagandística que no les toca un pelo a los voxistas. No hay que desenmascarar a Vox solamente, sino entender las razones y sinrazones de sus votantes.
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